Durante las lluvias, mientras algunos guayaquileños prefieren quedarse en casa y pedir comida a domicilio, los repartidores enfrentan dificultades para llegar a sus clientes.
Las calles anegadas, el riesgo de accidentes y las posibles averías de sus motocicletas pueden impedirles completar las entregas.
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Jesús Soledispa, quien trabaja como repartidor en motocicleta, vivió esa situación el pasado 26 de octubre, cuando las fuertes precipitaciones provocaron inundaciones en varios sectores de Guayaquil. Ese día, las complicaciones lo obligaron a suspender sus recorridos y regresar a su casa.
Durante las 24 horas de ese lunes, los pluviómetros de Guayaquil registraron más de 250 milímetros de lluvia, equivalentes a unos 100.000 millones de litros de agua sobre la zona urbana. Las inundaciones afectaron sectores como Urdesa, la avenida del Bombero y la Juan Tanca Marengo.
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El repartidor explicó que las solicitudes que aparecen en la aplicación no siempre pueden convertirse en entregas. Aunque inicialmente hubo alrededor de 40 pedidos, solo pudo realizar tres de ellos.
“Salen pedidos por todos lados y pagan bien, pero es difícil porque termina saliendo más cara la reparación de las motos”, contó.
Las tarifas aumentan, pero también los riesgos
Ezequiel Veloz, otro motociclista que se desempeña como delivery, explicó que las aplicaciones, al menos Uber Eats, aumentan las tarifas cuando llueve. Sin embargo, ese ingreso adicional no elimina los riesgos de circular por calles anegadas ni garantiza que se puedan completar los pedidos.
“Cuando llueve fuerte, como el lunes, no vas a poder chambear”, explicó al describir las dificultades que enfrenta cuando las precipitaciones impiden movilizarse con seguridad.
El repartidor también mencionó los incentivos que ofrece la aplicación por cumplir metas de entregas. Como ejemplo, explicó que puede recibir $ 60 adicionales al completar 50 viajes, aunque aclaró que estas promociones no aparecen todos los días.
El principal riesgo es que el agua ingrese al motor y dañe la motocicleta. “Desde que se te mete agua al motor, pierdes plata, pierdes tiempo, no trabajas”, dijo.
Según Veloz, reparar el vehículo puede costar alrededor de $ 50, dependiendo del daño y del taller mecánico. Además, contó que una semana antes se había resbalado y caído de su motocicleta durante las lluvias.
“Fue avanzando por la Pedro Menéndez, la calzada estaba mojada y perdí el control de la moto. Todas las piernas me raspé, al día siguiente no pude trabajar. La aplicación te aumenta las tarifas, pero no cubre gastos en caso de accidente. Ese es el problema”, agregó.
Veloz también explicó que rechazar solicitudes puede afectar la calificación de su cuenta dentro de la aplicación.
Por eso, los repartidores deben equilibrar la necesidad de aceptar pedidos con los riesgos de circular cuando las calles están inundadas.
De $ 12 durante la lluvia a $ 125 al día siguiente
Geovanny Alaba, quien suele hacer pedidos en el sur de Guayaquil, contó que el pasado 26 de octubre ganó $ 12, mientras que el martes obtuvo $ 125.
Sin embargo, aclaró que esta última cantidad incluía incentivos por cumplir metas y no correspondía únicamente al pago por las entregas.
En una jornada con mejores condiciones, el motociclista puede completar entre 27 y 30 pedidos. Al recordar sus ganancias, explicó que los resultados dependen de la cantidad de viajes, las tarifas y las bonificaciones disponibles.
“Hay días que yo me he ido hasta con cinco dólares”, contó. En cambio, en otras jornadas ha conseguido ingresos más altos gracias al volumen de entregas y los incentivos de la plataforma.
Las lluvias pueden aumentar la demanda de comida a domicilio, pero también limitar la capacidad de los repartidores para atenderla.
Para los repartidores, el problema es que las solicitudes no garantizan ingresos si las inundaciones los obligan a detenerse o ponen en riesgo la motocicleta con la que trabajan. (I)