Cuando se hizo pública la contratación del DT español Félix Sánchez Bas en Ecuador se comentaba cuál sería el aporte del adiestrador europeo para el funcionamiento de nuestra Selección. Las interrogantes abundaban porque Sánchez Bas aparece en el escaparate de la Federación Ecuatoriana de Fútbol cuando se entendía que el más opcionado había sido el argentino Ricardo Gareca, que venía precedido de un éxito relativo en el fútbol peruano.

Los antecedentes de Félix Sánchez Bas no eran los más sobresalientes.

El seleccionador en Qatar fracasó rotundamente en el Mundial 2022, convirtiéndo a ese país en el último del torneo y con una exhibición futbolística muy pobre. Sobre el estilo de juego exhibido por el combinado qatarí en su Copa del Mundo sacamos en conclusión que era un equipo sin mayor elaboración en el medio campo. Las transiciones se caracterizaban por su verticalidad, la intención de aprovechar la velocidad de sus delanteros, pero el juego era plano, fácilmente contrarrestado por los rivales.

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Se podía entender que ese funcionamiento fallido se debía a la falta de jugadores con mejores características para desarrollar un fútbol más orgánico, pausado, que le permitiera a Qatar ser una selección protagonista. Luego encontramos declaraciones de Sánchez Bas dadas al portal digital de la FIFA antes del Mundial 2022. Mencionaba: “Yo quiero jugar como el Barcelona, como los equipos de Pep Guardiola, que son los que me hacen disfrutar. En pocas palabras, priorizar la posesión, desgaste del rival y progresiones en bloque”. Al final de esa entrevista aclaró: “En el fútbol no se puede copiar y pegar. Lo que uno intenta es que su equipo sea dominador, sobre todo en las transiciones, y esto está condicionado a la adaptación, a los planteles que uno dirige”. En esta última parte dejaba constancia de que con Qatar difícilmente lo podría hacer.

Con estos antecedentes, en Ecuador se dedujo que el nuevo cuerpo técnico de la Tri considerando que tendría en las manos a una de las mejores generaciones de futbolistas –la mayoría jóvenes con recorrido internacional, muchos de buena técnica, madurados en torneos de primer orden–, aplicaría su libreto para ofrecer una Selección con mecanismos colectivos sólidos.

Cuando nos referimos a una generación de futbolistas privilegiados y posiblemente de mejores capacidades en la historia de nuestro balompié, hay que retrotraerse a épocas en que hubo jugadores de grandes condiciones técnicas, tal vez sin el roce ni las oportunidades para ser internacionales como ahora, con una apertura de los mercados; pero otro factor importante es que a partir de los años 70 se incorporaron jugadores afrodescendientes, de Esmeraldas, y luego los provenientes del valle del Chota.

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Todos ellos modificaron el concepto que se tenía del futbolista ecuatoriano. Hoy se agrega la potencia y la velocidad, acompañados muchos de ellos de una técnica natural. Faltaban dos importantes factores que pulir: personalidad y educación. Aunque esto último ha costado mucho, los más destacados sí se han concienciado sobre la importancia de esas ventajas intelectuales.

Con este material humano, la tarea y la teoría de Sánchez Bas, por obvias razones, deberían estar más cerca de la realización que de la ausencia, pero hasta el momento la Selección con el español ha jugado ocho partidos: cuatro amistosos y cuatro por las eliminatorias.

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El denominador común en los cuatro amistosos y en los otros cuatro oficiales es que no se identifica cuál es la alineación que se aproxime a ese fútbol organizado, colectivo y contundente que nos imaginábamos, y a las pruebas nos remitimos. Los rendimientos ante Argentina, Uruguay, Bolivia y Colombia no son la mejor muestra para aplaudir el juego colectivo. Los resultados han ocultado el funcionamiento.

Luego del 0-0 con Colombia, jugado en Quito, la Selección mostró los mismos inconvenientes que se pueden resumir así: 1) La intensidad duró apenas los 15 minutos iniciales. 2) Juego sin elaboración en la mitad del campo, una de las características que tenía como estrategia Ecuador de local. 3) Alinear a jugadores y mantenerlos por mucho tiempo en cancha; casos como los de Carlos Gruezo, Enner Valencia, Jhoanner Chávez, de un rendimiento muy disminuido. 4) No modificar tácticamente cuando no se requería línea de tres; nunca la cambió cuando pudo jugar con cuatro defensivos y agregar un volante más versátil, caso Júnior Sornoza. 5) Un aspecto que se repite en todos los partidos de estas eliminatorias es el decrecimiento del nivel físico de la Selección, lo que ha sido aprovechado por todos los rivales y para poner en serios apuros a Ecuador. 6) Con el pasar de los minutos no se subsana el bloqueo creativo, prima el desorden, el equipo se queda sin ideas.

Al margen de estos factores que han afectado notoriamente el rendimiento de la Selección, lo urgente es encontrar el estilo, la identidad matriz del fútbol, algo ausente en los ocho partidos que ha dirigido Sánchez Bas. Y cuando me refiero a este valor fundamental para el buen jugar no hablo exclusivamente de la táctica utilizada para buscar el resultado, sino de la forma básica esencial, alimentada por las ideas futbolísticas, que es el estilo: la identidad de cómo jugar de acuerdo con las características individuales de los futbolistas para ponerla al servicio del colectivo. La configuración de las ideas futbolísticas todavía no se aprecia y es exclusiva responsabilidad del cuerpo técnico.

No existe todavía coherencia entre lo que predica Sánchez Bas y lo que aplica en la Selección. Todo lo que dijo de privilegiar la posesión efectiva del balón y la progresión en bloque no aparece ni por coincidencia ni con cuentagotas. Por el momento no encuentro una explicación válida que logre justificar por qué aún no lo consigue, porque nunca podrá incluir el nivel de los seleccionados, una excusa que le valió cuando dirigía a Qatar.

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Urgentemente debe revisar por qué quiere jugar tan vertical y sin la paciencia para administrar la zona medular de creación. Para conseguir esa modificación, Félix Sánchez Bas debe estar consciente de que hoy más que nunca tiene que adecuarse a la manera de jugar de nuestros futbolistas y no que ellos deban adaptarse a esos conceptos, que no hacen lucir sus características principales. Preocupa que lo sabe y lo reconoce cuando en la rueda de prensa habla del funcionamiento del equipo. Mencionó que “les faltó circular más para intentar por dentro”. La pregunta para Sánchez Bas: ¿y con quién, sí teniendo jugadores en la banca no los utilizó ni un minuto para poder ejercer aquello?

Ya es el tiempo propicio para que en la Selección la marca y el estilo se conviertan en un patrimonio que se conserve, que sea un recurso que identifique a nuestro fútbol. Que no sea el resultado de las tendencias, sino que responda a las características técnicas y físicas del futbolista ecuatoriano.

Pienso que, si el cuerpo técnico que comanda Sánchez utiliza la lógica, sincera sus dichos y abandona esa dicotomía conceptual de cómo hacer jugar a la Tricolor, mejores días le podrán llegar. Caso contrario, seguiremos sumergidos en esta confusión futbolística que lamentablemente hoy sufre nuestra Selección. (O)