“El fútbol brasileño, desde su magnífica conquista en Suecia, coronándose campeón del mundo en 1958, está considerado como la más elocuente expresión de arte y belleza. No sería pecar de exagerados si se expresa que varios de los componentes del Palmeiras, que inicia en Guayaquil una extensa gira, practican ese fútbol a la perfección”. Con esa introducción, que describía el juego deslumbrante del club paulista, anticipaba este Diario, el 2 de enero de 1959, la visita de los verdes.