Bangú Atlético Clube visitó dos veces Guayaquil y en ambas ocasiones contribuyó a cambiar la historia de nuestro fútbol, especialmente en lo que tiene que ver con los dos equipos del barrio del Astillero: Barcelona y Emelec. Nos detendremos un poco más en los eléctricos por la coincidencia de fechas, ya que en 1962 también se produjo la llegada del mejor técnico de la historia del club millonario: el legendario Fernando Paternoster. Esta es la historia.

Fundado en 1904, Bangú fue anunciado para presentarse en el viejo estadio Capwell en 1957 ante Emelec, el 2 de junio. Los eléctricos habían conseguido el año previo su primer título de la era profesional y contaban con un plantel en el que estaban Cipriano Yulee, Jaime Ubilla, Cruz Alberto Ávila, Rómulo Gómez, José Vicente Balseca, Daniel Pinto, Carlos Raffo, Jorge Larraz, Júpiter Miranda, Carol Farah, Eduardo Guzmán, Bolívar Herrera, Ricardo Rivero y otros excelentes jugadores. Por su condición de detentador de la corona fue elegido para enfrentar al poderoso equipo carioca, que encabezaba el mundialmente famoso Zizinho, creador y goleador de las selecciones de Brasil desde 1946 y sobreviviente de la dolorosa caída en el Maracanazo.

Para quien esto escribe Zizinho es uno de los futbolistas que más recuerda en 71 años de ver fútbol. Era una constelación en la que destacaban el arquero Ubirajara –seleccionado de Brasil–, y el joven y espigado zaguero central Zózimo, quien un año después como suplente de Bellini fue campeón en el Mundial de Suecia 1958 y luego titular en Chile 1962. Bangú, en una muestra de altísima calidad, en un Capwell repleto, venció a Emelec 5-1, goles de Zizinho (2), Mario, Calazans, y Zózimo. Era la primera vez que veíamos a un defensa central entrar a cabecear córneres y tiros libres, aparte de que llegaba tocando el balón con sus delanteros. Toda una sorpresa.

Equipo Bangú, de Brasil, en su visita a Guayaquil en 1957, reseñada en EL UNIVERSO. Foto: Archivo

Enseguida se pactó un segundo encuentro. Se presumía que, como tantas otras veces, el ídolo de la afición “sacaría la cara” por nuestro balompié. Pasó todo lo contrario. Barcelona sufrió una goleada histórica al caer 8-1. Zizinho (2), Decio (2), Hilton Vacari y Zózimo. Simón Cañarte descontó de tiro penal. La goleada provocó la ira popular y la crítica de la prensa. Los dirigentes decidieron cesar a jugadores que, según ellos, habían cumplido su ciclo. Se fueron históricos como Carlos Pibe Sánchez, Sigifredo Chuchuca, Jorge Mocho Rodríguez, Enrique Cantos, Luis Jurado y otros jugadores. Bangú provocó una crisis que pudo tener consecuencias devastadoras. Las nuevas figuras no dieron la talla, a excepción de Vicente Lecaro.

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Barcelona quedó último en 1958 y se salvó de descender gracias a la deserción de Unión Deportiva Valdez, cuyo cupo fue asignado al ídolo. Tardó en convalecer hasta 1960 en que ganó su primer título nacional gracias al retorno, con 35 años, de Enrique Cantos, convertido en conductor y goleador.

En su publicación de 1958, EL UNIVERSO destaca la goleada de los brasileños sobre Barcelona. Foto: Archivo

Con bangú vinieron en 1962 tiriza y helinho, luego cracks toreros.

Cinco años después Bangú desató otro sismo. Llegó a animar un cuadrangular con su paisano, el Sao Cristovão, Barcelona y Emelec. Estaba otra vez como capitán el arquero Ubirajara; no contaba con estrellas como en 1957, pero sus virtudes eran la cohesión en sus líneas, la armonía de sus desplazamientos, una velocidad asombrosa en sus ataques y una eficacia enorme.

Estaba conducido por un maestro de los de antes: el siempre bien recordado Francisco Souza Ferreyra, Gradym, a quien nos referiremos en la próxima columna para continuar con la historia que provocó Bangú. Emelec ostentaba la corona nacional de 1961. Tenía a Manolo Ordeñana en el marco (recién transferido del Panamá), Raúl Argüello, Cruz Ávila, Juan Moscol, Walter Arellano, Rómulo Gómez, Balseca, Raffo, Enrique Raymondi y la conducción siempre inteligente de Jorge Bolaños, entre los más destacados. Los azules debutaron el 16 de mayo de 1962, en el Modelo, con goleada de 4-1 a Sao Cristovao. Barcelona, en cambio, fue atropellado por Bangú 5-1. Esa noche empezó un romance del público con un jugador veloz, de una habilidad demoniaca que tenía un misil en su enclenque canilla izquierda: Walter Mendes do Carvalho, Tiriza.

Ricardo Chacón sugirió en este Diario ‘a jugar como ellos’.

A Emelec le fue casi igual. El irrefrenable Bangú le ganó 4-1 con otro show memorable de Tiriza, a quien el público bautizó el Diablo. Y para probar que tenía una artillería capaz de destrozar lo que se pusiera al frente, le metió 6-1 al Sao Cristovao. En ese duelo debutó en el club de Río Helinho, quien escribiría una página brillante poco más tarde. Nada menos que 15 goles en tres partidos. Y fue entonces que Bangú provocó la segunda revolución en todo nuestro fútbol.

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Como muchos otros episodios parte de la responsabilidad de esta renovación la tuvo EL UNIVERSO. Ricardo Chacón, en su columna Prismas del Deporte, comentó: “Un equipo de fútbol es lo que hemos visto esta temporada internacional. Ese equipo se llama Bangú. Hay tal calidad de juego en sus integrantes que se hace difícil el comentario al tratar de pormenorizar, de resaltar la bondad superior de cada uno de ellos (…) Pasar de primera es la misión del fútbol moderno y allí está la delantera de Bangú que juega más con la pelota que sin ella, ya en la llamada pared, o en el dos a uno (…) Todo lo hacen con precisión, con facilidad en el dominio del balón, con fuerza cuando la necesitan. Son maestros de una orquesta que no desafina nunca”. Y finalizó así: “La lección dejada por este once del Bangú será el mejor motivo de enseñanza para nuestros valores. Así que, a jugar como ellos”.

Los dirigentes de Emelec fueron los primeros en hacer los deberes. Contrataron al ya célebre maestro Fernando Paternoster, con larga y fructífera carrera como DT en la selección de Colombia y en varios clubes importantes. Arribó y en pocos días construyó aquel gran equipo llamado Ballet Azul, en el que brillaban, en una línea media incomparable, Henry Magri y Carlos Pineda.

A ellos se debió en gran parte la eternidad de la mejor delantera que recuerden los eléctricos, la de Los Cinco Reyes Magos: Balseca, Bolaños, Raffo, Raymondi y Roberto Pibe Ortega. Para aliviar la carga económica del club Paternoster decidió vivir en la residencial que estaba en los bajos de la tribuna del estadio Capwell.

Su vida era el fútbol. A las 07:00 bajaba para aspirar el aroma del césped recién cortado, como me contó una noche mi recordado pana Jorge Bolaños. En mayo de 1967 lo cesaron. Tomó su escaso equipaje y se embarcó para Buenos Aires. A los pocos días Paternoster falleció de tristeza. (O)