Inmediatamente después de terminada, la final del Mundial de 1950 en el Maracaná dejó de ser un partido de fútbol. Se convirtió en una metáfora sobre cómo el pequeño puede tumbar al gigante.
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El 16 de julio de 1950, los charrúas derrotaron a los auriverde y silenciaron el estadio brasileño.


Inmediatamente después de terminada, la final del Mundial de 1950 en el Maracaná dejó de ser un partido de fútbol. Se convirtió en una metáfora sobre cómo el pequeño puede tumbar al gigante.
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