La Orquesta Sinfónica de Guayaquil inauguró su temporada 2013 en el Teatro Centro Arte la noche del pasado viernes, con un concierto en que preponderaban obras del periodo barroco.

El concierto fue precedido por unos cortos discursos de presentación y un minuto de silencio por el reciente fallecimiento del padre de Davit Harutyunyan, director artístico de la OSG, quien lideró la orquesta.

Publicidad

El programa abrió con una de las más conocidas arias de Handel, Let the bright Seraphim de la ópera/oratorio Samson, que interpretó la soprano Yasmine Yaselga, abordando con virtuosismo los numerosos melismas que adornan la ya de por sí exuberante música de esta pieza. Su voz era notable por su sutil vibrato y gran proyección, llenando sin dificultad la sala principal del TCA.

La pieza que le siguió, el primer dúo del Stábat mater, de Pergolesi, contrastó por su tonalidad menor y atmósfera trágica, con el clavicordio marcando sombríamente el ritmo. Yaselga cantó con el espíritu que demandaba su parte, pero aquella del alto la interpretó la soprano ucraniana Irina Valchak quitándole color y energía a su voz. Así pues fue fácilmente opacada por Yaselga. Esto ya ha sucedido antes con otras solistas: definitivamente hace falta una cantante con la tesitura apropiada (contralto) en el país.

Publicidad

Después Valchak tuvo una mejor oportunidad para demostrar su talento en la famosa Ave María de Schubert, sin embargo, la articulación de la orquesta no fue muy fluida.

Siguieron dos piezas de Bach y Mendelssohn, interpretadas por Roy Espinoza y Ruth Díaz en el primer caso y Díaz en el segundo. La primera parte cerró con otras tres arias del oratorio Samson, la primera siendo el famoso Why do the nations, que el bajo Espinoza interpretó al igual que la orquesta con mucha energía y pasión. El tenor Freddy Godoy interpretó las últimas dos arias no solo con buena voz y articulación, sino con la mejor dicción, haciendo mucho más inteligible el inglés, a diferencia del resto de los solistas.

La segunda parte consistió en el Magníficat en re mayor de Bach. Para esta pieza a los solistas y orquesta (reducida, como es de esperarse en una obra barroca) se sumó el Coro Festiva de la OSG. La interpretación de la pieza sorprendió al público desde el tutti con el que abre: el coro, solistas y orquesta no tuvieron dificultad alguna en inundar la sala con la música de esta obra maestra. De sus doce movimientos, resaltaron las partes de la trompeta y timpani en el primero; en el segundo Valchak, como soprano abordó numerosos melismas manteniendo una voz clara, con buena proyección, acompañada de las cuerdas y clavicordio.

En el tercero, el oboe tocó unas bellas y meditativas melodías y acompañó junto con el clavicordio a Yaselga; en el quinto el bajo Fabián González fue notable por su buena dicción y articulación, mientras que en el octavo Godoy sorprendió con su tremenda proyección. En el noveno Valchak articuló junto con las flautas unas traviesas melodías. La obra cerró con un movimiento similar al primero, con tutti forti, y el público agradeció con un muy extenso aplauso de pie de esos que rara vez se dan en los teatros de la ciudad.