Hombre de sólida formación académica, Vittorio Pozzo estudió idiomas, emigró joven, jugó al fútbol en Francia, Suiza e Inglaterra para luego volver a Italia, contribuir a la fundación del FC Torino y dedicarse a la dirección técnica. A su vasta cultura unía una fuerte pasión por el fútbol, robustecida en su paso por las canchas inglesas. Allí, en largas tertulias con estrategas británicos, se interesó más por la táctica. Fue el precursor de los entrenadores meticulosos, trabajadores, que estaba detrás de cada detalle. Los historiadores se empeñan en afirmar que su Italia de 1934 se consagró casi exclusivamente por la influencia del fascismo de Mussolini, pero la realidad (siempre contundente) dice que la selección azzurra era una potencia futbolística indiscutible, la pragmática creación de Pozzo. Entre 1930 y 1938 ganó los cinco torneos más importantes que entonces existían. Campeón de la Copa Europea de Naciones —predecesora de la Eurocopa— en 1930 y 1935, campeón del mundo en 1934 y 1938 y olímpico en 1936.


