AFP-EFE
CIUDAD DEL VATICANO.- La afluencia de público en la plaza de San Pedro para la misa del Domingo de Pascua y la bendición urbi et orbi estuvo ayer a la altura de la expectación que suscita el papa argentino Francisco, con su aura de humildad y sencillez y aires de cambio que trae a la Iglesia católica.

Cerca de un cuarto de millón de personas de todo el mundo acudió a la liturgia pascual que rememora la resurrección de Cristo. En su segundo mensaje urbi et orbi, después del pronunciado el día de su elección el pasado 13 de marzo, el primer pontífice latinoamericano habló por primera vez contra los conflictos ‘sangrientos’ que azotan al planeta.

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“Pidamos a Jesús resucitado que transforme la muerte en vida, el odio en amor, la venganza en perdón, la guerra en paz”, resumió Francisco con tono claro desde el balcón de la basílica de San Pedro.

Evitó mencionar los problemas de América Latina, su región, aunque condenó muchos de los males que la azotan, entre ellos el tráfico de drogas y de personas y sobre todo la codicia con sus consecuencias sociales. El prelado, que respetó puntualmente el texto que tenía preparado y habló solo en italiano, condenó a “quienes buscan fáciles ganancias” y el “egoísmo que amenaza la vida humana y la familia”. A diferencia de sus antecesores y como estaba previsto, no deseó ‘buena Pascua’ en 65 idiomas.

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Repasó las situaciones “más sangrientas”, especialmente la de Siria, para la que pidió “una solución política” de cara a los numerosos refugiados que están esperando ayuda y consuelo. “¡Cuánta sangre derramada! Y ¿cuánto dolor se ha de causar todavía, antes de que se consiga encontrar una solución política a la crisis?”, lamentó.

Francisco pidió también paz entre israelíes y palestinos, “que reanuden las negociaciones con determinación y disponibilidad, con el objetivo de poner fin a un conflicto que dura ya demasiado tiempo”. Instó a que “cese definitivamente toda violencia en Irak” y condenó los conflictos en Malí y Nigeria, “donde muchas personas, incluso niños, están siendo rehenes de grupos terroristas”.

Al término de la misa saludó a cada uno de los cardenales que asistieron y recorrió en un jeep blanco la plaza (decorada con 40.000 flores donadas por Holanda) para abrazar a los fieles y acariciar a enfermos. En su recorrido recibió una camiseta del San Lorenzo, el club de fútbol argentino de sus amores.

Pasada la Semana Santa, el nuevo papa deberá comenzar a trabajar en la reforma interna de la curia romana, lo que podría significar una suerte de revolución pacífica después de las críticas y polémicas que han desacreditado en los últimos años a la milenaria institución.

Ayer, el patriarca latino de Jerusalén, Fuad Twal, aprovechó la misa de resurrección celebrada en la Basílica del Santo Sepulcro para invitar al papa a visitar Tierra Santa, de donde –aseguró– “debe volver a partir la nueva evangelización”.