Tras colocar correctamente dos piezas en un tablero de madera con la forma de un caballo, Annabelle, de 3 años, sonríe y dice: “Bravo, bravo”, mientras aplaude repetidamente. Junto a ella, Miguel, de 7, aprende a reconocer los colores por medio de un ábaco. Sin decir nada y con atención en su herramienta de estudio, ordena las bolitas amarillas.