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Frank Maridueña: Hay que rescatar el estadio Yeyo Úraga, pero también reactivar el béisbol porteño

Hay un plan para salvar al escenario, donde no se juega desde el 2017. Deben volver los torneos de mayores.

El Yeyo Úraga, escenario de béisbol de Guayaquil, fue inaugurado en noviembre de 1965, por los V Juegos Bolivarianos. Foto: redaccion

Mientras en las Grandes Ligas ya se juega la serie de campeonato, en nuestro país se gestiona la recuperación del estadio de béisbol Yeyo Úraga. El sábado 3 de octubre hubo un movimiento inusitado respecto al intento de rescate del histórico escenario, que ha estado en total abandono desde hace tres años. La estructura está en buen estado y ya han sido recuperadas algunas áreas, pero el terreno de juego está en muy malas condiciones. La llegada de la nueva administración de la Federación Deportiva del Guayas fue contactada por Jack Aragundi y varios expeloteros que quieren hacer el milagro de devolver la actividad a uno de los deportes que creció con la ciudad, pero que en los últimos tiempos decayó por descuido de la misma dirigencia y falta de apoyo federativo.

Es urgente la operación ‘rescate’ de la casa de nuestra pelota chica, testigo de tantas tardes y noches de buen béisbol en los tornes locales de mayores con la participación de poderosas novenas como Emelec, Barcelona, Oriente, Fatty, Cardenales, Bravos de las Américas, LDE, Nueve de Octubre y otras. Tenían peloteros criollos y extraordinarios refuerzos foráneos como los panameños.

Al cerrar el Reed Park y compartir el Capwell el fútbol con el béisbol, Fedeguayas consideró que era necesario tener su propia instalación y construyó un escenario de madera y tablones en los terrenos de Puerto Duarte, en las que hoy son las calles Cuenca y Tungurahua. Los triunfos internacionales del béisbol hicieron pensar a los directivos que era necesario un recinto mejor.

Un grupo de dirigentes, liderados por Juvenal Sáenz, aprovechó la organización de los V Juegos Bolivarianos de 1965 para hacer la gestión. Se consiguió un aporte de 42.000 sucres y la obra la ejecutó la Compañía General de Construcciones. El estadio estuvo listo para la apertura de los Bolivarianos, el 25 de noviembre de 1965. Con la llegada de iluminación se empezó a jugar los martes y jueves por la noche, y sábado con doble jornada. El interés se mantuvo intacto, pero las malas administraciones, la falta de apoyo institucional y las complicaciones económicas no permitieron la llegada de buenos refuerzos extranjeros con lo que se fue apagando el interés por el béisbol en Guayaquil.

Desde noviembre del 2017 no se juega en el Yeyo Úraga y como está la situación parece que este año tampoco. La recuperación del campo tomará buen tiempo. Si se quiere volver a jugar en césped natural, deberán nivelar el terreno, colocar el césped en planchas y esperar que prenda.

El comité que preside Jack Aragundi y firmó un convenio de administración con Roberto Ibáñez, presidente de Fedeguayas, en un acto al que llegaron algunos de los que escribieron los días de gloria del béisbol ecuatoriano, como Eloy Guerrero, Bonifacio Morán, José Portalanza, Ernesto Weisson, Pedro Arana, Gustavo Giler, Julio Yánez, Walter Veintimilla, Ángel Ochoa, Francisco Plaza, Eduardo Díaz, Jorge Perasso, Juan Batista, Damián Villanueva, Pedro Toledo, Marcos Carrillo, Cristian Mora, Gustavo Cornejo, Milton Intriago. También llegó una delegación de antaño del Vicente Rocafuerte que en una misma tarde ganó un torneo de segunda división de béisbol y un intercolegial de fútbol, en el Ramón Unamuno: José Herbas, Ricardo Montalvo, Luis Velasteguí, Gustavo Triviño, Carlos Silva y Ángel Molina.

Bonifacio Morán dijo emotivas frases: “En este escenario jugamos muchos años y aquí pasamos mucho más tiempo que en nuestras casas”. Pedro Arana expresó: “Aquí aprendimos a jugar y amar al deporte. También a ganar y perder, pero sobre todo adquirimos mucho orden, respeto y disciplina que la transmitimos a nuestros hijos y nietos”.

Cuando llegué al Yeyo caminé al home plate, el lugar donde se libra la eterna batalla entre el lanzador y el bateador; fui a la loma, el lugar sagrado de los pitchers; dirigí la mirada a las gradas y recordé aquellas jornadas de mucho público e imaginé que quizás lo peor ya pasó. Que todo mejorará y soñé, como todos los que fuimos ese sábado, que los nuevos directivos tendrán el valor, visión y capacidad para levantar el béisbol porteño. (O)

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