“Aquel de Chile fue un Mundial caserito, muy sencillo, nada que ver con el despliegue tecnológico, de dinero y de gente que se hace hoy en cada Copa”, evocaba Emilio Lafferranderie, El Veco, periodista de raza, estrella en los años dorados de El Gráfico. En una decisión inesperada, el congreso de la FIFA de 1956 realizado en Lisboa, eligió a Chile como sede del Mundial 62. Que no era el pujante Chile actual. Tenía siete millones de habitantes, alto analfabetismo y una población mayormente rural. No había televisión todavía, llegaría recién en 1957. Aunque el fútbol sí era una pasión.