Primero, por si alguien no estaba avisado: no existen más los partidos amistosos entre selecciones. Eso era antes. Ahora compiten a muerte porque el técnico se juega el puesto y los jugadores la convocatoria. Un buen ejemplo es el duelo Estados Unidos 1 - Colombia 5. Efectivamente, jugó bien el equipo de Néstor Lorenzo, hizo méritos, pero lo de Estados Unidos fue tan espantoso, tan increíblemente amateur que, a dos semanas del inicio de la Copa América, lo recomendable sería revisar el desempeño del DT Gregg Berhalter y, quizás, llamar a alguien más capacitado. Aún con la Copa encima. Al menos eso piensan los aficionados norteamericanos, que echan fuego, hasta cárcel pidieron para Berhalter en las redes. Un comentario en X: “¿Realmente van a permitir que Gregg Berhalter maneje una Copa del Mundo en casa con el plantel más talentoso de la selección hasta la fecha?”. Otra, Nancella, una fan, escribió: “La US Soccer está más preocupada por vestir a ambos equipos nacionales con uniformes del orgullo gay que por seleccionar al mejor entrenador para el equipo”. Si Berhalter no es cesado, al menos el proceso previo ha quedado desestabilizado, en crisis con ese 5 a 1.

Eso puede generar un “amistoso”. Por tanto, ya no revisten ese carácter. Mejor llamarlos preparatorios. Y el de Ecuador y Argentina tuvo muy poco de amistoso. Que finalizara el juego con solo tres amarillas es una broma del comprensivo y dialoguista juez canadiense Drew Fischer. A los dos les sirvió el ensayo. A Argentina porque, ad portas de la Copa, necesitaba un rival fuerte, duro, combativo. Existen dos tendencias entre los técnicos: los que prefieren juegos preliminares blandos y los que eligen rivales empinados. Lionel Scaloni gusta de los primeros: Indonesia, Curazao, Guatemala, El Salvador… Pero a días de la competencia oficial se requería algo más consistente, para calibrar bien el rendimiento, por eso aceptó a Ecuador, cuyo biotipo físico es muy ponderado en todo el continente.

Y a Ecuador le vino ideal para saber también qué debe ajustar, qué mejorar, dónde está parado. Sánchez Bas no puede pedir una prueba más exigente que ante el campeón del mundo. El resultado no es lo más importante, aunque el triunfo argentino no admite discusión, incluso pudo ser más amplio. Además del gol, creó otras cinco acciones de peligro: un tiro libre de Di María al travesaño, un cabezazo de Lautaro Martínez desde muy cerca que contuvo Galíndez, una media vuelta del mismo Lautaro que motivó una volada notable del arquero nacionalizado y, cerca del final, dos llegadas de Nico González por izquierda mal definidas, cuando Messi entraba cómodo para definir.

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La estadística habla de 65 % de posesión de Argentina, pareció más. Se vio su ya conocida circulación virtuosa de balón y la permanente búsqueda del hueco por donde penetrar. Una vez más Dibu Martínez mantuvo su arco en cero (acumula 27 arcos invictos). El gol albiceleste fue muy bonito por elaboración colectiva: corte de Cuti Romero, pase a Di María, devolución a De Paul, cortada en profundidad a Romero, enganche desairando a Hincapié y bola profunda para Di María que entrando por derecha definió abajo. Valga decir que Argentina no presentó a todos sus titulares: Messi, Otamendi, Mac Allister, Tagliafico y Enzo Fernández fueron al banco. Garnacho, otro que quizás arranque de entrada en la Copa, también fue suplente. Pese a ello, mantuvo su idea de juego, la que lo llevó a la cima: presión alta, pelota al piso, mucho toque y pertinaz búsqueda ofensiva con alta condición técnica.

Tiene un problema el actual campeón de América: sus dos delanteros titulares están peleados con el gol. Lautaro Martínez anotó solo uno en los últimos 22 partidos, y Julián Álvarez ninguno en los últimos catorce. Los salvan los volantes o defensores. No obstante, la tropa de Scaloni sigue siendo una fuerza importante y llega bien a la Copa América, en situación de hacer un buen torneo.

Ecuador es más lo que promete que lo que cumple. Hace tiempo goza del rótulo de selección poderosa, pero no lo demuestra. Antes, con el conservador Gustavo Alfaro, ahora con el timorato Félix Sánchez. No registró ningún remate al arco en los 96 minutos que duró el juego. La primera bola que tocó Dibu Martínez fue al minuto 64, un centro de Alan Franco que no iba al arco sino paralelo a él. Ni se acercó a la portería rival. Eso era muy difícil desde el momento en que el técnico puso tres mediocampistas de marca (Joao Ortiz, Moisés Caicedo y Alan Franco). O sea, ocho en función defensiva contando al arquero. Demasiado. Delante de ellos un volante con cierto ida y vuelta, al que venden como delantero pero que en realidad arranca de atrás (Alan Minda). Y más adelante Kendry Páez y Jeremy Sarmiento, este último, de 9. Sarmiento no es 9, se lo deglutieron, y Kendry Páez, a sus 17 años, es muy chico para asumir la responsabilidad de conducir al cuadro frente a un rival como este. O sea, Ecuador empezó perdiendo desde la alineación.

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Y, lo peor, casi nunca tuvo la pelota, no pudo contra la presión adversaria. Incluso pareció más preocupado por hacer sentir el rigor del biotipo que por jugar al fútbol, que es finalmente lo que da dividendos. Este deporte tiene dos facetas, defender y atacar; la Tri solo muestra la primera. Puede que gran parte de la culpa la tenga Sánchez Bas, pero no toda. Y aunque el país pedía una sanción ejemplar para Plata y Arboleda, a Plata lo va a sentir, le daba una cuota de ingenio y desequilibrio. No es fácil enfrentar a Argentina, que ha perdido apenas dos partidos en sus últimas 56 presentaciones. Igualmente, Sánchez no parece un hombre muy osado en sus planteamientos.

Es frecuente encontrarse en X (antes Twitter) expresiones como “generación dorada” o “camada excepcional”. Es de oro en defensa, en la que cuatro de sus integrantes son excepcionales, como Pacho, Félix Torres, Hincapié y Estupiñán, otro al que se extrañará por su capacidad para empujar desde atrás a la ofensiva y mandar centros envenenados. Pero desde el medio hacia adelante es una generación bronceada. No hay un volante que rompa líneas y genere situaciones de gol, no hay dos que se junten a tocar y desnivelen. Y faltan delanteros. Nos parece poco atinado dejar fuera a Michael Estrada, atacante de envergadura, que en su momento demostró ser de selección y que ha marcado goles.

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Escuchamos voces que ya lo ubican como tercero del continente a Ecuador, pero presentó cinco equipos en Libertadores y todos fueron eliminados en fase de grupos o incluso antes. Eso, en clubes. En selección, los jugadores expresan: “Vamos a ganar la Copa América”, otros hablan de que “hay ilusión”, unos más declaran que “lo mínimo es llegar a semifinal” y los periodistas que leemos o escuchamos sostienen que “es obligatorio salir primeros de grupo”. Esto tiene su parte buena: la autoestima está alta. No obstante, tal vez se haya puesto la vara muy arriba. No hay que olvidar que en la Copa también juegan Argentina, Brasil, Uruguay, Colombia, selecciones hoy superiores, y otras muy considerables como Chile, México, Paraguay, el mismo Estados Unidos, Canadá, que viene de empatarle a Francia en Burdeos.

Le ha tocado en la Copa posiblemente el grupo más amable a Ecuador, con México, Venezuela y Jamaica. Da para tenerse fe. Pero hay que saber distinguir entre optimismo y triunfalismo. (O)