Ulises de la Cruz, histórico exfutbolista de la selección de Ecuador, es recordado como uno de los mejores laterales derechos en la historia del país y con destacadas participaciones en la Premier League. Defendió la camiseta tricolor en el Mundial de Corea-Japón de 2002, donde jugó 3 partidos, y en Alemania 2006, en el que participó de los cuatro juegos del certamen.
Se retiró del fútbol profesional en 2010, tras una extensa trayectoria internacional (Cruzeiro, Hiberian, Aston Villa, Reading y Birmingham), dando paso a una nueva etapa en su vida en la que se ha enfocado en proyectos personales, familiares y sociales.
En la actualidad, De la Cruz combina su vida familiar con el trabajo en la ganadería en Calacalí, cerca de la Mitad del Mundo en Quito, Pichincha.
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Es padre de familia junto con su esposa y tiene tres hijos, uno de ellos Ulises de la Cruz, quien actualmente milita en Liga de Quito, una hija y un hijo menor. Además, sigue vinculado a su pasión como comentarista en El Canal del Fútbol y también participa en ligas barriales.
Asimismo, lidera la fundación Fundecruz, enfocada en el desarrollo social de niños y jóvenes en comunidades vulnerables del valle del Chota.
Ulises explica que el origen de su proyecto social “nace de una idea de la infancia, de niño, de que cuando uno sale de su pueblo tiene que dejar la infancia, dejar una vida ancestral, una vida cultural para vincularse a una vida de la ciudad, donde la ciudad es una adaptación distinta. De la ciudad tienen que irse a otras ciudades y países.”
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El punto de partida de su fundación también surge por la realidad de su infancia en un pueblo vulnerable que quedó atrás:
“Uno recuerda con nostalgia la infancia. La infancia es como el inicio de una vida y los amigos que se quedaron en la infancia, ese pueblo que se quedó abandonado de la tierra, de la necesidad, de la marginación, a que uno llegue a los mejores aeropuertos y a las mejores ciudades”, recuerda Ulises.
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Al llegar a ciudades como Nueva York, París o Londres, De la Cruz reflexiona sobre qué habría sido de su vida si el fútbol no le hubiera dado esas oportunidades y aprendizajes. Probablemente, podría haber sido uno de esos niños que no lograron salir de su contexto.
Por eso, al mirar hacia atrás, Ulises siente que existe un compromiso social, ya que aunque muchos tienen talento, no todos cuentan con las mismas oportunidades en la vida. Desde esa mirada, considera importante volver a sus orígenes y aportar para que otras personas puedan encontrar su felicidad, tal como él encontró la suya.
Desde esa visión de compromiso con su comunidad, el exseleccionado mundialista detalla que el enfoque concreto de su fundación está “en la salud, la educación, en los servicios básicos, de las necesidades. Me gusta que el niño también se desafíe y que así no sea deportivo, encuentre triunfar en la vida para que no se frustre. Hay que aportar para que muchos niños se encuentren, sean profesionales y salgan adelante”, explicó.
En la actualidad, Fundecruz trabaja en el Valle del Chota, en la provincia de Imbabura, donde apoya a 11 comunidades, cada una con aproximadamente 3.000 habitantes.
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El objetivo principal en Piquiucho, su pueblo natal ubicado cerca del Juncal y otras comunidades cercanas, es brindar oportunidades para que los niños puedan desarrollarse y, en el futuro, convertirse en profesionales o elegir libremente su camino, en cualquier carrera que decidan.
"Queremos aportar para que la violencia no nos venza en este territorio, sino quieren ser alguien, vivan en paz y que la memoria de los que hemos triunfado, podamos dejarles un legado para que busquen ejemplos y puedan superarse", finalizó Ulises de la Cruz, explicando cómo afrontar la violencia que enfrentan niños y jóvenes en el país. (D)





