Todo empezó mal en la semana última. La LigaPro viola la libertad de expresión y los convenios internacionales al impedir que los medios puedan tomar y publicar sus propias fotografías en un espectáculo público y de interés social como es el fútbol. Obliga a los diarios a poner en sus páginas las fotos que le conviene a esa entidad, superponiéndole publicidad propia y trucada como lo denunció Nassib Neme, presidente de Emelec. ¿Es esta conducta violatoria de la Constitución y las leyes? Indudablemente que sí, pero lo extraño es que los gremios periodísticos –léase Federación Nacional de Periodistas del Ecuador y los colegios de periodistas –no han dicho una palabra como organismos oficiales obligados a velar por las libertades en el ejercicio profesional del periodismo.

Hace pocos días nos regocijamos con el avance de Barcelona en la Copa Libertadores. Es cierto que empató con América Mineiro en Brasil, equipo menor que debutaba en el torneo, pero nos quedaba la esperanza de que en Guayaquil el Ídolo haría prevalecer la localía, sobre todo porque de visita había mostrado algunos atributos y no había ganado porque Carlos Garcés erró un penal en los minutos agregados. Fue solo fantasía, ilusión, quimera. La noche del martes a Barcelona le faltó todo en el Monumental. Sus jugadores no respondieron individualmente y ni como conjunto.

Hace poco escuchaba a un técnico europeo opinar que el fútbol debe ser jugado con la cabeza y con el corazón. “Si tengo un jugador hábil, inteligente, creativo, pero sin alma, sin pasión, no me sirve. Yo lo echo del equipo” fue su definición. César Luis Menotti, un emblema en la defensa del fútbol bien jugado, dijo una vez: “Yo le puedo perdonar a un futbolista que juegue mal porque las cosas no le salieron en el partido. Lo que no le puedo perdonar es que no entregue todo su entusiasmo”. Barcelona jugó el partido sin creatividad y solo chispazos de vergüenza deportiva. Esto es inentendible en gente que forma parte de un club que es ídolo, que forjó su grandeza en la forma en que vencía todas las barreras y se crecía ante los gigantes para derrotarlos.

Tal vez quienes visten la divisa oro y grana ignoran esa historia por un doble motivo: porque algunos de los que dirigen el club también la ignoran y porque a diario escuchan programas en los que los periodistas hablan pestes de la historia y alegan que esta no sirve para nada porque la gloria de antaño ha sido remplazada por los billetes. Pero ocurre que billete es lo que menos falta en Barcelona, una entidad sobreendeudada por el derroche y otras travesuras impunes. Hace un poco más de treinta años que un dirigente inició la más grande inflación que se recuerde, pagando sueldos que no compadecían con la realidad económica del país ni con la calidad del espectáculo.

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El martes a Barcelona le faltó todo en el estadio Monumental.

Todos los jugadores querían pasar a Barcelona y ante la posibilidad de un vaciamiento total los otros clubes también elevaron los sueldos. Hoy, salvo uno o dos clubes, los demás están con un pie en el abismo y no hay síntomas de salvación. Hace dos o tres partidos que surgió en los aficionados el espejismo acerca de la aparición de un creativo, un manejador del equipo de mitad del campo hacia adelante: Gabriel Cortez. A nuestro juicio sabe de su profesión, pero juega cuando amanece de buen genio y Barcelona no puede depender de sus humores hepáticos.

Tampoco tiene Barcelona un artillero. El uruguayo Gonzalo Mastriani está lejos de ser un goleador, pese a su experiencia en clubes de escasa relevancia en Europa y en México, país este en que militó en la segunda división. De allí vino a Guayaquil City y sorpresivamente recaló en un Barcelona obligado a comprar de remate por su crecido pasivo. Su otro ‘artillero’ es Carlos Garcés, de relevancia en su paso por Delfín entre 2017 y 2020. Militó en varios clubes nacionales y estuvo en México en el Atlante de la división de ascenso. No ha tenido fortuna en Barcelona. Ha jugado 58 partidos y ha marcado 10 goles. No ha podido asentarse en la titularidad porque Fabián Bustos prefirió siempre a Mastriani, quien no es superior a Garcés.

Salgamos de una decepción para entrar en otra. El ministro del Deporte, Sebastián Palacios, ha decidido suspender las aportaciones para el sostenimiento de la Unidad Educativa Fedeguayas, un plantel que fomenta la formación de talentos deportivos. En su última columna nuestro colega Frank Maridueña abordó el tema con la entereza que lo caracteriza: “En sus aulas se forjan jóvenes con talento para la actividad física y demuestran que bien se pueden acoplar estudios y deporte. El grado que se obtiene en el bachillerato es de Promotores en Recreación y Deportes, especialización que tanta falta hace en el sistema deportivo nacional. Entre otros aspectos, los graduados de Fedeguayas pueden ejecutar planes de recreación. La quinta promoción, del actual curso lectivo, incorporó 20 bachilleres y de esta unidad educativa han surgido atletas en toda la extensión de la palabra y han entregado alegrías al país, tal como ocurrió en los Panamericanos Júnior de Cali 2021″.

Palacios tiene suerte, a Guillermo Lasso no le importa el deporte.

La idea germinal de este tipo de la Escuela de Iniciación Deportiva surgió en Guayaquil en 1982 en el Comité Olímpico Ecuatoriano, durante la presidencia de Sabino Hernández Martínez. Se logró la autorización del Ministerio de Educación y Fedeguayas contribuyó con la cesión del estadio Modelo para el funcionamiento del plantel. Bajo la dirección de la profesora Griselda Parra la iniciativa prosperó gracias a que el ministerio permitió que hicieran docencia maestros como Napoleón Gamboa, Fátima Navarro y otros especialistas.

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La Fedeguayas decidió en 2009 acoger de modo definitivo la unidad educativa y confió su dirección a un destacado maestro de larga experiencia en la docencia y en el deporte: Roberto Rojas Vera. Ha tenido grandes éxitos en la participación deportiva y en la formación integral de quienes se gradúan como Promotores de la Recreación y el Deporte. Algunos alumnos han participado con mucho éxito en las selecciones nacionales y muchos contribuyen con sus conocimientos en los programas de federaciones ecuatorianas y asociaciones provinciales.

Experto en metidas de pata que ponen en mal predicamento al gobierno que representa, el ministro Sebastián Palacios sostiene con desparpajo que la Unidad Educativa Fedeguayas no tiene nada que ver con el deporte formativo. Indudablemente, entregado a su proyecto político personal, no ha podido enterarse del funcionamiento de la unidad. Tampoco tiene idea de cómo funciona el deporte y ya le aplicó el machete a las federaciones recortando sus presupuestos, lo que ha motivado el reclamo de algunas de ellas.

Mala suerte ha tenido el deporte con sus ministros desde que Rafael Correa nombró al primero de ellos. Todo ha resultado mal con estos personajes. Creímos que Guillermo Lasso acertaría con Palacios, exdeportista, pero este no se cansa de colocar granadas bajo el sillón presidencial. Tiene suerte porque a Lasso le importa un pepino el deporte. De no ser así, ya hubiera despedido a su quintacolumnista. (O)