El 85% de los residuos sólidos que se generan en el país se arroja al agua (ríos o quebradas), en terrenos baldíos y en basureros clandestinos. Este es uno de los resultados que revela la investigación liderada por María Fernanda Soliz, y respaldada por la Fundación Acción Ecológica, sobre el manejo de desechos en Ecuador.

¿Adónde van los cientos de toneladas de basura que generan los habitantes de una ciudad?, ¿qué sucede con los desechos tóxicos?, ¿quienes son los responsables de la mayor cantidad de desperdicios en el país?, ¿cuál es el entorno social y ambiental de los centros de acopio de residuos? Estas fueron las principales interrogantes que llevaron a Soliz a plantearse como tesis doctoral de la Universidad Andina Simón Bolívar la investigación ‘Metabolismo del desecho en la determinación socioambiental de la salud’, desarrollada con el apoyo de la fundación mencionada.

Publicidad

El documento expone que el 14,91% de los desechos sólidos del país se destina a rellenos sanitarios (7,17% en la Costa, 17,91% en la Sierra y 17,17% en el Oriente), pero, aclara Soliz, aunque el relleno sanitario sea una buena opción, no garantiza un proceso integral de los residuos. “Muchas veces los rellenos sanitarios generan los mismos problemas que los botaderos comunes (a cielo abierto) en el ecosistema y a las comunidades vecinas”, afirma.

Además, el estudio asegura que en el país ningún vertedero a cielo abierto ha tenido un proceso de cierre técnico, es decir, la basura continúa generando gases dañinos para la atmósfera. Soliz resalta que en todas las provincias del país existe al menos un caso de conflicto en el que las comunidades cercanas a los botaderos han denunciado impactos en su salud.

Publicidad

Esta cartografía de la basura, que también forma parte de una campaña sobre el buen manejo de los desechos de la Fundación Acción Ecológica, estima un reciclaje del 14%, tomando en cuenta a los sectores formales e informales que se dedican a la actividad.

A partir de esta cifra surgen varias críticas por parte de la autora. Enfatiza que en Ecuador los recicladores informales no están reconocidos ni registrados, no tienen seguridad social ni acceso a salud laboral, y por ende se dificulta también su contabilización e impacto ambiental. Establece también que todos los municipios mantienen un cobro unificado por la recolección de la basura, y propone que las empresas, industrias y el sector turístico cancelen un precio mayor por ser los principales productores de desperdicios sólidos.

Entre las otras denuncias que expone Soliz resalta la presencia de residuos tóxicos en los vertederos, la concentración de desechos de actividades extractivas y de monocultivos, la falta de regulaciones para los sectores que generan mayor contaminación y el incremento de los consumos ciudadanos.

Una serie de mapas, fotografías, estadísticas y testimonios forman la denominada Cartografía de la basura en Ecuador, que expone la cantidad y tipo de desechos, las clases de botaderos, las formas de procesamiento de la basura de cada cantón, entre otros datos que llevan a Soliz a proponer replantearse que las 3R (reducir, reutilizar y reciclar) sean suficientes para contrarrestar los efectos de los desechos producidos por el hombre. Ella considera que lo ideal sería impulsar las 3S (soberanía alimentaria, soberanía energética y soberanía tecnológica), prácticas con las cuales, asegura, se reduciría la producción de desperdicios que contaminan el planeta.