En las rejas de la zapatería de Pilar Cela, ubicada en La Floresta 3, sobre la calle Ana Moreno de Safadi, en el sur de Guayaquil, un plástico negro cubría un muro de unos 50 centímetros de alto.

El cemento todavía estaba fresco. No tenía más de un día. La mujer decidió elevar el muro que ya tenía después de las lluvias del último domingo, cuando el agua ingresó a su local y avanzó hasta su vivienda.

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Los daños económicos no fueron mayores, pero hubo pérdidas que afectaron especialmente a su familia. Su hija es coleccionista de vinilos y el agua alcanzó varios de sus discos, entre ellos los de su agrupación favorita: The Beatles.

Este miércoles, los vinilos todavía permanecían dispersos por la sala de la vivienda. Entre ellos, los familiares revisaban cuáles podían recuperarse y cuáles habían quedado dañados por el agua.

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Para Cela, las inundaciones también están relacionadas con la acumulación de desechos y la falta de limpieza del sistema de alcantarillado. “Las alcantarillas están tapadas todas”, afirmó.

La moradora, que vive en el sector desde hace 39 años, contó que los trabajadores de Urvaseo pasan a diario barriendo las veredas. Sin embargo, aseguró que desde hace tiempo no ha visto personal de Interagua realizando labores de limpieza en las alcantarillas.

A esta situación sumó la falta de tachos de basura en las aceras. La mujer cuestionó que, ante la ausencia de recipientes cercanos, algunos transeúntes arrojan sus desperdicios en la calle, mientras que otros dejan las fundas en las esquinas fuera del horario de recolección.

“Solo hay un tacho de basura ahí en la esquina. La gente bota la basura en la calle y hay quienes no respetan el horario y la dejan tirada ahí. Deben poner más tachos; las personas, hacer mayor conciencia y limpiar las alcantarillas, si no, nos seguiremos inundando”, expresó.

Manuel Freire, habitante del barrio Juan Péndola. Foto: El Universo

Una preocupación similar tiene Manuel Freire, habitante del barrio Juan Péndola. La lluvia del domingo también inundó toda su vivienda y el agua alcanzó aproximadamente la altura de las pantorrillas.

Esa noche permaneció despierto hasta cerca de la medianoche, tratando de sacar el agua que había ingresado a su casa.

Ahora busca evitar que la escena se repita. Este miércoles cotizaba planchas para levantar una barrera en la puerta de su vivienda. Calculaba que cada una podría costar alrededor de $ 14, aunque todavía no decidía si comprar las negras o las galvanizadas.

Dentro de la casa también reorganizó sus pertenencias. Guardó los electrodomésticos y otros objetos en el último cuarto, ubicado en una zona más elevada, para protegerlos si vuelve a ingresar el agua. Hasta ahora, aseguró, ninguno de esos equipos resultó afectado.

Freire también atribuyó parte del problema a la basura acumulada y a la falta de mantenimiento de las alcantarillas. Aseguró que hace bastante tiempo no observa trabajos de limpieza en estos puntos y pidió que se retomen las labores, especialmente durante la temporada de lluvias.

“El agua que me entró aquí el domingo era agua apestosa”, recordó. A su criterio, abrir calles para ejecutar obras en plena temporada invernal ya no sería una solución inmediata.

Por eso, planteó que primero se limpien las alcantarillas y que, una vez terminado el invierno, se revisen las tuberías para evaluar la instalación de otras de mayor diámetro que permitan evacuar el agua con más facilidad.

El morador también propuso colocar contenedores grandes, similares a los recipientes verdes de Urvaseo que ha visto en Sauces, para concentrar los desperdicios y evitar que terminen esparcidos en las calles.

Sin embargo, reconoció que el manejo de la basura también depende de los habitantes. El recolector suele pasar cerca de las 08:00, pero algunas personas sacan las fundas después de que el vehículo ya ha recorrido el sector.

Por eso, consideró necesario controlar el cumplimiento de los horarios de recolección y lograr que los vecinos colaboren para mantener despejadas las calles y las alcantarillas.

Durante un recorrido realizado por este Diario también se observó acumulación de basura en las obras de regeneración urbana que se ejecutan en la avenida Doctora Mariana Argudo Chejin, a la altura de la cooperativa Unión de Bananeros.

En ese punto, Pedro Segura, comerciante de gorras, también observa con preocupación los desperdicios que se acumulan en las calles. El último contenedor de basura que recuerda en el sector fue retirado alrededor de 2015, hace unos once años.

Segura recordó que los recicladores lo revolvían para buscar objetos y terminaban dejando la basura esparcida en los alrededores. Con el tiempo, el contenedor permanecía rodeado de desechos y el Municipio lo retiró.

Desde entonces, aseguró, los moradores no cuentan con un espacio adecuado para depositar sus fundas. Como resultado, parte de los desperdicios termina acumulada en determinados puntos de la vía.

Para el comerciante, la solución no consiste únicamente en colocar nuevos recipientes, sino también en garantizar que el servicio de recolección llegue hasta el sector.

Segura cuestionó que los camiones recolectores no pasen por su calle con la frecuencia que necesitan los habitantes. En ocasiones, afirmó, el vehículo continúa su recorrido sin detenerse, por lo que los vecinos deben trasladar sus desperdicios hasta otra vía donde sí recogen la basura.

Por eso, pidió establecer días y horarios de recolección para que los moradores sepan cuándo sacar sus fundas y evitar que permanezcan acumuladas en las calles. (I)