Los chanchos caminan libres, con aires despreocupado, por las calles. Igual los perros. No conocen de encierro. Por esos espacios irregulares, sin pavimento, circulan, asimismo, bicicletas, alguna moto y escasos buses. Lo más común son las camionetas, en las que se transportan los habitantes de un poblado a otro, por veinticinco o cincuenta centavos de dólar.