Jorge Barraza: Argentina sin Messi, Colombia sin Pekerman

13 de Septiembre, 2018 - 00h00
13 Sep 2018
13 de Septiembre, 2018
13 Sep 2018

Colombia sin Pekerman, Argentina sin Messi. Así se recordará el enfrentamiento sin goles de ambas selecciones en Nueva Jersey. La ausencia de James no se cuenta porque fue una falta circunstancial para no alejarse demasiado del Bayern Munich, donde esta temporada la tendrá tan dura como con Zidane. En las primeras dos fechas de la Bundesliga, Niko Kovac lo puso en el minuto 83 ante el Hoffenheim y a los 77m ante el Sttutgart. Apostó por Thiago y Goretzka como volantes de corte y apoyo, una línea de tres volantes-delanteros con Robben, Thomas Müller y Ribery, más Lewandowski en el medio del ataque. Los seis parecen inamovibles. James entrevió lo que se le avecina: sin lesiones o suspensiones, la titularidad viene difícil. En Colombia la tiene segura, no hay problema si falta en una fecha FIFA.

Las otras ausencias son más significativas. Y traumáticas. Messi, tras la amarga decepción del Mundial, entró en uno de sus habituales y prolongados silencios, no aseguró que se va de la selección ni que se queda, pero a su manera dijo paso. Al menos hasta fin de año. El tema de fondo es Pekerman, su adiós, si no tumultuoso, sí amargo por las formas, por sus dolidas palabras en la despedida. Hubo un romance entre el técnico y la selección Colombia, y por extensión entre José y el pueblo futbolero de la patria de Botero y García Márquez. Seis años y medio de ilusiones vivió Colombia con el caballero de la dirección técnica. Como todo gran amor, lo único que no provoca la ruptura es indiferencia.

Para la galería queda un montaje: que la Federación Colombiana pretendía renovarle y Pekerman no aceptó. Eso en palabras. En el idioma de la gestualidad, la verdad es diametralmente opuesta: Pekerman se moría por seguir, la Federación no lo quería. Dicen que la condición que le habrían puesto, o le iban a imponer, era quitar de en medio a su espinoso representante Pascual Lezcano. Sucede con él lo que con Rasputin en el último Zarato: amado por la zarina, denostado por el resto del imperio, que lo culpaba de todos los males de Rusia.

Desde luego, tocarle a Lezcano, equivalía a decirle a Pekerman: “Te vas”. Nosotros no podemos decir si Lezcano es positivo o negativo, pues se trata de individuo inasible, inaudible, que se maneja detrás de bastidores. Y porque nos interesa el fútbol desde que se levanta el telón. Es verdad, Lezcano no ganará nunca el concurso de Mister Simpatía, pero decir que organizaba los amistosos de Colombia o que hacía convocar jugadores para elevarles la cotización y luego venderlos es desacreditar a la Federación y deshonrar al propio Pekerman. Y no existen pruebas ni testimonios.

La realidad, ese indiscutible muro de concreto, nos cuenta que, cuando llegó Pekerman en enero de 2012, la selección Colombia llevaba tres mundiales sin clasificar, jugaba mal, estaba envuelta en un encrespado mar de insatisfacción, críticas, polémicas y el peligro cierto de no ir a una cuarta Copa del Mundo. Y nadie hablaba de que había “una maravillosa generación de jugadores” ni de que Colombia tenía la obligación de ir a los mundiales a ganarlos. Tampoco de que, si enfrentaba a Inglaterra, debía salir a atacarlo a fondo. A partir de Pekerman crecieron las expectativas y se advirtió que había un grupo de grandes futbolistas.

Pekerman pensó en cosas más terrenales. Tomó el timón, serenó esas aguas, enderezó el rumbo, contagió su sonrisa a todos los hinchas, clasificó con ocho victorias en trece partidos dando espectáculo. Y en Brasil 2014, Colombia cumplió su mejor actuación mundialista alcanzando los cuartos de final con cuatro victorias, una derrota (ante el anfitrión) y doce goles. Y sin su gran estrella de la Eliminatoria, Radamel Falcao García. En el siguiente ciclo, ya sin el brillo del anterior, logró el pasaje a Rusia, donde ganó su grupo y cayó en octavos por penales ante Inglaterra. Esta vez el averiado fue James, que pudo jugar un solo partido en plenitud de forma, ante Polonia. Con Pekerman apareció o se vislumbró que había una excelente camada, no antes. El canoso entrenador se fue con un alto promedio de rendimiento: 62,4%.

Acerca de la “extraordinaria generación”, valga puntualizar que en la selección sí se vieron brillantes muchas de las veces que se juntaron, como en ese partido ante Polonia en Kazán, en el que compuso sin duda la mejor actuación de un equipo en el Mundial. O aquella ante Uruguay en el Maracaná cuando lo venció 2-0 con los violines a pleno. O como tantas otras en la eliminatoria del 2014. Pero, en sus clubes europeos, donde se supone que tienen grandes entrenadores (según sus críticos, mejores que Pekerman), poco brillaron y muchos tienen más minutos de banco que en cancha. Entonces cabe la pregunta: ¿qué técnico los aprovechó mejor…?, ¿quién confió más ellos…?, ¿quién los ayudó a lograr el reconocimiento internacional…? James pasó al Real Madrid en 80 millones de euros tras su brillante Mundial en Brasil, lo potenció Pekerman en la selección, no Claudio Ranieri en el Mónaco.

No obstante, más allá de los números y las clasificaciones, lo más relevante de la era Pekerman es la dignidad con que ocupó el cargo, la paz que envolvió a la selección en todo su mandato, alejada de todo chusmerío, la organización y el profesionalismo que rodeó a sus futbolistas. También se le debe haber situado a Colombia en la élite de las selecciones, ubicándola entre las primeras del ranking mundial, conquistando el respeto de todos, jugando de igual a igual contra todas las potencias, insuflando al equipo de una ponderable mentalidad combativa (Colombia no fue fácil para nadie). Y siempre manteniendo feliz a su gente, esperanzada de llegar bien alto, expectativa que antes no abrigaba. La nube amarilla en los estadios de Rusia cada vez que jugó Colombia es testimonio del orgullo y el entusiasmo despertado por este equipo de José.

La prueba que califica su trabajo es que la mayoría de sus jugadores digan que es el mejor maestro que tuvieron. Y que hasta sus mismos detractores exijan que quien tome su relevo mantenga o aumente el nivel de excelencia conseguido hasta acá. Es cierto que luego de Brasil 2014 ya Colombia no exhibió el juego bonito que arrancó en 2012; Pekerman se tornó más cauteloso. Tampoco los jugadores fueron los mismos; muchos pagaron por la inactividad en sus clubes. Le cabía a la Federación el derecho de no renovarle si no era el deseo de los dirigentes.

Pero Pekerman merecía otra salida. Se instaló en Bogotá desde el retorno de Rusia esperando como novia fea una llamada que nunca llegó. Lo dejaron en un limbo en una clara estrategia de desgaste, de enfriamiento, para provocar la ruptura. Cuando el tiempo pase y un día vuelva a Colombia por cualquier motivo, el hincha se expresará, aunque ya ha dado su veredicto abrumador en las redes: “Gracias, profe Pekerman”.

Alberto Cortez le puso letra y música a un idilio igual: “En un rincón del alma, donde tengo la pena, que me dejó tu adiós… En un rincón del alma, se aburre aquel poema, que nuestro amor creó…” (O)

Messi, tras la amarga decepción del Mundial, entró en uno de sus habituales y prolongados silencios, no aseguró que se va de la Selección ni que se queda, pero a su manera dijo paso.

Jorge Barraza: Argentina sin Messi, Colombia sin Pekerman
Columnistas
2018-09-13T09:13:34-05:00
Cuando llegó Pekerman en enero de 2012, Colombia llevaba tres mundiales sin clasificar, jugaba mal, estaba envuelta en críticas, polémicas y el peligro cierto de no ir a una cuarta Copa del Mundo.
El Universo

Lo más leído