Diez días para compartir

Jueves, 3 de Noviembre, 2011 - 00h00
3 Nov 2011
Olga Lagutenko alista en la playa una escultura con objetos reciclados.
Olga Lagutenko alista en la playa una escultura con objetos reciclados.
Olga Lagutenko alista en la playa una escultura con objetos reciclados.

Los chanchos caminan libres, con aires despreocupado, por las calles. Igual los perros. No conocen de encierro. Por esos espacios irregulares, sin pavimento, circulan, asimismo, bicicletas, alguna moto y escasos buses. Lo más común son las camionetas, en las que se transportan los habitantes de un poblado a otro, por veinticinco o cincuenta centavos de dólar.

Es Engabao, comuna del cantón Playas, provincia del Guayas, un territorio en el que habitan cerca de 4.000 habitantes, la mayoría de los cuales viven de la pesca artesanal, actividad que ejercen en pequeñas embarcaciones, en el mar que tienen tan cerca, como paisaje y compañero.

En ese lugar apacible, de economía deprimida, de casas mixtas que poseen en sus frenteras cordeles, en los que se seca la ropa al viento y al calor del sol, se desarrolló, durante diez días y nueve noches, la Residencia Franja Arte-Comunidad, proyecto que nació en el 2007 con el nombre de Residencia solo con natura y que se realizó anteriormente en la isla Santay, Limoncito y Puerto El Morro.

Artistas de Ecuador, Colombia y Brasil y activistas sociales, como los integrantes del colectivo ecuatoriano Cuerpos Distintos Derechos Iguales, participaron en esta cuarta edición, que se cumplió del 21 al 30 de octubre, bajo la convocatoria de la escultora Larissa Marangoni, creadora y directora de la Residencia, y la curaduría de la historiadora de arte María Fernanda Cartagena.

La consigna era trabajar proyectos que se vincularan con la comunidad y su gente, que tomaran en consideración el entorno. Pedro Damián Tomalá, asesor del presidente de la comuna Engabao, sostiene que al principio hubo una cierta desconfianza entre los pobladores, pero poco a poco, con el pasar de los días, con los diálogos y acercamientos, el escepticismo desapareció. “Ahora quedarán hasta un poquito malacostumbrados”, relata. Lo dice porque cada tarde, la casa comunal, que se levanta en el centro del pueblo, tomaba vida. Se llenaba de gente y algarabía. Llegaban señoras, niños y niñas que se incorporaban con entusiasmo a las actividades.

En la planta baja, la artista Ana Fernández ofrecía su taller de costura, en el que a través del bordado las mujeres contaban sus historias personales. Los integrantes del colectivo colombiano Mini-mal, mostraban posibilidades de preparación de platos con ingredientes propios de la zona, como una forma de potenciar y revalorar la cultura gastronómica local; y la cineasta Libertad Gills ofrecía talleres de video y dibujo a los niños. En la planta alta, en tanto, el coreógrafo José Gregorio Suárez impartía danza. Esta misma casa comunal al mediodía se convertía en comedor. Los artistas participantes de la Residencia almorzaban allí. Llegaban hasta el lugar luego del desayuno y tras un viaje en camioneta desde Puerto Engabao, que es conocido como zona de surfeo, en donde dormían en las hospederías comunitarias, que se levantan al pie del mar. En las noches, esta amplia casa también acogía los talleres que Cuerpos Distintos Derechos Iguales dictaba a la comunidad trans.

En los exteriores, se tornó cotidiano ver al artista Rubén Jurado, junto con pobladores que se dedican a la gráfica popular, pintó la glorieta, ubicada junto al parque. Antes brindó un taller, en el que experimentó técnicas. Libertad Gills, por su parte, iba y venía por las calles, captando imágenes, buscando historias. Alista un documental sobre las disputas territoriales de Engabao.

Las botellas y otros desechos sólidos de la playa que une Engabao con Puerto Engabao llevaron a que el brasileño Fausto Wolffenbuttel propusiera una obra con objetos reciclados, que tomó forma con el aporte de la rusa Olga Lagutenko y los estudiantes de dos escuelas, que tuvieron, a partir de la actividad, un espacio para confraternizar y laborar por iniciativas que mejoren su entorno.

En el mar, que apuntala a Engabao, se hizo un performance de Cuerpos Distintos Derechos Iguales, a través del cual se recreó la historia de los enchaquirados, que ubica la androginia como una práctica ancestral en esos territorios costeros.

Y entre trabajos, diálogos e intercambios de saberes, transcurrieron diez días de la vida de artistas y pobladores, que llegaron a su fin con una exposición de los productos de los talleres y una ceremonia, en la que hubo discursos y canciones.

Marangoni, también directora de Franja Arte Comunidad, dijo que aunque la Residencia terminaba, el vínculo con la comunidad seguía. Esa noche, una niña, mientras miraba la muestra fotográfica de la colombiana María Isabel Rueda, preguntó cuándo habría otro curso de danza. Contó que su mamá le había prometido que esta vez sí la inscribiría. Y sonrió, feliz, por esa posibilidad.

Diez días para compartir
Cultura
2011-11-02T11:04:08-05:00
Convivencia. Del 20 al 30 de octubre se realizó en Engabao la Residencia Franja Arte-Comunidad.
El Universo