Enrique Verástegui: “Yo he hecho lo que corresponde, escribir”



El poeta y novelista peruano Enrique Verástegui con su más reciente obra La máquina del crespús/culo.


El poeta y novelista peruano Enrique Verástegui con su más reciente obra La máquina del crespús/culo.
El poeta y novelista peruano Enrique Verástegui con su más reciente obra La máquina del crespús/culo.
27 de Octubre, 2012
27 Oct 2012

Cree haber hecho lo que le correspondía: escribir. Es poeta. Cuentista. Novelista. Dramaturgo. Ensayista. Filósofo. Guionista. Físico. Lógico. Matemático. Él es Enrique Verástegui. En 1950 nació en Lima aunque vivió su infancia en Cañete, cerca de la capital.

Por sus venas navega sangre vasca, china, africana y andina. Pero la afro es la que está tatuada en su piel. El peruano Verástegui fue uno de los invitados extranjeros de la Feria del Libro de Guayaquil.

Aunque no es muy dado a entrevistas y fotos. El jueves anterior –un día antes de participar en un recital poético– conversamos en el hall del hotel –me pareció que estuvo confinado en su habitación leyendo y escribiendo con su acostumbrada voracidad–.

Se expresa con lucidez, pero a veces pierde el hilo o su oralidad se traba. Según él, porque tiene un toque de locura. Cree que su obra, riquísima y vasta, está al nivel de Europa. Pese a ello, siempre ha preferido publicar en editoriales independientes.

Y aunque parezca extraño, su libro más popular es En los extramuros del mundo, su primer poemario publicado en 1972 cuando tenía 22 años y estudiaba Economía en la Universidad de San Marcos.

Ese jueves, lo invito a viajar a su infancia. Asegura que en su familia no existe ningún antecedente literario y cuenta: “Desde pequeño me ha gustado leer. A los 10 años empecé a leer novela. A los 12 años tuve una visión mística. Me preparaba para vivir. Leía literatura peruana”. Se refiere a mitos y leyendas del pueblo quechua, a autores como José María Arguedas y en especial a Los ríos profundos.

Ya a los 14 años cabalgó junto con Don Quijote de La Mancha; se enamoró con las rimas y leyendas de Adolfo Bécquer; filosofó con Emilio Quesada. “Leí libros fabulosos –asegura–.

Me deslumbró Los caminos de la libertad de Jean Paul Sastre y desde ahí me alucinaba ir a Europa. Bueno, yo he hecho lo que corresponde, escribir”.

Lo primero que publicó fue En los extramuros del mundo, según una encuesta realizada por la Universidad de Lima, es el libro más importante de los últimos 40 años en el Perú. Algo que él considera un misterio.

“Yo he entregado mi vida a un trabajo de buena voluntad. Para mí la poesía es para llegar al éxtasis, en tanto que la prosa es para pelearse con el mundo, para pelearse con los enemigos”, cree Verástegui, quien en Europa inició la escritura de Ética conformada por cuatro volúmenes de poesía: Monte de Goce; Taki Onqoy; Ángelus Novus; y Albus, obra con la cual abarca disciplinas artísticas, científicas y tecnológicas.

Además ha publicado cuatro novelas, una de ellas: Terceto de Lima, fue considerada por Mario Vargas Llosa: “la mejor novela peruana de los noventas”.

El jueves, cuando la luz de la mañana ilumina su rostro, indago sobre la razón de su registro expresivo tan amplio y diverso. Él, como mirando a la nada, dice: “Simplemente porque no quiero ser un hombre amputado. Un hombre debe ser tan pleno que cuya aura ilumine el camino a través de los tiempos”.

¿Por qué escribe Enrique Verástegui? “Escribo a partir de… –calla, reflexiona y retoma– Escribo por placer y por el placer de expresarlo”.

¿Y nunca le ha causado daño escribir? “No, no soy masoquista. Ni sádico tampoco. Soy taoísta. Ahora el lector si me ama de verás, no solo debe enamorarse de mi primer libro, sino leer todos. A veces pienso, si me habré sobrepasado. No sé…”.

¿Cuántos libros inéditos suyos tienen sus editores? “Son cuatro de prosa porque ya de la poesía me despedí”.

Esa mañana, cuando me obsequia La máquina del crespús/culo, su más reciente novela –publicada en mayo–. Me pide que la lea y que escriba sobre ella porque es superior a Gabriel García Márquez y Roberto Bolaños.

Este año también publicó Tratado sobre la yerbaluisa y asevera que “para elevar el uso de una planta silvestre del Perú y otorgarle su valor en un mundo que empieza a luchar por la ecología”.

¿Cómo se define políticamente? “Políticamente no sé. En mi país es muy peligroso pensar. Me da miedo definirme, pero yo voto y punto”. Aunque después de un momento diría: “Me siento orgulloso por haber luchado por un socialismo democrático, que se convalida a través de las décadas como ocurre actualmente con el presidente del Ecuador”.

De nuestro país admira la obra de los poetas Alfredo Gangotena y Jorge Enrique Adoum y la pintura de Oswaldo Guayasamín.

¿Qué consejo le daría a un joven poeta? “Que sea apasionado cuando escribe. Pero la gran brillantez solo puede ser posible a través de una gran entrega. Hecha con todo lo que tiene la juventud que es la honestidad y que agregue a eso, como motor valioso, a la pasión”.

Ya casi al mediodía, Enrique Verástegui, quien en su juventud integró el grupo de ruptura Hora Zero, se retira a su habitación. Supongo que a encontrarse con la escritura, la lectura y la reflexión.

Cuando lo veo perderse en el ascensor recuerdo que en 1996 la revista francesa Les Temps Modernes lo consideró “el poeta prodigio” de Occidente. En su ausencia, recuerdo lo que aseveró en una reciente entrevista: “Estoy viejo en mi locura. Tendré un fin parecido al de Dante, Lucrecio, Georg Cantor. Rocé la locura, sigo haciéndolo. Pero ya cumplí mi destino, me falta gozar la vida. Olvidé vivir por escribir poesía. Mi lucidez está en mis textos”.

Entonces recuerdo sus versos atroces y lúcidos: “Me he sentado a esperar la vejez. /No pienso ni hago nada hasta que llegue otra generación/a desempolvar el brío, los libros dorados, las/ matemáticas/ el cuerpo, el alma, el universo/todo ese conocimiento sepultado por el rencor,/ la gnosis que demuestra que lo infinito/ está en lo finito/donde está realmente, el universo./

/Florecí más que nadie/ pero perfidia cayó sobre mí,/ doblándome como una flor,/ herrumbrándome, y fui silenciado./ Maitreya pasó desapercibido como una sombra por la/ vida,/ ¿no dan ganas de llorar?”.

Enrique Verástegui pensó y escribió lo que debía desde los extramuros de su mundo.

Enrique Verástegui: “Yo he hecho lo que corresponde, escribir”
Cultura
2012-10-26T12:04:47-05:00
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