El arpa virtuosa de Ernesto Guerra en el Museo Presley Norton



Ernesto Guerra durante el recital de arpa que ofreció recientemente en el Museo Presley Norton de Guayaquil.


Ernesto Guerra durante el recital de arpa que ofreció recientemente en el Museo Presley Norton de Guayaquil.
Ernesto Guerra durante el recital de arpa que ofreció recientemente en el Museo Presley Norton de Guayaquil.
5 de Marzo, 2012
5 Mar 2012

El arpa, instrumento central en la antigüedad, conlleva imágenes de Nerón tocando la lira (arpa pequeña) mientras ardía Roma por disposición imperial.

El instrumento origina en la más remota prehistoria, con Los Sumerios y Egipcios entre 400 y 500 años D.C. El arpa moderna y sofisticada, cubriendo 6 octavas y media en virtualmente todas las tonalidades fue perfeccionada por Sebastián Érard en el siglo 19 y continúa vigente para concertistas profesionales como Ernesto Guerra.

El sonido del arpa, es, musicalmente hablando, una sensibilidad anticuada, fuera de sintonía con los sonidos de la modernidad, a excepción de la música folklórica hispanoamericana, donde el arpa es de medular importancia como en Paraguay, México y Venezuela cuya arpa llanera tiene 32 cuerdas, ahora de nylon, originalmente de tripa.

Los compositores clásicos y barrocos como Handel, Bach y Mozart, y en salas de ópera de Londres, París y Berlín la presencia del arpa era importante, así como en la música para ballet en el siglo 19, todo lo cual produce grandes ejecutantes y la disponibilidad de arpas muy finas.

Es así que, el maestro Ernesto Guerra, gran favorito en matrimonios y formalidades sociales, ofreció un recital de arpa en el Museo Presley Norton que despertó interés más allá de cualquier expectativa.

Ya cuando Stanley Parker estaba sentado listo para el apoyo rítmico de su guitarra, Ernesto se acomodaba con tremenda arpa mientras el público literalmente colgaba de los balcones.

Luego de ligeras inconveniencias de sonido, al inicio del recital arrancó con Pájaro Choqui standard del folclore paraguayo, pulsando y charrasqueando el arpa con maestría.

A continuación tocó música llanera, el joropo, venezolano-colombiano, charrasqueando con violencia, golpecitos percusivos en la madera y mayor variación musical antes de entrar a la música popular de la cumbia colombiana.

Moliendo café fue interpretado de lejos, con demasiada rapidez perdiendo todo el sabor de esta gran canción útil en varios géneros gracias a su cadenciosa progresión rítmica que no se pudo apreciar por la velocidad.

El folclore mexicano nos ofreció una digitación más seca, sin adorno, más bonita y Soy pan, soy pan, soy más, la melodía más bella con el maestro Ernesto Guerra creando su propia orquestación de sonidos profundos que maravillaron a Josefina Elizalde y Sonia Bruzzone, sentadas en primera fila como espectando un concierto de Franz Lizst.

Las Merceditas destacó el charrasqueo de Stanley Parker, quien demostró la importancia de un apoyo rítmico exacto y Sentimiento gaucho, muy popular en el Viejo Almacén de Buenos Aires, destacó nuevamente el virtuosismo de Ernesto Guerra digitando con la mano abierta y vertical, asentando las yemas, tocando la nota completamente limpia. Un verdadero maestro.

El aguacate y Manabí estuvo bien escogido del folclore ecuatoriano, pero fue Caballero de fina estampa el summum de la música peruana, uniendo sonido y letra a la perfección dentro del vals peruano lo mejor de una velada realmente fina.

El arpa virtuosa de Ernesto Guerra en el Museo Presley Norton
Cultura
2012-03-04T08:19:09-05:00
El arpa, instrumento central en la antigüedad, conlleva imágenes de Nerón tocando la lira (arpa pequeña) mientras ardía Roma por disposición imperial.
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