¿Está bien, está mal…? La FIFA y el International Board autorizaron cinco cambios por partido en el fútbol. Provisionalmente y como hecho excepcional dada la cantidad de partidos que se acumularon por la inactividad a raíz de la pandemia. Pasó que en muchos torneos se juntaron tres partidos por semana y los futbolistas no aguantan tal ritmo, se lesionan. Es solo temporal, dicen, pero quién sabe… A los técnicos les gusta, lo refleja el hecho de que en casi todos los casos agotan las cinco sustituciones. No sería extraño que quedara fijo.

Esto nos remonta a un siglo atrás, cuando no existían los reemplazos durante el juego. Brasil vencía a Uruguay 1-0 en el Sudamericano de 1916 (antes no se hablaba de Copa América sino de Sudamericano). A los 16 minutos debió retirarse lesionado el zaguero Orlando Pereira. Era una situación inédita, por ello los jugadores brasileños solicitaron a sus pares uruguayos poder reemplazarlo. En esa época, ante una lesión seria, solo el capitán del equipo rival podía autorizar una sustitución. El capitán oriental Jorge Pacheco se opuso: “Los cambios no están permitidos”, dijo. Con la ventaja del hombre de más, Uruguay dio vuelta el marcador y quedó a las puertas del título, que luego consiguió.

Uruguay se consagró campeón de 1917 con el defensor Manuel Varela ocupando el arco, pues el arquero Cayetano Saporiti fue retirado lesionado veinte minutos antes del final. Había chocado con el delantero argentino Alfredo Martín, quien, apenado por ello, quiso salir del campo a modo de compensación para que ambos equipos continuaran con diez hombres. Pero Jorge Pacheco, el uruguayo de brazalete, se negó, manifestando que había sido una acción involuntaria, instándolo a continuar el juego.

En 1924, recién llegado de Francia, donde ganó el laurel olímpico, Uruguay enfrentó a Argentina en Buenos Aires en partido que despertó una colosal expectativa. En él, Césareo Onzari marcó el primer gol olímpico. Y se produjo un cambio. En choque con Pedro Cea, el zaguero albiceleste Adolfo Celli se fracturó tibia y peroné, estuvo ocho meses hospitalizado y nunca más volvió a jugar. Dada la gravedad de la lesión, Nasazzi, capitán de los Celestes, permitió que lo sustituyeran y entró Ludovico Bidoglio.

En la Copa América de 1935 se autorizó, por primera vez la sustitución de jugadores durante los partidos: tres por bando. Quedó para siempre. El primer cambio oficial, en esa Copa y en nuestro continente, fue en el cotejo Argentina 4 - Chile 1: Enrique Sorrel ingresó por Moisés Avilés en La Roja, que todavía no era roja, sino blanca. La FIFA las introdujo en los Mundiales a partir de México 1970 y en los torneos nacionales comenzaron en 1968. “El partido pierde seriedad con tantos cambios”, habrán dicho los periodistas de entonces, siempre tan avinagrados con las modificaciones, que históricamente han sido acertadas. Siempre.

La historia del fútbol está plagada de cambios que resultaron cruciales, aunque ninguno como el de Mario Gotze, de Alemania, en el Mundial 2014.

Cuenta en su libro el fallecido colega Mauro Velázquez Villacís que, en la Eliminatoria del Mundial 1966, tras un choque con el delantero chileno Carlos Campos, el arquero ecuatoriano Pablo Ansaldo sufrió la rotura de varias costillas. Al no poder ser relevado, siguió tapando, aunque era casi lo mismo que estar sin guardavalla. Chile, que hasta ahí perdía 1 a 0, dio vuelta el marcador en dos acciones que Ansaldo, visiblemente dolorido, no pudo impedir. Al final igualaron 2-2; con el triunfo clasificaba Ecuador. Era insólito que ante una situación tan seria no se pudiera sustituir al averiado.

La historia del fútbol está plagada de cambios que resultaron cruciales, aunque ninguno como el de Mario Gotze, de Alemania, que en la final del Mundial 2014 ante Argentina ingresó por Klose en el minuto 88 y en el 113 anotó el gol de la victoria. Gol providencial no solo porque significó el 1-0, sino porque fue tal vez la única ocasión clara de los germanos en todo el cotejo. Y de una factura excepcional.

O como aquella épica final de Champions de 1999 entre el Manchester United y el Bayern Munich en Barcelona. Ganaban los alemanes 1-0 desde los 6 minutos y, pese a que presionaban, los ingleses no encontraban la llave del empate. En el segundo tiempo, Alex Ferguson mandó a la cancha a Teddy Sheringham y al noruego Ole Gunnar Solksjaer con tanto acierto (o fortuna), que ambos voltearon el marcador en tiempo adicional: Sheringham empató a los 91 y Solksjaer les dio la victoria a los 93. Debería titularse “Dos cambios para una corona”.

Hubo millones de cambios durante un siglo, pocos tan graciosos como uno de Ecuador en la Copa América de Chile 1945, realizado por el técnico Rodolfo Orlandini, quien era argentino y había sido campeón en la Copa de 1929 y subcampeón mundial en 1930. Era un sujeto chispeante, de ocurrencias muy festejadas. Jugó muchos años en Italia y Francia. Su nombre completo era Rodolfo Orlando Orlandini por esa costumbre tan italiana de emparentar nombres y apellidos: Pino Pini, Guido Guidi, Donato Donati, Piero Pieri, Filippo Filippi…

La historia nos la contó Ricardo Vasconcellos Rosado, historiador riguroso y columnista de alto mérito de Diario EL UNIVERSO. “En ese Sudamericano de 1945 jugaron por Ecuador los mellizos Mendoza, panameños que llegaron muy jóvenes a Guayaquil. Los dos ficharon por Millonarios luego, en 1946 y 1947. Eran calcados. Aún ya viejos resultaba imposible distinguirlos. Yo trabajaba en el Seguro Social cuando ellos estaban jubilándose y me visitaban continuamente por su trámite. Jamás supe cuál era el que entraba en mi oficina. Lo simpático, que lo oí contado por ellos mismos, fue que ante Argentina entró jugando Luis Antonio, un gran mediocampista que salió lesionado al terminar el primer tiempo. Orlandini hizo entrar en su lugar al mellizo José Luis sin gastar el cambio. Imposible para el árbitro, jueces de línea y rivales percatarse de la jugarreta”.

Después de meter a Mendoza por Mendoza, Orlandini hizo los tres cambios que permitía el reglamento. Y sonrió. (O)