Tras colocar correctamente dos piezas en un tablero de madera con la forma de un caballo, Annabelle, de 3 años, sonríe y dice: “Bravo, bravo”, mientras aplaude repetidamente. Junto a ella, Miguel, de 7, aprende a reconocer los colores por medio de un ábaco. Sin decir nada y con atención en su herramienta de estudio, ordena las bolitas amarillas.

Ambos comparten una mesa, pero no se miran ni se comunican, porque padecen de autismo, trastorno neurológico que afecta el lenguaje, la imaginación y la reciprocidad emocional del niño.

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Mientras Annabelle se emociona y sonríe al tomar otros rompecabezas con formas de animales; Miguel se levanta y da vueltas en el salón infantil del centro psicoeducativo Isaac, ubicado en el sector de la Alborada 13ª etapa, mz. 16, villa 1 y que funciona desde hace cinco meses.

“Dice algunas palabras, pero no se puede comunicar. Esa es la principal característica de los niños autistas”, comentó Meddy Estupiñán, madre de Annabella, a quien le diagnosticaron este trastorno el año pasado.

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El autismo se puede identificar a partir de los 18 meses de edad con características como la falta de habla, la no respuesta cuando los llaman, no realizan contacto visual y la poca interacción social, informó Lorena Espinoza, presidenta del centro que lleva el nombre de su hijo Isaac, quien tiene 9 años.

Ante estas condiciones, los menores deben ser evaluados por psicopedagogos para que determinen el grado de autismo que padecen, que puede ser clásico o funcional. En el primero, la persona puede mejorar la calidad de vida al ser menos dependiente y el segundo, es el que puede desarrollar lenguaje y que con terapias insertarse en escuelas regulares o en el ámbito laboral.

Aunque es muy difícil su “verdadera inclusión”, comenta Espinoza, quien sostiene que los autistas no pueden estudiar al mismo nivel. “Ellos necesitan de una educación funcional que no se la dan en una escuela regular (...). En la mayoría (de centros educativos) piensan que estos niños pueden seguir un pénsum regular, pero es muy difícil”, señaló Espinoza.

Agregó que no a todos se los puede incluir en el ámbito laboral o escolar. “Empezamos al revés, por lo laboral, pero ¿y lo educativo?, cómo voy incluir a una persona a que trabaje si nunca tuvo una buena inclusión educativa”, expresó.

Para que se pueda realizar una eficaz inclusión, Espinoza explicó que las escuelas deben tener asesoramiento de cómo hacerlo, además de capacitar a los maestros, padres y compañeros. Las unidades educativas deben tener un programa especial y una supervisión continua para verificar su progreso. En caso de que no haya un avance, debe ser enviado a un centro especializado y cuando esté preparado, regresar al regular.

En tanto, en el mismo salón, pero en otra mesa, la psicóloga Adriana Álaba trabaja lógica matemática con Alejandro, de 9 años, y con Leandro, de 8, en el proceso de reconocer los fonemas con su material didáctico.

En la mesa contigua, Isaac tenía la mirada perdida y se movía de un lado a otro en su silla, aislado de los demás. Él en esos momentos enfrentaba una crisis, explicó Álaba, quien les da clases a los cinco menores entre 3 y 10 años, de 08:30 a 12:30, en este centro, que maneja en la mañana la escuela y a las 14:30 consultas ambulatorias para tratar problemas de hiperactividad y conductuales.

El costo mensual es de $ 120, pero se da un subsidio, dependiendo de la condición socio-económica de los padres.

Vacacionales

En este centro se dará, en febrero, el curso vacacional de arte-terapia individual para niños y adultos autistas. El valor será de $ 80.

Información

Para mayor información sobre el centro puede llamar a los teléfonos: (04) 604-5215, (08) 137-5101 o al correo electrónico: programaisaac1@hotmail.com.