Recordemos los cinco primeros de la Eliminatoria: Brasil (18 puntos), Argentina (12), Ecuador (9), Uruguay (8) y Colombia (8). Bien, la pregunta que se impone es: ¿seguirá todo igual en la clasificatoria después de disputada la Copa América…? ¿Es la Copa un simple tubo de ensayo como piensan algunos o un torneo que puede cambiar las placas tectónicas de la carrera mundialista…? La centenaria competencia disputada en Brasil deja a varios satisfechos y a otros con caras largas o muy largas. Hay tres que volvieron felices a casa o, al menos, tranquilos: Argentina, Colombia y Perú.

El gran vencedor, sin duda, es Argentina: se quitó de encima un elefante, el de los 28 años sin títulos. La conquista ha sido balsámica para su entrenador Scaloni, a quien acosaban los fantasmas de la interinidad; para Messi, perseguido por el discurso de los “anti”, pero especialmente para la selección toda, que dejó de ser un equipo en construcción y encontró su consolidación. Ahora tendrá partidos mejores o peores, pero ya no habrá una Argentina titubeante. Ganarle la final a Brasil en Maracaná es un diploma de graduación. Y por cómo lo hizo: jugando a hierro corto, con inteligencia y exponiendo los más altos valores espirituales, los que se le reclaman a un futbolista argentino: no temer y buscar la victoria donde sea. Se consagraron varios nombres, como Emiliano Martínez, Rodrigo De Paul, Cristian Romero, Gonzalo Montiel. Son definitivamente jugadores de selección.

Colombia pasó de la amargura que habían dejado las goleadas sufridas ante Uruguay y Ecuador a un semblante de tranquilidad. No solo por su tercer puesto sino porque se las tuvo tiesas con Brasil, Uruguay y Argentina y salió bien parado. Redondeó todo con el atractivo 3-2 sobre Perú. Como Scaloni, Reinaldo Rueda sepultó las dudas sobre él, encontró el sistema del equipo, tiene bien completo al menos siete u ocho de los once casilleros, trabajó 45 días con el plantel, sabe qué resortes tocar. Se afirmó un mediocampo de excelencia con Cuadrado, Barrios y Uribe y le apareció un atacante fenomenal como Luis Díaz, que cambia toda la ecuación sobre Colombia. Es un “ganapartidos”. En apenas 49 días vuelve la Eliminatoria y ahí podrían estar James Rodríguez, Juan Fernando Quintero y Falcao García. Entrarían en un equipo que ya funciona como tal y, si logran aportar, se elevaría el nivel competitivo, que ya es satisfactorio.

El premundial recibirá a un Perú reciclado, con ánimo y con un universo de jugadores mayor del que contaba: surgieron y convencieron el lateral Marcos López, el volante Sergio Peña, el inteligentísimo goleador Gianluca Lapadula, evolucionó André Carrillo a un nivel desequilibrante. El ánimo imperante tras la Copa lo graficó el viernes Ricardo Gareca: “Somos optimistas. Confiamos en los jugadores. Somos gente de mucha fe para pelear nuevamente la chance de una nueva clasificación”. Tiene solo 4 puntos, pero también está a cuatro del cuarto y quinto. Van con todo. Brasil 2021 fue un inyección futbolística y anímica para ellos.

¿Y el resto…? Uruguay fue el de mayor involución. No tuvo juego ni creatividad ni figuras. Ni siquiera su tradicional garra charrúa. Y anda escasísimo de gol, Suárez y Cavani, hasta no hace tanto una dupla letal, están ya en el umbral de los 35 años y se les nota. Es difícil que en 49 días el Maestro Tabárez logre revolucionar el funcionamiento o descubrir alternativas que le cambien su opacidad. Su cuarto puesto es vidrioso, tiene una barra pisándole los talones. La Copa lo llenó de dudas y suenan fuerte las voces que cuestionan al técnico.

Ecuador es otro que se fue mal de Brasil, sin siquiera una sola victoria. La selección que parecía una aplanadora al comenzar la Eliminatoria sacó 3 puntos sobre 15. Alfaro es un excelente entrenador, pero está apelando demasiado a la excusa, al lamento y a una visión ultraoptimista que no se condice con el andar del conjunto. Desde la lección de fútbol que le dio Perú en Quito no se repuso más. Y ahora se advierten muchos cambios de nombres. Los que parecían fijos ya no lo son.

“Brasil juega a otro deporte”, se dijo al comienzo de la cita sudamericana. Todos sobredimensionamos un poco sus capacidades tras las goleadas a Venezuela (3-0) y Perú (4-0), pero de ahí en más fue todo muy tortuoso. En sus últimos cinco juegos ganó con polémica a Colombia (en el minuto 100…), igualó a uno con Ecuador siendo peloteado al final, venció por la mínima a Chile y a Perú (al que no le dieron un penal de escándalo), y cayó sin goles ante Argentina sin generar situaciones de riesgo, apenas dos remates desde afuera, uno de Richarlison y otro de Gabigol, pero ninguna acción elaborada. Pasada toda su actuación por el tamiz, le queda una cosecha magra. Con este nivel, clasifica al Mundial, pero no figura en él. Por jugadores sigue estando un peldaño arriba del resto, le da para llegar a fin de mes, no para hacer locuras. Ojo…

Paraguay impresiona por su asombroso despliegue físico, pero no hilvana fútbol del medio hacia adelante. Eduardo Berizzo es blanco de hartos cuestionamientos. Por momentos parece un equipo peligroso, aunque no termina de confirmarlo. Los jugadores paraguayos exhiben un enorme compromiso, pero juegan como si estuvieran al borde de un ataque de nervios. Chile está en la indefinición, sigue sostenido por su base histórica (ya veterana) y en su búsqueda de nuevos valores encontró un talento casi inesperado en el inglés Brereton, pero rindió muy poco colectivamente. Le vienen dos partidos muy duros: Brasil en Santiago, Colombia en Barranquilla. Necesita sumar de a tres y le cuesta horrores. En 11 juegos entre ambas competencias apenas ganó dos, uno a Bolivia y otro a Perú hace ocho meses. Bolivia perdió sus cuatro encuentros en la Copa y Venezuela, con sus eternos problemas internos, apenas arañó dos empates. No se les vio evolución, más bien al revés. Quedaron en su posición histórica. Pero harán algún daño… (O)