En Inglaterra no se lo explican: ¿cómo un buen jugador —no un supertalento— como Moisés Caicedo cuesta 144,6 millones de dólares…? (esa es la cifra oficial que consigna el Chelsea). El pase más caro de la historia de Inglaterra es por un volante defensivo. Un robador de balones que en la temporada 2022-2023, la única que jugó completa en el Brighton, marcó 1 gol y dio 1 asistencia en 43 salidas al campo. Un futbolista que no se especializa en la creación, no ofrece cabezazo para el juego aéreo, no se destaca por su remate —por eso no le encargan las pelotas quietas—; tampoco es un gambeteador que quiebre líneas y genere desequilibrio. Que además nunca fue campeón. Sí aporta buen manejo y distribución en la primera línea del medio campo. Tampoco nadie entiende que el Arsenal haya pagado 127 millones por Declan Rice, un correcto mediocampista de corte, con menos manejo que Caicedo aunque con mayor liderazgo y recorrido, más vertical, y que registra 5 goles y 3 asistencias en su reciente curso en el West Ham United.

No es menos sorprendente que el mismo Arsenal pague 81,52 millones por Kai Havertz, un témpano de hielo; con buena técnica, esto sí. El fútbol está inflacionado, desorbitado, pero, aun así, son valores completamente incomprensibles. Mismo los 131,52 millones que el Chelsea pagó por Enzo Fernández parecen desmesurados, aunque valga decir que Enzo es un artista con la pelota y ha sido campeón del mundo (y figura) con Argentina, además de ganar otros cinco títulos importantes con Defensa y Justicia, River y Benfica. Incluso llegó a reunir 10 goles y 6 asistencias en solo 28 partidos en la liga 2021 con River. Todo con 22 años.

Ya había parecido una locura que el año pasado Manchester United pagara 77 millones de dólares por Casemiro, mediocampista de recuperación de 30 años. Pero Casemiro es Casemiro, un líder, multicampeón, pieza clave del Madrid ganador de Champions. Y un volante que se anota seguido en el gol.

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La Premier League es la liga más rica del mundo, OK; pero, atención, no es solo la Premier. El Paris Saint-Germain pagó 65,22 millones de dólares por Manuel Ugarte, un casi desconocido centromedio de corte, uruguayo, que en 85 juegos con el Sporting de Lisboa marcó un gol. Podríamos citar muchos casos similares en los que no se encuentra relación alguna entre el rendimiento y el precio de venta.

¿Cuánto vale Vinícius, entonces…? Una máquina de encarar y desequilibrar, de hacer y preparar goles, que pone de rodillas al Bernabéu, que brilla en Champions y destaca en Brasil. ¿Quinientos millones…? ¿Más…? ¿Cuánto debería pedir el Liverpool por Luis Díaz, un punta veloz, gambeteador, goleador, asistidor…? ¿Cuál sería el precio de Haaland, que en su primera temporada en el Manchester City, con 22 años, firma 52 goles, 9 asistencias y gana el máximo triplete posible para un club inglés: liga, copa y Champions…? ¿Mil millones estarían bien por Haaland…? ¿O es poco…? Estos son los que ganan los partidos y los campeonatos.

¿Por qué las cifras astronómicas en las transferencias…? La primera explicación es que hay demasiado dinero en el fútbol. A manera de ejemplos: en la semifinal de Champions ante el Milan, el Inter, haciendo de local en el Giusseppe Meazza, recaudó 12 millones de euros solo de taquilla. Apple le pagó a la MLS, una liga joven, aunque muy prometedora, 2.500 millones de dólares por diez años a cambio de los derechos de TV exclusivos, más un porcentaje interesante por cada abonado. El último contrato de Adidas con el Real Madrid por su camiseta bordea los 1.600 millones de euros por diez temporadas. Las tiendas de los clubes, sus museos, las entradas vips, los derechos de televisación, los premios por intervenir en los torneos y cantidades de ingresos extras se han disparado a niveles impensados hasta hace diez años. El magnate ruso Roman Abramovich compró el Chelsea en 2003 por 178 millones de dólares y lo vendió (obligado por el Gobierno británico) en 2022 en 5.312 millones, exactamente treinta veces más.

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Adicionalmente, el fútbol está siendo abordado por cantidades de hipermillonarios, empresarios, jeques que buscan visibilidad a través de la poderosísima repercusión que garantiza este deporte. Incluso Gobiernos —como los Arabia Saudita, Qatar o China— invierten en la número cinco como plataforma de lanzamiento para fines geopolíticos. Hay lo que no hubo nunca.

Esto deriva en el punto clave: la demanda supera largamente la oferta. Hay muchos compradores y pocos cracs. Por eso, cualquier buen elemento, apenas eso, cotiza por encima de los cien millones. La Premier League desborda dinero por sus cuatro costados y los clubes salen a gastar con entusiasmo; sin embargo, lo que diferencia este momento de décadas anteriores es que no fichan solo los cuatro o cinco clubes grandes: todos salen y llenan el carrito. El Newcastle, nuevo rico, lleva erogados 131,52 millones solo en tres refuerzos, sin contar la tonelada que desembolsó en el libro de pases anterior. Aparte de Arsenal y Chelsea, también fichan fuerte los dos Manchester, el Liverpool, Tottenham, Arsenal, Aston Villa (se quedó con Pau Torres, del Villarreal, por 35,87 millones y cerró al prometedor Nicolò Zaniolo). También el West Ham se anota con pases de ese rango.

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Hay transferencias millonarias en España (el Madrid se comprometió con 131 millones por Bellingham), Italia, Alemania (el Bayern llevó a Harry Kane en 108,69), Francia, Turquía, Portugal… Qatar es otro mercado rico que sigue inquieto y quiere figuras para su torneo doméstico. El Al Sadd, que ya había firmado a Mateus Uribe, pagó 13 millones de dólares por Gonzalo Plata. Y el deshilachado Coutinho está a punto de salir del Aston Villa para recalar en el país que organizó el último mundial.

Y dos mercados emergentes de gran poder económico. La relativamente nueva MLS norteamericana, que ya no es un destino para veteranos como hace cincuenta años, contrata jóvenes en valores que oscilan entre 7 y 15 millones de dólares y ya ha desplazado a la liga mexicana como principal destino de latinoamericanos. La Major League se ha llevado al número uno del mundo, Messi, y con él a Busquets y Jordi Alba. El terremoto que ha causado Messi seguro envalentonará a los clubes a seguir apostando por estrellas.

Y, por supuesto, el flamante y ultramillonario destino asiático: Arabia Saudita. En enero ataron a Cristiano Ronaldo como punta de lanza, y entre junio y lo que va de agosto pescaron 29 jugadores más en Europa. Un verdadero vaciamiento: Neymar, Benzema, Kanté, Mahrez, Kessié, Firmino, Mané, Bono, Henderson, Milinkovic-Savic, Brozovic, Koulibaly, Malcom, Rubén Neves, por supuesto Cristiano, son nombres que aún hacen ruido y ofrecerían rendimiento y cartel en los torneos europeos.

¿El fútbol se ha vuelto loco…? Quién sabe. Hay mucho negocio raro, comisiones obscenas que se reparten entre representantes y directores deportivos; pero, por sobre todo, demasiado dinero, y no se produce la cantidad de talentos que harían falta. (O)

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