La Copa América 2024, celebrada en Estados Unidos, ha suscitado una ola de entusiasmo y expectativas en la afición ecuatoriana. La Tricolor se encuentra en el centro de la atención mediática y popular. El optimismo no es gratuito; está sustentado por las declaraciones de figuras clave como Enner Valencia y Moisés Caicedo, quienes han manifestado su confianza en poder cambiar la narrativa de la Selección y alcanzar el anhelado trofeo.

Enner ha sido una voz constante en la motivación del equipo, pero es Moisés Caicedo quien ha dado un paso adelante al describir su rol en la cancha. Bajo la dirección técnica del español Félix Sánchez Bas, Caicedo ha expresado su intención de ser el motor que conduzca el balón desde la defensa hasta el ataque, disfrutando de una libertad que, según él, le permite mostrar su mejor versión. Sus palabras reflejan no solo una estrategia bien definida, sino también un deseo ferviente de llevar la Copa a Ecuador, un sentimiento que resuena con fuerza entre los seguidores de la Tri.

No obstante, el éxito de Caicedo en este papel crucial depende de encontrar un acompañante adecuado que pueda equilibrar su libertad ofensiva con una sólida cobertura defensiva. Durante el reciente amistoso contra Honduras, en el que Ecuador se impuso por 2-1, quedó en evidencia que el equipo aún tiene debilidades en la contención del medio campo. Los espacios interiores fueron explotados por los hondureños, poniendo de manifiesto una vulnerabilidad que Sánchez Bas aún no ha logrado solucionar.

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El técnico ha experimentado con varios jugadores para acompañar a Caicedo –Franco, Cifuentes, Gruezo, Ortiz– sin que ninguno haya logrado consolidarse en ese rol. Esta falta de definición podría ser el talón de Aquiles de Ecuador en el torneo, ya que un medio campo sólido es esencial para aspirar al éxito en competiciones de este calibre.

La expectativa y el entusiasmo de la afición ecuatoriana están bien fundamentados, pero la clave del éxito radica en resolver estos detalles tácticos. La capacidad de Caicedo es innegable, pero necesita un apoyo constante y efectivo para liberar su potencial completo y cumplir con su promesa de llevar la Copa a Ecuador.

Otra de las grandes interrogantes es cómo armará la defensa: optar por una línea de cuatro con Piero Hincapié como marcador izquierdo podría ser arriesgado. Hincapié, recientemente, afirmó: “Soy un central por izquierda y es donde mejor realizo mi juego”, indicando su preferencia por jugar en el centro de la defensa.

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La convocatoria excesiva de volantes por parte de Sánchez Bas y la inclusión de solo un lateral izquierdo de oficio, Layan Loor, complican aún más la situación. En otros aspectos, la Selección ha mostrado avances: John Yeboah se ha consolidado en su puesto, Jeremy Sarmiento ha convencido con sus movimientos, y Kendry Páez se ha destacado jugando por el centro, complementando al incombustible Enner Valencia en la delantera.

En la portería, tanto Alexander Domínguez como Hernán Galíndez ofrecen garantías. Si Galíndez es el elegido, se sugiere que reciba la capitanía. No obstante, el principal desafío de Sánchez Bas radica en definir una alineación y una estrategia efectiva, así como en su capacidad para leer el juego y realizar las modificaciones necesarias durante el partido.

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La selección ecuatoriana podrá superar las críticas sobre su rendimiento cuando Sánchez Bas resuelva la dicotomía entre factibilidad y viabilidad táctica. La continuidad del proceso dependerá de su habilidad para aplicar correctamente la táctica y la estrategia. Mientras tanto, se confía en que la individualidad y la experiencia de los jugadores contribuirán gradualmente a consolidar el juego colectivo.

El rival, la selección de Venezuela, ha dejado de ser la cenicienta del fútbol sudamericano y actualmente se encuentra en zona de clasificación para el Mundial 2026. El técnico argentino Fernando Batista ha formado un equipo sólido, que lucha cada balón. Entre sus figuras destacan el delantero Salomón Rondón, máximo goleador histórico de la Vinotinto, y el capitán Tomás Rincón, conocido por su liderazgo en el campo.

Venezuela también cuenta con jóvenes talentos como David Martínez, quien demostró su calidad en el último preolímpico, y jugadores experimentados como el arquero Rafael Romo, quien ha brillado en la Liga Pro, y Rómulo Otero, junto con el habilidoso y dinámico Yeferson Soteldo.

Y el papel de los analistas es crucial. Tanto el DT Batista como Sánchez Bas cuentan con informes detallados sobre las fortalezas y debilidades de cada equipo. La correcta interpretación y aplicación de estos análisis será fundamental para acercarse a la victoria.

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En resumen, el éxito en este torneo dependerá en gran medida de la habilidad de los entrenadores para interpretar los análisis técnicos y la capacidad de los equipos para superar las expectativas. El choque contra Venezuela será una prueba crucial para la Tri no solo por la necesidad de puntos, sino también como una oportunidad para demostrar que el crecimiento del fútbol ecuatoriano puede traducirse en resultados positivos en el escenario internacional.

En esta edición de la Copa está en juego la credibilidad y confianza que por ahora no tiene el aficionado con Sánchez Bas y compañía. Un fracaso pudiera ser la gota que derrame el vaso, algo que sería lamentable de cara a las eliminatorias o por supuesto incrementarían las dudas sobre la clasificación al próximo Mundial.

Los ecuatorianos anhelamos con esta nueva experiencia en la Copa América olvidarnos de la paupérrima participación que hemos tenido. Las estadísticas confirman el duro calificativo sobre la comparecencia a este añejo torneo. Desde nuestra primera participación en 1939 en el Campeonato Sudamericano de Lima hasta nuestra última intervención en la Copa América de Brasil 2021, ha jugado un total de 122 partidos y tan solo ganó 16.

La mejor presentación de la Tri fue en el torneo jugado en nuestro país en el año 1993, con el DT Dušan Drašković. En su debut goleó 6-1 a Venezuela, luego superó 2-0 a Estados Unidos y, posteriormente, en un partido inolvidable, venció 2-1 a Uruguay.

Tras este triunfo se enfrentó al poderoso Paraguay y se impuso 3-0 y por primera y única vez se ubicó entre los cuatro mejores equipos del torneo. En el duelo clave contra México se perdió 0-2. Un gran campeonato en el que se lucieron jugadores de la talla de Eduardo Hurtado, Héctor Carabalí, Luis Capurro, Raúl Noriega, Álex Aguinaga, etc. De esta brillante jornada han pasado ya 31 años y esa lejana participación es casi una excepción, porque el resto ha sido participaciones unas mediocres y otras muy malas.

La última vez que ganó un partido nuestra Selección fue en el 2016, cuando derrotamos por 4-0 a Haití. Las cifras negativas son elocuentes. A estas alturas, a pocas horas del debut en la presente Copa, reitero que he vuelto a prender la luz de la esperanza, con las dudas propias generadas desde el cuerpo técnico. Confío en que este grupo desde el convencimiento y la actitud pueda escribir el capítulo más importante en nuestra historia. (D)