A finales de noviembre del 2009, Paúl Álvarez decidió emprender, junto con su esposa Pamela Ortiz, un pequeño negocio de paletas y barras de caramelos. Su pasión por la cocina y por los niños los llevó a investigar sobre cómo elaborar dulces gourmet de colores a los que bautizó como “pauletas”, una combinación entre su nombre Paúl y la palabra paleta.
Todos los procesos se aprendieron de forma autodidacta, durante tres meses de experimentación: consultaron en libros y en páginas en internet. Con su esposa improvisaron un taller en la cocina de su casa, con implementos comunes: ollas, sartenes, cucharas, mesas... Sus primeros clientes fueron sus propios familiares.
Publicidad
Al término del 2010, Paúl Álvarez, de 30 años e ingeniero en marketing, explicó que llegaron a vender $ 1.500. En el 2011 la cifra ascendió a $ 15.000 y en lo que va del año han contabilizado ventas por $ 80.000. Ese éxito lo atribuye a la red de contactos que empezó a tejer y a la “constancia y perseverancia”.
La capacidad productiva del negocio, que funciona en un local pequeño en el norte de Quito, se incrementó sustancialmente. Empezaron haciendo 15 paletas en una hora y en la actualidad pueden hacer 500 en el mismo tiempo, aunque la producción aún sigue siendo artesanal, con instrumentos inventados por ellos mismos.
Publicidad
El 80% de la producción (10.000 unidades mensuales), la compra la cadena de golosinas Entredulces. También ofrecen las golosinas a nivel corporativo y por internet, aprovechando los conocimientos de la esposa de Paúl, que es ingeniera en sistemas.
Pauleta es una marca registrada. Los dulces los elaboran bajo pedido y para su elaboración cuentan con el apoyo de cuatro personas. Para el 2013 aspiran a adquirir maquinarias para aumentar la producción.