Luis Chiriboga Parra, expresidente de la FENA, habla del Mundial de Natación que consiguió para Guayaquil, hace tres décadas.

“Aún cuando me despierto y comienzo a caminar por mi casa, me pregunto: ¿Cómo pudimos traer el campeonato mundial a Guayaquil? No encuentro lógica...”, confiesa 30 años después Luis Chiriboga Parra, expresidente de la Federación Ecuatoriana de Natación (FENA) y máximo responsable en la obtención de la sede del certamen náutico de mayor magnitud realizado en el país.

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El exdirigente no halla lógica, porque en 1982 en la ciudad no había infraestructura deportiva suficiente, su capacidad hotelera era reducida y en comunicaciones no se tenía las condiciones para albergar un certamen que concitaría el interés del planeta. Sin embargo, “...se presentó la oportunidad porque Canadá, país al que le tocaba ser organizador, desistió”, relata.

Chiriboga cuenta que secundado por Javier Ostos, directivo mexicano miembro de la FINA (Federación Internacional de Natación), hicieron la petición de la organización y que estando en Guayaquil, con los dirigentes sudamericanos de la FINA, convocaron a una sesión para conseguir apoyo para la adjudicación de la sede.

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“Yugoslavia nos dio el voto ganador (Ante Lambasa, de esa nacionalidad, era presidente de la FINA)”, dice el exdirigente, quien desde que se le dio la sede a Guayaquil él empezó a preguntar: “¿Cómo se haría un torneo en una ciudad sin ninguna infraestructura?... En realidad era gravísimo, porque no teníamos nada”, rememora.

Tras ese éxito inicial de suceder Guayaquil a Berlín Occidental (1978) como organizador del Mundial de Natación, Chiriboga recuerda: “Fui (en 1979) donde Jaime Roldós (en ese entonces presidente de la República) y él me preguntó: ‘¿Y ahora qué hacemos?’. Y le dije: ‘(Dar) ¡los chimbilines! (dinero)’; comenzamos a trabajar seriamente. Todo el mundo ayudó; por primera vez vi a dirigentes quiteños y guayaquileños sin sacarse el piso”.

Chiriboga creó un Comité Especial de Financiamiento y quien lo presidía era Roldós. “Yo nunca toqué un centavo. Todo fue del gobierno, que hizo las obras (construyó la piscina de La Pradera, la del Centro Cívico y remodeló la Olímpica), esa es una realidad histórica que hay que reconocerla”.

“Se creó toda la infraestructura en distintos puntos de la ciudad, con hoteles de primera, y resultó ser un campeonato que no se ha podido superar, porque hicimos cuatro torneos: el de nado sincronizado, natación, clavados y waterpolo”, indica.

No obstante, durante los tres años de construcciones y organización también se presentaron adversidades; la principal: “Se me murió el presidente (Roldós, el 24 de mayo de 1981)”. Y surgían otras: “No había dinero; los rusos exigían hospedarse en un recinto militar... ¡Uy!..., pero seguimos adelante porque Osvaldo Hurtado (sucesor de Roldós) se comprometió a continuar con el proyecto”, resalta Chiriboga.

Incluso, el día de la ceremonia de inauguración (28 de julio de 1982, en el estadio Modelo), acciones políticas amenazaron con manchar el certamen, dice el exvicealcalde de Guayaquil, quien revela un episodio anecdótico protagonizado por León Febres-Cordero cuando este era diputado.

“Recuerdo que León, Carlos Julio Arosemena Monroy y otros opositores al gobierno me dijeron que se había presentado una gran oportunidad: darle a Hurtado una buena dosis de pifias (en la inauguración). León quería comprar todas las entradas (al estadio) en efectivo para pegarle las pifias”, revela.

“Entonces, Hurtado vino a verme y me anticipó: ‘El Mundial sigue, pero tú te responsabilizas de que no haya ninguna pifia; no puedo venir y que el mundo vea esta ofensa’”.

“Todos estaban esperando esa inauguración; un acto más esperado no creo que haya habido. Le aclaré a León que no podía (venderle entradas), y organicé todo de tal manera que el inicio del acto lo adelanté 15 minutos para que llegara el presidente, se subiera a la tribuna, diera su discurso, luego vino mi discurso y terminamos; no di tiempo a nada... León se peleó dos años conmigo”, cuenta Chiriboga, quien califica la fiesta inaugural como “inolvidable y fabulosa”.

El Mundial, cumplido sin contratiempos, generó la admiración de los ecuatorianos, pero Chiriboga cree que “Guayaquil aún no termina de agradecerle a la natación todo lo que hizo por ella”.