“¿Vas a escribir de fútbol?”, me pregunta mi amigo Franklin García, a quien encuentro en un portal en el que intento cubrirme del sol llameante. Antes de responderle, agradezco a los que diseñaron Guayaquil, dotándola de portales, como corresponde a una ciudad tropical sobre la que cae, perpendicularmente, un sol furioso desde las primeras horas.
“¿De qué fútbol?”, le replica quien sigue las aventuras del balón desde niño, cuando se jugaba en el estadio George Capwell, y hoy devora desde el sofá de su casa las transmisiones televisivas de la Copa Libertadores, la Liga de Campeones (¡tremendo partido el del Bayern de Múnich y el Real Madrid!) y el torneo nacional.
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Me sugiere que comente las peripecias de Barcelona y Emelec en esta hora aciaga del balompié guayaquileño. Me resisto a hacerlo porque hay temas más gratos.
Ecuador es campeón mundial de marcha atlética por equipos, título logrado en el torneo universal celebrado hace pocos días en Brasilia.
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Por hoy, la marcha, el levantamiento de pesas y el ciclismo son los deportes que mayores satisfacciones brindan al país.
Todo esto ocurre en medio de turbulencias provocadas por rencillas y ambiciones que impiden el desarrollo normal de nuestra actividad deportiva. Los medios internacionales, incluso, han destacado que la delegación tricolor tuvo que apelar a recursos extraordinarios para poder viajar y competir.
Sin viáticos
La representación estuvo compuesta por 16 integrantes, entre deportistas, entrenadores y personal de apoyo. El presupuesto, cercano a los $ 30.000, fue cubierto mediante autogestión, auspiciantes y aportes personales; ninguno de los atletas recibió viáticos durante la competencia, según revelaron dirigentes y competidores en una reciente rueda de prensa.
Pese a estas dificultades, Ecuador firmó una actuación histórica al completar ocho medallas. El país se consagró campeón mundial por equipos en el Mundial de Marcha de Brasilia 2026, una gesta liderada por el oro individual de Paula Torres, la plata de David Hurtado y el bronce de Nathaly León.
Esta actuación memorable consolidó a la nación como una potencia mundial, superando a delegaciones de Italia y Brasil, que usualmente han dominado estas competencias.
En la tabla de posiciones por equipos, Ecuador quedó en el primer lugar absoluto al superar a Italia por apenas un punto. La actuación más descollante correspondió a Paula Torres, quien alcanzó el oro en la distancia de maratón (42,195 kilómetros) con un tiempo de 3:24:37, mostrando la técnica impecable de los marchistas ecuatorianos.
Por su parte, David Hurtado se proclamó subcampeón mundial, preparándose ya para el ciclo hacia Los Ángeles 2028, mientras que Nathaly León aseguró el bronce en la misma prueba femenina.
El éxito se completó con el título por equipos femenino, integrado por Torres, León, Karla Jaramillo, Magaly Bonilla y Johana Ordóñez, quienes se impusieron a las italianas y las brasileñas.
Idea de EL UNIVERSO
La marcha atlética —introducida en nuestro país por Diario EL UNIVERSO en la década de los 70 con una prueba organizada por nuestro compañero Alberto Sánchez Varas— dio la gran sorpresa en los Juegos Olímpicos de Atlanta 1996.
Fue entonces cuando el cuencano Jefferson Pérez logró la primera presea de oro para nuestro deporte al imponerse en los 20 kilómetros.
El atleta ya mostraba grandes progresos tras haber sido campeón mundial y sudamericano juvenil; posteriormente, ganó la plata en Pekín 2008 y se convirtió en el único marchista en ganar tres títulos mundiales de forma consecutiva.
El marchista Daniel Pintado es considerado el heredero directo de Pérez. Consiguió oro en los 20 km en los Juegos Olímpicos de París 2024 y la presea de plata en la maratón de marcha por relevos mixtos, junto con Glenda Morejón en la misma cita.
Glenda, una de las figuras femeninas más importantes, ha destacado con múltiples podios mundiales y panamericanos desde su etapa juvenil. Hoy ha retomado su preparación con miras a Los Ángeles 2028 luego de un receso por maternidad.
Los atletas ecuatorianos no han cesado su preparación, pese a las dificultades económicas. Paula Torres, por ejemplo, obtuvo bronce en los 35 kilómetros de marcha en el Mundial de Atletismo de Tokio 2025, convirtiéndose en la primera tricolor en subir al podio mundialista en esa distancia.
Ese mismo año, en el Mundial de Marcha Atlética de Antalya también alcanzó el bronce en los 20 km, resultados que ratificaron su excelente momento tras el destacado noveno puesto obtenido en los JJ. OO. de París 2024.
No es aceptable
David Hurtado, por su parte, obtuvo la medalla de oro en los 20 km de marcha en los Panamericanos de Santiago 2023. Su palmarés reciente incluye otra presea dorada en los 20 km del Circuito Mundial de Marcha en China (2023), éxito que se suma al título alcanzado previamente en los Panamericanos Júnior de Cali 2021.
Nathaly León, en el Panamericano de Marcha de 2021, logró la medalla de oro en los 35 km de marcha, una competencia que la dio a conocer como una gran promesa de esta disciplina.
El deporte nacional necesita que se clarifique, de una vez por todas, la relación entre el Viceministerio del Deporte y el Comité Olímpico Ecuatoriano.
No es aceptable que, mientras se discuten temas jurídicos, los deportistas sufran las consecuencias al tener que apelar a rifas, pedidos de cooperación a empresas y ayudas de amigos para poder viajar, equiparse y gestionar la logística adecuada.
Resulta indignante que deban competir en inferioridad de condiciones frente a delegaciones que cuentan con todos los recursos económicos, técnicos y médicos necesarios.
Prensa futbolizada
Si, aun así, consiguen vencer y elevar el prestigio deportivo del país a la cima, merecen el reconocimiento de toda la nación, especialmente de una prensa deportiva usualmente futbolizada.
Esa prensa que prefiere enaltecer mediocridades y armar un aparataje publicitario para tildar como “el mejor del mundo” a futbolistas que apenas se destacan por pegar, obstruir o dar pases laterales y hacia atrás, pero que carecen de eficacia creativa y capacidad goleadora.
En la época actual hay un solo jugador tricolor que se sitúa entre los mejores del mundo, aunque el andamiaje marketinero no le dé tanta importancia.
Se trata de Willian Pacho, reconocido no por páginas de acomodo o programas de poco crédito, sino por sus méritos reales. Está incluido en las selecciones ideales de la FIFA, de la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol y en los premios The Best.
Lo destacan los diarios y las revistas más importantes del planeta por su talento y no por gestiones tarifadas de sus representantes. Juega en el Paris Saint-Germain y es campeón de la Champions League 2025.
En la actualidad, los marchistas ecuatorianos —campeones del mundo en su especialidad— y Willian Pacho, zaguero estelar del equipo francés, son las figuras más destacadas del deporte nacional. Todo lo demás viene de atrás, incluidos aquellos futbolistas sobrevalorados por costosos equipos de propaganda.
Habrá que esperar a lo que ocurre en el Mundial 2026, que está a poco tiempo de empezar. A la Selección —mucho ruido y pocas nueces— ya la dan por finalista y hasta por campeona.
“Solo le falta hacer goles”, dijo un ‘analista’. De eso se trata, precisamente, si se intenta ganar un torneo. Es el mismo que pronunció un juicio que ya figura en la antología del disparate: “Moisés Caicedo es el mejor volante del mundo, pero sin balón”.
Y no quedó allí: “La Rola Rodríguez es el mejor centrodelantero, pero sin gol”. Y no se extrañen: hay muchos que lo celebran como una verdad absoluta. (O)