Deportivo Cuenca vivió el jueves una jornada especial, lo positivo estuvo con un histórico enfrentamiento por octavos de final de Copa Sudamericana y un apoyo incondicional de su hinchada, pero también lo negativo con la derrota sufrida (2-0) ante Fluminense.
Los colorados jugaron como locales en el estadio Rodrigo Paz, en Quito, un escenario que tuvo una buena entrada de público, con casi 6.000 aficionados, de los que al menos 5.000 se trasladaron desde Cuenca.
Los hinchas llegaron en una caravana de buses organizada por el club, pero también por cuenta propia. Distintas zonas del estadio se vistieron de rojo, la hinchada cantó a todo momento, una actitud que llenó de satisfacción al plantel, aunque en la cancha no pudieran devolver el apoyo con un triunfo.
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"Solo queda agradecer a la gente que acompañó, se me erizó la piel ver a toda esa hinchada que viajó 12 horas para estar con nosotros. Les agradezco por eso, fue increíble seguir el movimiento masivo de los hinchas para llegar acá, una abrazo para todos", señaló el golero Brian Heras.
El cuencano comentó que tras el resultado el camerino quedó "golpeado", pero que el grupo se centra en lo que será el partido de vuelta el 4 de octubre en el Maracaná, "con la promesa de no defraudar, vamos a ir con la cabeza puesta en la clasificación", indicó.
Cuenca jugó por primera ocasión octavos de Sudamericana, algo que se equipara a los octavos de final de la Libertadores del 2009, las mejores instancias de los colorados en torneos internacionales. "Llegamos con mucho esfuerzo hasta acá, por eso no perdemos la fe, esto está intacto, queremos dar ese golpe que nadie se lo espera y clasificar", finalizó Heras. (D)












