A lo largo de su historia, la selección de Ecuador ha forjado parte de su identidad a través de apodos que marcaron a sus figuras, nacidos de su estilo de juego, personalidad o anécdotas fuera de la cancha.
Entre los más emblemáticos aparecen Agustín Delgado, conocido como el Tin, apodo que lo acompañó desde su niñez, y Álex Aguinaga, llamado el Güero por su tez clara. A ellos se suman Iván Hurtado, Bam Bam, por su fortaleza en defensa, y Carlos Tenorio, el Demoledor, por su potencia en ataque.
En el arco destaca José Francisco Cevallos, apodado las Manos del Ecuador por sus actuaciones decisivas, mientras que en defensa y medio campo figuran Ulises de la Cruz, el Conejo, por su velocidad; José Luis Perlaza, Zancudo, por su contextura delgada y extremidades largas; y Geovanny Caicedo, la Cuchara, por una anécdota vinculada a su apetito.
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De generaciones posteriores resaltan Antonio Valencia, Toño, como abreviación de su nombre; Enner Valencia, Superman, por sus actuaciones decisivas; y Christian Benítez, Chucho, un apodo de origen familiar. También aparecen Joffre Guerrón, Dinamita, por su explosividad; y Juan Carlos Paredes, Hormiga, por su baja estatura y gran movilidad.
También pasó por la Tri Christian Lara, Diablito, apodo surgido de una narración deportiva, aunque hoy vuelve a ser noticia tras su reciente detención por un presunto intento de robo; Isaac Mina, la Vecinita, por una anécdota personal; Esteban Dreer, el Rifle, por sus reflejos bajo el arco; y Michael Jackson Quiñónez, el Rey del Pop, por su nombre.
En la actualidad, la tradición continúa con Moisés Caicedo, Niño Moi, por su juventud; Pervis Estupiñán, la Bala, por su velocidad; y Kendry Páez, la Joya, por su talento precoz. (D)




