En los últimos veinte años —antes no era así— se esparció una tontería por el territorio fútbol: que lo único que vale es ganar la Champions. Sin duda es el torneo de clubes que da más lustre, el más mediático y con mejores recompensas económicas. Incluso los futbolistas se cotizan según hayan ganado o no la Copa de Campeones de Europa. Pero no es lo único. Todos los títulos son importantes. Quien no valora ganar una Liga Conferencia que se corra y la deje para otro. Lo mismo pasa con la Coppa Italia, la MLS, el Torneo Paulista, la Conmebol Sudamericana o una Recopa. Parecen torneos menores, pero ser campeón cambia el presente de los clubes, los mejora hacia el futuro, les da ánimo a jugadores e hinchas, cotiza al plantel, el técnico aumenta su crédito y trabaja tranquilo, los futbolistas ven brillar su palmarés. También aumenta contratos de patrocinio —o los consigue— y genera ingresos. Todo el ecosistema de club cobra un impulso positivo.
Después de décadas en blanco, el Tottenham, un histórico del fútbol inglés, levantó en mayo último la Europa League y revirtió una temporada desastrosa. Había terminado 17.º en la Premier, solo por delante de los tres que descendieron. Sin embargo, gracias a esa conquista recibió 45 millones de dólares de premio, clasificó directo a la Champions y se anotó por fin una estrella en su historial. En una palabra: resucitó.
Tan relevante es ganar un título que, por perder la Supercopa, el Real Madrid despidió a su técnico, Xabi Alonso. Antiguamente hubiesen dicho: “No pasa nada, la Supercopa de España es una copita”. Y es casi lo mismo que dijo el propio Xabi en la rueda de prensa: “Es un partido, una competición que, de las que tenemos, es la menos importante”. Florentino Pérez no opina lo mismo: lo echó. Desde luego, ya venía derrapando el Real Madrid, el entrenador era cuestionado por no saber manejar al grupo y por falta de personalidad para tomar decisiones. Y un plus: fue derrotado en la final por el eterno enemigo. Eso pesa. Pero está claro que, si ganaba, no lo echaban, seguía hasta fin de temporada.
El año pasado, en el mismo lugar, jugando 37 minutos con diez hombres, el Barcelona había goleado 5 a 2 al Real Madrid. Esta vez fue apenas 3 a 2. Lo de siempre: un equipo que ama el fútbol y piensa siempre en jugar, atacar, hacer goles y otro metido en su área, dominado, esperando que el juego le ofrezca un contraataque. Ganó el primero. Y ya se está tornando costumbre. Desde el inicio del milenio ha tomado nítida ventaja el Barcelona (antes era muy al revés) y además lo ha sometido cantidades de veces con goleadas y festivales de fútbol.
Tres días después, ya sin Xabi Alonso y con Álvaro Arbeloa en la banca, el Madrid cayó insólitamente ante el Albacete (“un segunda”, como dicen en España) por 3 a 2 en el minuto 94 y quedó fuera de la Copa del Rey. Otro torneo “que no importa”, pero sí importa. Ahora quedan solo dos posibilidades para no quedar en blanco, como en el curso anterior: Liga y Champions.
La crisis del Madrid excede a Xabi Alonso y a la calidad de sus jugadores. Uno era sindicado como el técnico del futuro, el nuevo Guardiola o Klopp; los otros componen el plantel más costoso del mundo. El problema es más profundo: es un club que no ama el fútbol. No lo aman sus dirigentes ni sus hinchas. Solo quieren ganar. Pero para ganar tienes que querer jugar. Y eso no entra en sus prioridades. Allí todo es glamour, menos en el campo.
Su rival catalán es la contracara. Venimos de Barcelona, donde sostuvimos una charla de café con un alto miembro del cuerpo técnico. Nos confesó: “Este es un club bastante caótico: debe 2.500 millones de euros, tiene un llamativo desorden organizacional, no termina de remodelar el estadio… Pero todos, desde el presidente hasta el último chaval que milita en prebenjamines, quieren jugar bien, demostrar, ser superiores al rival. Está en el ADN de este club y es su mayor tesoro”.
El daño que ha hecho el mouriñismo en el Real Madrid se sabrá en décadas. Todos los jugadores que llegan, aunque sean buenos, se convierten en madridistas-mouriñistas. Y los de abajo también. Todos quieren impresionar atropellando, imponiendo reciedumbre, pechando rivales. Se ha tornado un club antipático, demasiado altivo, y eso los públicos internacionales lo advierten. Hace 25 años no se veía una camiseta del Barcelona en América Latina. Todo era del Madrid. Ahora se revirtió la tendencia: el Barça lidera, producto, sin duda, de la hermosura de su estilo.
Otro golpe fue el VAR, implantado en la Liga Española en la temporada 2018-2019. Se sabía que el VAR no era una buena noticia para el Real Madrid. Incluso las confusiones en el comienzo de dicha herramienta tecnológica lo beneficiaron, pero ahora es más inflexible. Especialmente en competencias europeas.
“Si yo fuera del Madrid, tuviese la plantilla más cara de Europa y jugase con cinco atrás, se me caería la cara de vergüenza”, dice con lógica un tuitero. ¿Y la prensa madridista…? El poder de Florentino Pérez es tal que los periodistas viven en un precipicio; podrían perder su trabajo si una crítica es demasiado cruda. No obstante, Juanma Castaño, fantástico analista de El partidazo de la Cope, se animó. Y fue contundente: “Echar a Xabi Alonso es una decisión arriesgada. Florentino lleva bastante tiempo tomando decisiones erráticas y equivocadas. Pasa que en el club no se lo dicen, no se atreven. Hizo un estadio que costó 450 millones de euros y el piso no quedó bien… El Bernabéu iba a ser el centro mundial de los conciertos, pero los vecinos se quejaron y quedó en nada; los conciertos se los está llevando todos el Atlético de Madrid… Creó la Superliga y se quedó solo… Está enfrentado a la Liga, a la UEFA, a todo. Se lo ve muy incómodo a Florentino. Ser la imagen de la derrota es algo que él no puede soportar. Fue un presidente impresionante, el más importante de la historia del Real Madrid, pero se está equivocando mucho”. Usó el tiempo pasado: fue.
Alfredo Relaño, exdirector de AS, lo comparó con el exmonarca español: “Se puede parecer lejanamente a lo que le pasó al rey Juan Carlos, a quien se le estuvo ocultando y disimulando todo, hasta que en un momento se generó una especie de efecto dominó… Es una cadena de penaltis fallados por Florentino, un hombre que parecía un rey Midas, pero que ya no da una”.
“El Madrid tiene un gran problema en estos tiempos y es que, a diferencia de antes, una abultada billetera no le permite encontrar soluciones”, dice Ricardo Rozo, agudo analista colombiano. Agrega: “En el fútbol actual ya no sales al mercado y encuentras los Ronaldo Nazario, Benzema, Redondo, Zidane, Roberto Carlos, etc. Cada vez salen menos jugadores capaces de ganar un partido por sí solos; se extinguen. En el Madrid hay un agravante a lo anterior: comprar primero pensando en el marketing y después en lo que el jugador puede aportar al equipo”. Y cierra: “Necesitan empezar a contratar pensando en el equipo y un DT que sepa potenciar jugadores, porque al igual que pasa con los automóviles, cada vez los futbolistas se estandarizan más”.
Aún tiene a tiro la Liga y la Champions. Y tratándose de este club, todo es posible. Sin embargo, en España está pisando firme el Barcelona, complica el Atlético, y afuera la calle está dura, hay muchos pesos pesados: Arsenal, Bayern, el PSG, Inter, Liverpool, Manchester City… (O)