En los últimos veinte años —antes no era así— se esparció una tontería por el territorio fútbol: que lo único que vale es ganar la Champions. Sin duda es el torneo de clubes que da más lustre, el más mediático y con mejores recompensas económicas. Incluso los futbolistas se cotizan según hayan ganado o no la Copa de Campeones de Europa. Pero no es lo único. Todos los títulos son importantes. Quien no valora ganar una Liga Conferencia que se corra y la deje para otro. Lo mismo pasa con la Coppa Italia, la MLS, el Torneo Paulista, la Conmebol Sudamericana o una Recopa. Parecen torneos menores, pero ser campeón cambia el presente de los clubes, los mejora hacia el futuro, les da ánimo a jugadores e hinchas, cotiza al plantel, el técnico aumenta su crédito y trabaja tranquilo, los futbolistas ven brillar su palmarés. También aumenta contratos de patrocinio —o los consigue— y genera ingresos. Todo el ecosistema de club cobra un impulso positivo.