Eduardo Salcedo, integrante de la selección de béisbol del Ecuador que ganó en Guayaquil el campeonato Sudamericano en 1966, y que en la actualidad vive en Estados Unidos, nos llamó por teléfono alarmado y muy molesto, hace varios días. ¿La razón de la incomodidad de Salazar? Había leído una nota aparecida en el Diario EL UNIVERSO, el 8 de agosto pasado, en la sección Comunidad, que Alfredo Carrasco Larrosa, quien dice ser presidente de una organización llamada Asamblea Ciudadana de Servicios Públicos del Guayas, propone que “los comerciantes informales que han sido desalojados de la Bahía y del centro de la ciudad, sean trasladados a las explanadas del Centro Cívico y del estadio Yeyo Úraga, que actualmente está en abandono”.

Esta sugerencia causó alarma y generó la reacción de beisbolistas y de antiguas glorias de la pelota ecuatoriana. Ninguno está de acuerdo con la eventualidad de usar como sitio de venta, para ningún producto, la zona exterior del Yeyo Úraga. Aseguran que no se puede permitir que alguien pueda sugerir el disparate de querer invadir un centro deportivo (antes de la pandemia se habló de convertir las piscinas mundialistas del Centro Cívico en parque acuático). Si se llegara a dar paso a este irresponsable pedido implicaría completar la acción atroz que cometió el gobierno de Rafael Correa (con el apoyo de Fedeguayas) cuando derrumbaron el estadio Ramón Unamuno, que por muchos años albergó torneos de fútbol de todos los niveles y categorías (en 1943 ahí se enfrentaron por primera vez en la historia Barcelona y Emelec). También fueron demolidos el coliseo Abel Jiménez Parra, en el que se desarrolló el baloncesto porteño, y la misma suerte corrió el gimnasio de boxeo César Salazar Navas.

Se salvó el Yeyo Úraga de la destrucción porque el gobierno japonés entregó recursos a la Fedeguayas para su reparación. Pero ese dinero no fue bien aprovechado y no hubo una rehabilitación integral: el campo de juego solo recibió una mano de gato cosmética y en cambio colocaron las bases de unas mallas (para evitar que las pelotas se fueran a la calle) dentro del diamante, algo peligroso para los deportistas.

El Yeyo Úraga fue inaugurado en 1965 por los V Juegos Bolivarianos y al año siguiente el combinado tricolor obtuvo el titulo sudamericano. Luego, en 1990, los representativos infantiles ganaron el sudamericano y otros triunfos internacionales. En este histórico escenario se han efectuado certámenes Panamericanos, Latinoamericanos y Bolivarianos. Muchos recuerdan las grandes novenas que ahí hicieron historia como: Barcelona, Emelec, Oriente, Nueve de Octubre, Liga Deportiva Estudiantil, Cardenales, Fatty, Americano, Bravos y otros que convocaban gran cantidad de público en décadas anteriores.

Toda esta intensa actividad decayó cuando la Federación Deportiva del Guayas dejó de auspiciar el béisbol y su torneo de mayores. La entidad no entregaba recursos que por mandato debía dar y se dejaron de realizar los campeonatos. Luego querían los dirigentes de Fedeguayas que los equipos y clubes paguen por jugar, entrenar y usar la energía eléctrica, situación que causó el desaliento, hasta que buscaron otros escenarios como los de las ligas de las ciudadelas Kennedy y Miraflores.

Los actuales dirigentes de la Asociación Provincial de Béisbol, con el apoyo de exbeisbolistas que buscaron el respaldo de la empresa privada, tomaron la decisión de recuperar el campo de juego del Yeyo Úraga, pero los trabajos están detenidos por falta de recursos. Es apremiante que se termine la obra y luego tambien es urgente reactivar los certámenes de primera división. Además, cómo se pretende convertir la explanada del Yeyo Úraga en un lugar para comerciantes informales si ya fue presentado el documento para proponer a Guayaquil como sede de los Juegos Bolivarianos del 2025, torneo en el que el béisbol es uno de las disciplinas favoritas en países miembros de región.

El Yeyo Úraga es patrimonio deportivo de la ciudad y se necesita la ayuda del Ministerio del Deporte, Alcaldía de Guayaquil y Fedeguayas para su pronta reapertura. (O)