Un grupo de hombres detiene su lucha contra el río desbordado y levanta sus brazos. Algunos sacan sus sombreros y los mueven de un lado a otro para llamar la atención de los ocupantes del helicóptero que sobrevuela los campos de Salitre (Guayas), hoy convertidos en un gran espejo de agua, donde parecen flotar las viviendas, los árboles, algunos animales; donde se refleja el cielo semicubierto de nubes negruzcas. Desde el aire no se aprecian ni rezagos de los arrozales y maizales, cultivos dominantes de esta productiva zona.