Víctor Eduardo Mendoza Cevallos llegó a Barcelona SC como el sexto arquero del plantel. Nadie apostaba por él. Lo que vino después fue una carrera de casi dos décadas, seis títulos nacionales y un apodo que lo definió para siempre: ‘Espartaco’.

El guardameta nacido en Rocafuerte, Manabí, falleció este 6 de junio y deja un legado que el fútbol ecuatoriano tardará mucho en olvidar.

De las calles de Rocafuerte al arco del Ídolo

Víctor Mendoza nació el 24 de agosto de 1961 en Rocafuerte, cantón de la provincia de Manabí. Sus primeros pasos en el fútbol no fueron en ningún estadio: fueron en las calles de su pueblo, jugando índor.

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A los 17 años se incorporó al club Manchester de Portoviejo. Su talento fue descubierto en un partido del fútbol amateur, lo que le abrió las puertas de las divisiones juveniles de Liga de Portoviejo. Con el tiempo se consolidó en el primer equipo de la ‘Capira’ y luego pasó por Audaz Octubrino y Sociedad Deportiva Aucas.

Su llegada a Barcelona SC fue por un canje: Liga de Portoviejo tenía una deuda con el club guayaquileño y Mendoza fue parte del acuerdo. Entró como el último de la lista de arqueros y salió como uno de los más recordados de la historia del club por su entrega y valentía.

Víctor Mendoza, sonriente y feliz por el presente de su hijo.

¿Por qué le decían ‘Espartaco’?

El apodo nació en las canchas y no necesitó explicación. Mendoza jugaba como peleaba el gladiador romano: sin miedo, sin cálculo, lanzándose al suelo y al cuerpo del rival con la misma determinación.

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Su estilo aguerrido y su carácter combativo bajo los tres palos llevaron a hinchas y periodistas a bautizarlo como ‘Espartaco’.

En su pueblo natal, Rocafuerte, también lo conocían como ‘Charada’. Pero fue ‘Espartaco’ el nombre que cruzó fronteras y que el fútbol ecuatoriano no va a borrar.

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Seis títulos y una época dorada

La carrera de Mendoza en Barcelona SC se extendió a lo largo de los años 80 y 90. En ese periodo, el club vivió una de sus épocas más gloriosas y él fue parte esencial de esa historia.

AñoTítulo
1985Campeón nacional con Barcelona SC
1987Campeón nacional con Barcelona SC
1989Campeón nacional con Barcelona SC
1991Campeón nacional con Barcelona SC
1995Campeón nacional con Barcelona SC
1997Campeón nacional con Barcelona SC

Su mejor año fue 1991. Ese campeonato lo ganó con él como figura. Era el arquero que la afición torera reconocía desde la tribuna: el que se tiraba, el que gritaba, el que no dejaba pasar nada sin pelear.

La Selección de Ecuador también lo convocó

Mendoza no solo fue ídolo de club. También defendió el arco de la Tricolor. Jugó cuatro partidos con la selección ecuatoriana entre 1989 y 1993. Fue parte del plantel de Ecuador que participó en la Copa América de 1989.

La lesión que lo sacó de la cancha para siempre

En 1998, durante un partido entre Barcelona SC y El Nacional en el estadio Olímpico Atahualpa de Quito, un pelotazo en la cabeza lo dejó inconsciente. Al reincorporarse a los entrenamientos, en el primer balón que intentó atajar, sintió un dolor agudo que le paralizó las piernas, relató el propio Mendoza a EL UNIVERSO.

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La lesión afectó su columna vertebral. Estuvo 18 meses en silla de ruedas. Se retiró definitivamente en 1999, de acuerdo con el portal especializado Transfermarkt. Fue el mismo hombre que no le temía a nada en la cancha el que tuvo que aprender a caminar de nuevo.

Mendoza confesó que ese periodo fue el más oscuro de su vida y que llegó incluso a pensar en quitarse la vida.

La vida después del fútbol

Tras su retiro, Mendoza intentó reinventarse. Se dedicó a los negocios en Crucita, una localidad costera de Manabí. También incursionó en la política: postuló a la Alcaldía de Rocafuerte, aunque no alcanzó los votos suficientes.

Su hijo, Víctor Eduardo Mendoza, siguió sus pasos y también jugó como portero en Barcelona SC. La relación entre ambos fue distante durante años, aunque el apellido siguió resonando bajo el mismo arco.

Sus últimos años: la batalla más dura

Desde enero de 2025, la salud de Mendoza se deterioró de forma acelerada. La hipertensión derivó en insuficiencia renal, y los riñones fallaron. Tuvo que someterse a diálisis tres veces por semana. A eso se sumaron complicaciones cardíacas, pulmonares y, en sus últimas semanas, un aparente diagnóstico de tuberculosis.

Vivía en una casa de cinco por seis metros en Rocafuerte, con un tanque de oxígeno como compañero permanente y sin recursos para sus medicamentos. En sus últimas semanas recibió apoyo del Municipio de Portoviejo, de la Liga Pro y de cientos de hinchas que no lo olvidaron.

Su hija Jennifer lo acompañó hasta el final. La exgloria de Barcelona SC murió la mañana de este 6 de junio en el Hospital de Especialidades de Portoviejo.

Barcelona SC lo despidió con una nota de pesar en sus redes sociales. (D)