Lo dicen a diario con desprecio e impunidad, agravando el grado de ignorancia que afecta a las redes sociales. Algunos reaccionan indignados, pero la mayoría aplaude. Los programas deportivos están plagados de esta especie microbiana porque se acabaron las grandes figuras del periodismo nacional que un día dignificaron la profesión. Sobreviven algunos colegas luchando denodadamente por enseñar a los jóvenes que el deporte es escuela de salud cívica, pero la minusvalía moral e intelectual gana terreno porque la descomposición viene desde muy arriba.

La regla general es el desprecio por la historia: “Eso no sirve porque yo no lo vi”; “el fútbol es moderno desde 1998, año en que yo nací”; “los jugadores de antes no sabían nada con el balón en los pies”; “en tiempos del Capwell y del Modelo jugaba cualquiera”; “no se puede comprar a Víctor Ephanor con Leonai Souza”; “Damián Manso es mejor 10 que Moacyr Pinto porque ganó la Libertadores”.

Y así puede usted coleccionar idioteces que, con mucho mérito, deberían engrosar el libro Historia de la estupidez humana, del húngaro Paul Tabori (1908-1974).

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El autor describe su obra así: “Este libro trata de la estupidez, la tontería; la imbecilidad, la incapacidad, la torpeza, la vacuidad, la estrechez de miras, la fatuidad, la idiotez, la locura, el desvarío. Estudia a los estúpidos, los necios, los seres de inteligencia menguada, los de pocas luces, los tontos, los bobos, los superficiales; los mentecatos, los novatos y los que chochean; los simples, los desequilibrados, los chiflados, los irresponsables, los embrutecidos”. Agrega: “En él nos proponemos presentar una galería de payasos, simplotes, badulaques, papanatas, peleles, zotes, bodoques, pazguatos, zopencos, estólidos, majaderos y energúmenos de ayer y de hoy”.

‘Manga, solo un preparador de arqueros’

¿Cuántos exponentes del orgulloso y ensoberbecido ‘periodismo ecuatoriano moderno’ estarían en este libro? Mi criterio es que casi todos. Negar que Manga —el ya desaparecido arquero brasileño— fue en un tiempo el mejor del mundo y decir “no me consta porque yo no lo vi. Para mí solo era un preparador de arqueros”, no es amor por el presente: es una forma de analfabetismo histórico. El presentismo del que padece esta tribu perniciosa es la versión cultural del egocentrismo: todo comienza conmigo porque yo soy el punto cero de la experiencia.

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Pero el fútbol, como cualquier fenómeno histórico, es acumulación; es tradición, ruptura y síntesis. Pensar que la calidad apareció en la fecha de tu nacimiento es negar que el juego ya había atravesado revoluciones tácticas, técnicas y estéticas mucho antes. Una teoría de la “generación idiota” —como la ha llamado en su libro el escritor argentino Agustín Laje— es que el equipo de Barcelona SC de hoy, sin figuras descollantes, mediocre y de ínfimo nivel futbolero, es mejor que cualquiera de antes.

El argumento que se esgrime es intelectualmente minúsculo: representa lo actual porque el pasado no cuenta. No importa que lo formen jugadores de cuarta, algunos importados de series menores y que no pueden ganar pese a la desventaja numérica del rival. El hoy es más poderoso que el ayer y basta. Pero es un sofisma, una falacia, una trampa para consumo de incautos e iletrados.

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Inolvidables canarios de 1986

En 1986, Barcelona SC contaba con una plantilla de primera categoría. Para la “generación idiota”, los nombres no significan nada porque no han leído ni escuchado sobre sus virtudes. No obstante, para quienes vivieron la época del estadio Modelo, esos nombres despiertan emociones supremas: Carlos Luis Morales, Flavio Perlaza, Hólger Quiñónez, Fausto Klinger, Alfredo de los Santos, Jimmy Montanero, Tulio Quinteros, Galo Vásquez, Juan Madruñero, Luis Palito Ordoñez, Lupo Quiñónez, Lorenzo Klinger y dos brasileños que dejaron una huella indeleble: Toninho Vieira y Severino Vasconcelos.

Toninho llegó a Barcelona en 1985 procedente del Santos de Brasil, donde destacó como centrocampista creador de juego y se coronó campeón en 1978. En 1980, integró la selección de Brasil en el torneo internacional de Toulon. Aportaba en el centro del campo la magia del equilibrio y su gran talento para la elaboración ofensiva. Por su parte, Vasconcelos brilló en Náutico de Recife, desde donde pasó al Palmeiras y al Inter de Porto Alegre. En 1979, fue fichado por el Colo Colo de Chile, club en el que formó una dupla formidable con Carlos Caszely para ganar los campeonatos de aquel año, 1981 y 1983. En 1985, recaló en el club canario como volante de armado con una notable llegada al arco adversario.

Barcelona SC, con este plantel, se coronó campeón en 1985 y disputó la Copa Libertadores de 1986. Fue ubicado en el Grupo 3 junto a Deportivo Quito y los brasileños Coritiba y Bangú. Morales, muy joven aún, se había consolidado ya como el mejor arquero del país, resguardado por una defensa de alta calidad: Perlaza, De los Santos, Quiñónez y Klínger. También jugaban Montanero y el brasileño Luis Claudio en reemplazo de De los Santos. En la zona medular, presentaba una de las líneas que ha quedado en la historia como una de las mejores: Toninho, Vásquez y Vasconcelos, alternando con Tulio Quinteros. En la delantera, Madruñero, Lorenzo Klinger, Lupo y Ordoñez. Además, en algunos cotejos, apareció el uruguayo Luis Jaime, cuya presencia fue fugaz.

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Triunfo sobre Argentinos

El equipo torero tuvo su mejor momento cuando venció a Bangú en Guayaquil por 1-0 y en el Maracaná por 2-1 (los tres goles fueron de Vasconcelos), para empatar después con Coritiba. Aquello le permitió ganar el grupo y pasar a semifinales. En esta instancia, Barcelona SC debió disputar supremacías con dos potencias: Argentinos Juniors y River Plate. El primero era el campeón vigente de la Libertadores. En su nómina estaban campeones mundiales como Jorge Olguín, Sergio Batista y Claudio Borghi. River contaba con Nery Pumpido y Óscar Ruggeri, también campeones del mundo. Eran clubes repletos de estrellas.

A ese Argentinos Juniors, que había empatado con la Juventus tras 120 minutos en la final Intercontinental de 1985 para luego perderla en penales, Barcelona SC le ganó el 11 de septiembre de 1986 en el Modelo por 1-0. El gol fue de Vasconcelos, quien, como volante, marcó seis tantos en aquella Copa.

Argentinos Juniors puso a todas sus estrellas: Vidallé; Villalba, Pavoni, Olguín, Domenech; Lemme, Batista, Corsi; Castro, Borghi y Ereros. En la formación torera estaban Morales; Perlaza, Quinteros, Quiñónez, Klinger; Vásquez, Toninho, Vasconcelos; Lorenzo Klinger (Ordoñez), Lupo y Luis Jaime. Aparte del gol de Severino, recordaremos siempre el baile que le dio Palito Ordoñez a su marcador en un concierto de dribles, regates y túneles que los periodistas de hoy no conocen.

No hay comparación posible entre el Barcelona SC de hoy y el de hace 40 años. Sus jugadores nacionales figuraban entre los mejores del país y los extranjeros eran auténticos cracks. La única diferencia radica entre el lujoso calendario de ayer y el insignificante y arrugado de hoy. (O)