GERMÁN ARTETA
.- Dentro de la riquísima cantera que nos ofrece a cada momento la conversación diaria entre ‘leídos’ y ‘escribidos’ y de la gente de instrucción modesta y elemental, casi ninguno de sus participantes puede prescindir de aquellos modismos y locuciones que siguen vigentes en el medio urbano y rural, pues se los usa en todo momento para mencionar cualidades o defectos humanos y cualquier otra situación o atributo de quien se hace referencia en el diálogo.

Todo lo mencionado es un testimonio más de que el folclore de tipo lingüístico conserva su característica, es cambiante según las épocas, pero se mantiene vivo. Por esto último, no nos extrañe escuchar frases y adjetivos como ‘pájaro de alto vuelo’, para indicar que un individuo tiene por afición engañar o timar a sus semejantes, o el tan mentado ‘caído de la hamaca’, para decir que alguien es tonto, confiado y presa fácil de los embustes.

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Igualmente está ‘lágrimas de cocodrilo’, conminatoria frase para quien pone cara de yo no fui y llora, patalea y finge arrepentimiento por algún error o fechoría cometidos.

Dato curioso mantiene entre nosotros la micción o acto de orinar, pues muchos la presentan de diferentes maneras y en medio de la conversación solicitan el permiso correspondiente para ir a ‘hacer aguas’ o ir a ‘cambiar agua a las aceitunas’. Llegar a una reunión prevista con la ‘lengua afuera’ resulta la indicación más clara de estar presente, a pesar del esfuerzo que se ha realizado por concurrir a tiempo.

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Si vamos con las buenas o malas comparaciones, hay que hacer referencia a ciertos animalitos y allí están los muy populares ‘se hace el cangrejo’, para decir que alguien se muestra desentendido, elude responsabilidades y simula no ser parte de equivocaciones y travesuras. Asimismo, ‘parecer perro’, por mostrar exagerado afán de atención para algún superior del trabajo o amigo, que pocos lo entenderían como una cualidad de ser servicial.

Así pues, con la ayuda de esta nota volandera que el lector ayudará a enriquecer, tengamos presentes calificativos y simpáticas locuciones tipo agrio, equivalente a ‘de mal carácter’; ‘empinar el codo’, que significa beber; ‘estar quemado’, por tener cansancio; ‘ser de buen barro’, referente a la persona de bastante edad y aceptable salud; ‘tener buena garganta’, algo como ser dueño de buena voz, saber cantar; y el infaltable ‘dar en el clavo’, para resaltar que alguno acertó en algo desconocido y que ayudó a resolver el problema.