A las puertas del comienzo de una nueva edición de la tradicional Copa América, que será en Estados Unidos, entre el 20 de junio y el 15 de julio próximos. Es el torneo continental más antiguo del mundo, organizado por primera vez en Buenos Aires en 1916, como homenaje al centenario de la independencia de Argentina.

El certamen nació como una competencia entre naciones y por eso su denominación originaria Campeonato Sudamericano de Fútbol. Fue distorsionado en 1993, año en que se hizo en Ecuador, con dos selecciones invitadas: la de México y Estados Unidos. Conmebol lo calificó como todo un acierto, pero más bien se encargó de violentar el espíritu con el que se creó el torneo.

En ese nuevo criterio de la Conmebol las invitaciones no solo para selecciones de Concacaf, sino también para combinados de países árabes y asiáticas. Se privilegió lo económico y no la tradición deportiva, cosa que no sucede con las otras confederaciones de fútbol que respetan la jurisdicción y la competencia. Nunca hemos visto que en la Eurocopa de Naciones, o campeonatos de otros continentes, aparezcan invitadas selecciones de otras confederaciones.

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En 2024 Estados Unidos será la sede, otorgada al poderoso país del norte por varias razones. La primera, indiscutiblemente, la económica. Suficiente razón para que Ecuador haya perdido la organización que la Conmebol anticipó para este año. Como consuelo, en los últimos días se conoció que el Gobierno de Ecuador anunció su intención de ser la sede de la Copa América 2028.

El mandamás de la Conmebol, Alejandro Domínguez, fue recibido por el presidente de la República, Daniel Noboa. La propuesta de este, cargada de entusiasmo y razonabilidad, se sustenta en que su gobierno busca posicionar a Ecuador como un ejemplo regional para eventos masivos de calidad y que a su vez genere oportunidades a los ecuatorianos.

La respuesta calculada de Domínguez fue: “Estar aquí y hablar de futuras organizaciones y sedes siempre es esperanzador y abre la imaginación de todo lo que una puede hacer”. Las frases del máximo representante de la Conmebol se diseñaron entre la dialéctica y la retórica. Usó argumentos justos para persuadir sobre algo meramente probable. Se lució Domínguez en Carondelet.

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Desde mi perspectiva, todas las sedes de la Copa América en el futuro serán entregadas a quien ofrezca la mejor propuesta económica y Ecuador está muy lejos de poder competir con potencias como Estados Unidos, que en estos últimos tiempos se ha interesado en el fútbol, considerando la instancia geopolítica global, que se incentivó luego que los rusos perdieron su influencia en el balompié por el conflicto bélico con Ucrania.

Estados Unidos se ha dado cuenta de aquello y arremetió. Hoy está a punto de hacer la Copa América con 16 selecciones. En el 2025 realizará el tan promocionado Campeonato Mundial de Clubes y para cerrar el ciclo, el Mundial de Fútbol 2026, conjuntamente con México y Canadá. Con estos antecedentes, seguramente esa será la tendencia, por lo que es preferible no ilusionarse nuevamente en que Ecuador albergue la Copa América.

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Por ahora debemos quedarnos con los recuerdos de que organizamos tres copas: la de 1947 en Guayaquil, que presentó al mundo el estadio George Capwell, que había sido inaugurado en 1945. Aunque deportivamente no nos fue bien, el certamen tuvo un marco de público impresionante. Además, el Sudamericano adquirió trascendencia porque participaron grandes figuras como Alfredo Di Stéfano, René Pontoni, José Manuel Moreno.

La de 1959 se organizó para celebrar la reciente apertura del estadio Modelo Guayaquil. Lo más destacado fue la consolidación de Alberto Spencer. Su formidable participación confirmó su traspaso al Peñarol, donde ser convertiría en el máximo exponente en la historia de nuestro fútbol.

La de 1993 fue posible gracias a las relaciones internacionales de dirigentes ecuatorianos de la talla de Carlos Coello Martínez y de Carlos Falquez Batallas. Por primera vez se repartió en varias sedes ecuatorianas: Guayaquil, Quito, Cuenca, Ambato y Portoviejo. Se hizo un gran esfuerzo con el apoyo decidido de Sixto Durán-Ballén, presidente de la República, quien entregó la responsabilidad a su ministro de Comunicación, Carlos Vera Rodríguez; esto fue la clave para que el país cumpliera con las exigencias de la Conmebol. En esa Copa América, nuestra Selección tuvo el mejor desempeño de su historia. Ecuador derrotó a Venezuela (6-1), a Estados Unidos (2-0), a Uruguay (2-1), a Paraguay (3-0) y fue México quien nos cortó la viada de llegar a la final al ganarnos en semifinal (2-0).

Desde el 22 de junio venidero la Tricolor participará en la Copa América de Estados Unidos 2024 y las ilusiones se vuelven a encender. Es que el factor emocional siempre nos atrapa y nos esperanzamos con que por fin seamos protagonistas. El propio presidente de la FEF ha mencionado que Ecuador está para competir con cualquiera y que se irá con una ambición muy alta, porque existe un equipo preparado para pelear la Copa América. Francisco Egas está seguro de que la Selección, al mando del español Félix Sánchez Bas, tiene las ganas de ganar el torneo y cambiar la historia del equipo nacional en la Copa América.

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Por ahora creo que el grupo B, que compartimos con Venezuela, Jamaica y México, es el mejor que nos pudo tocar. Todos estos factores exógenos también juegan al fútbol, pero al final del día deben hacer sinergia con el rendimiento en la cancha. Por ahora me quedo con la frase de Ricardo Vasconcellos Rosado, quien en su columna de EL UNIVERSO, titulada ‘¿Ecuador puede ganar la Copa América?’, dijo el domingo anterior: “Como ecuatoriano sentiría orgullo y emoción si mi país levantara el trofeo, pero la convocatoria de Félix Sánchez Bas no es como para lanzar hurras”.

Por lo menos hasta ahora no hemos escuchado al DT español decir que lo principal es clasificar al Mundial 2026 y que la Copa América servirá como experimento para seguir con la preparación para las eliminatorias, como lo hicieron anteriores entrenadores de la Selección, con la anuencia de los dirigentes de turno de la FEF.

También está en juego la credibilidad y confianza, que por ahora no tiene el aficionado ecuatoriano con el cuerpo técnico de la Selección. Ni siquiera por la ubicación en zona de clasificación en el actual premundial. Todo lo contrario, los ecuatorianos consideramos que Sánchez Bas tiene en sus manos una generación de futbolistas jóvenes y con recorrido internacional.

Lo que preocupa es que tanto en el momento de convocar, como en el de alinear y en el de aplicar la estrategia de juego, las propuestas del español no han sido acertadas. Los resultados le han servido para ocultar el mal funcionamiento.

Las preguntas de rigor son: ¿Se podrá mejorar lo hecho en el pasado por la Selección en Copas América?, ¿se podrá hacer realidad tanta oferta triunfalista?, ¿podrá la Selección mostrar por fin el estilo que identifique a nuestro fútbol?

Las respuestas están por venir, mientras tanto solo queda ilusionarnos otra vez con Ecuador en la Copa América. (O)