Desde finales de septiembre de 2026, las lluvias marcaron el inicio de la temporada invernal en Quito, luego de una fuerte época seca que arrasó con más de 1.600 hectáreas de vegetación, por incendios forestales. Desde inicios de octubre, las precipitaciones han aumentado su intensidad y las inundaciones se han convertido en un problema recurrente para los quiteños.

La gran cantidad de agua que cae del cielo no es el único factor. Las precipitaciones también están acompañadas de granizadas, que complican aún más la situación en la ciudad. Según los pronósticos del Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (Inamhi), este panorama podría mantenerse durante los próximos días.

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En su última advertencia meteorológica, el organismo prevé que las lluvias aumenten su intensidad hasta el 30 de octubre. Las provincias con mayor probabilidad de registrar estas condiciones son Pichincha, Bolívar, Cotopaxi y Loja. Los pronósticos también se enmarcan en las condiciones climáticas asociadas al fenómeno de El Niño.

Las últimas emergencias registradas en la capital han generado preocupación sobre la capacidad del sistema de alcantarillado para evacuar el agua lluvia y el granizo. Este último representa un desafío adicional, pues su acumulación puede obstruir los sistemas de drenaje.

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El metro de Quito enfrentó sus primeras inundaciones con un protocolo que se deberá repetir si el clima no da tregua

Precisamente, este es uno de los factores señalados por las autoridades municipales para explicar los problemas de acumulación de agua que enfrenta la ciudad: el granizo, al acumularse como material sólido, puede bloquear las estructuras de drenaje y dificultar la evacuación del agua.

La topografía de la capital ecuatoriana

Quito se extiende entre quebradas, muchas de las cuales fueron rellenadas durante el crecimiento y la planificación urbana. A esto se suma la presencia de cauces y afluentes subterráneos, así como una topografía marcada por las laderas del Pichincha y los valles. Por ello, cuando se registran precipitaciones superiores a los niveles históricos, el agua busca sus cauces naturales.

Esta es una de las explicaciones de Fernando Zamorano, arquitecto urbanista y exfuncionario municipal. El experto añade que los sumideros de urbanizaciones y barrios antiguos no fueron diseñados para recibir los volúmenes de agua lluvia que se registran actualmente. A esto se suma que la red tampoco está preparada para responder adecuadamente a la acumulación de granizo.

“Lo que vendría ahora es hacer nueva infraestructura para estos nuevos casos de riesgo y este nuevo nivel de lluvias al que nos enfrentamos y vamos a enfrentar”, señaló Zamorano.

Sin embargo, el urbanista advierte que estas obras no se ejecutan de la noche a la mañana. Requieren planificación y podrían tomar hasta quince años, dependiendo de su alcance.

Como ejemplo, recuerda la ampliación del colector de la quebrada El Tejado, una infraestructura que ya existía, pero cuya capacidad fue superada por las fuertes lluvias de enero de 2022, que provocaron un aluvión en el sector de La Gasca. Tras esos episodios, se plantearon nuevas intervenciones para ampliar la capacidad de captación y conducción del agua.

Hasta octubre de 2026, el Municipio ejecuta una ampliación del sistema de captación y un nuevo colector de alivio, obras cuya culminación está prevista para inicios de 2027.

Las soluciones deberían abordarse desde varios frentes

Para Zamorano, una de las primeras medidas sería establecer restricciones más estrictas a los asentamientos en rellenos de quebradas. La ciudadanía también debe respetar las prohibiciones de construir en los bordes de quebradas y en zonas vulnerables.

Según el urbanista, los asentamientos irregulares y aquellos que se han consolidado sin una planificación adecuada, como los del sector de Carretas, pueden obstruir el flujo natural del agua y favorecer su acumulación.

El segundo eje planteado por Zamorano es la elaboración de estudios especializados sobre escorrentía y flujos de agua. El Municipio debería realizarlos en coordinación con entidades como la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos, el Inamhi y el Instituto Geográfico Militar, con el fin de identificar las zonas históricamente más propensas a inundaciones.

A partir de esos resultados, se podrían ejecutar intervenciones físicas, como la construcción de grandes sumideros que ayuden a evacuar el agua y reduzcan los estancamientos.

Finalmente, el experto plantea la necesidad de coordinar acciones entre el Gobierno local, el Ejecutivo, las entidades de emergencia y la ciudadanía para implementar planes de prevención y mitigación. También advierte que los desastres naturales no deberían convertirse en motivo de confrontación política, aunque las medidas de prevención y la respuesta institucional sí deben ser evaluadas.

Quito presentó su plan de acción, pero persisten cuestionamientos

A finales de junio de 2026, la Secretaría Nacional de Gestión de Riesgos (SNGR) informó que 85 Gobiernos autónomos descentralizados (GAD) incumplieron la entrega de los planes de acción que debían elaborar para prepararse ante un posible evento de El Niño.

Quito estuvo entre los Gobiernos locales que entregaron el documento dentro del plazo establecido. Sin embargo, posteriormente surgieron cuestionamientos sobre su ejecución y las acciones previstas para reducir los riesgos durante la temporada lluviosa.

Según la SNGR, los reportes de avance correspondientes al cierre de septiembre evidenciaron que los trabajos prioritarios de limpieza y mantenimiento de sumideros, alcantarillas y sistemas de descarga pluvial todavía no estaban completos.

Las críticas se intensificaron el 27 de octubre de 2026, cuando la ministra de Gobierno, Nataly Morillo, calificó de incompetente al alcalde de Quito, Pabel Muñoz, por la respuesta municipal ante las necesidades de la ciudad durante las lluvias. La funcionaria también se refirió a los planes de acción que se exigieron a los Gobiernos locales desde mayo de este año. (I)