Emelec decidió trasladarse a Salinas durante la para por la doble fecha FIFA para intensificar sus entrenamientos, una medida que abre el debate sobre su conveniencia en un campeonato donde la mayoría de partidos se disputan en ciudades de altura.

La decisión del conjunto eléctrico de trabajar en Salinas responde a la intención de aprovechar la pausa del torneo para realizar una especie de minipretemporada, enfocada en lo físico y en la cohesión del grupo. Sin embargo, el contexto del fútbol ecuatoriano plantea una interrogante clave: ¿es el escenario ideal para prepararse?

En la actual Liga Pro Serie A, 10 de los 16 equipos compiten en la altura, con sedes ubicadas en ciudades como Quito, Loja, Ambato, Latacunga, Cuenca y Atuntaqui. Esto implica que una gran parte del calendario obliga a los clubes del llano a adaptarse constantemente a condiciones de menor oxígeno y mayor exigencia física.

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Desde el punto de vista fisiológico, entrenar al nivel del mar —como ocurre en Salinas— permite trabajar con mayor intensidad, ya que los jugadores no enfrentan las limitaciones propias de la altura. Esto puede traducirse en sesiones más exigentes, mejor recuperación y un enfoque más completo en aspectos tácticos y físicos.

No obstante, el principal cuestionamiento radica en la falta de adaptación específica a las condiciones que predominan en el torneo. Equipos que compiten regularmente en la altura desarrollan ventajas naturales, mientras que los del llano, como Emelec, suelen necesitar procesos de aclimatación que no se replican entrenando en la Costa.

A este debate se suma la visión de la periodista de la radio La Redonda Ivette Baquedano, quien respalda el enfoque adoptado por el club: “Considero que la llamada minipretemporada es una concentración que garantiza por completo el entrenamiento, la recuperación y el descanso del equipo. En tan poco tiempo no tendría una ganancia física como tal, sino una comunión para corregir errores específicos, con enfoque de disciplina. Salinas es un lugar idóneo por la adaptación del clima”.

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En la misma línea, el periodista de El Canal del Fútbol Kevin Suárez-Avilés coincide en que el beneficio principal no es físico, sino grupal: “La corta instancia en Salinas sirve más como integración y unión de grupo. El equipo estará apenas cuatro días, donde no hará nada que no pueda realizar en Guayaquil, pero el viaje fortalece la confianza y el compromiso del plantel”.

Así, más allá del debate sobre la altura, la apuesta de Emelec parece apuntar a un objetivo inmediato: reconstruir el grupo y fortalecer su funcionamiento interno, dejando en segundo plano la preparación específica para las condiciones del campeonato. (D)