Juan Andrade Heymann presentó su reciente libro Poemas más humanos, bajo la edición de la Casa de la Cultura Ecuatoriana Benjamín Carrión. Allí, el autor hace una recopilación de su obra que inició en 1964 y se mantiene fructífera. Es considerado por varios críticos literarios como uno de los más importantes gestores del viraje de la literatura ecuatoriana. Y es un crítico político frontal.

¿Por qué Poemas más humanos?
Cuando el poeta peruano César Vallejo murió, su viuda empezó a recoger los poemas inéditos que dejó y les puso el título de Poemas humanos. Entonces como admirador de Vallejo le puse Poemas más humanos. Por supuesto, esto sin pretender ponerme a la altura del poeta peruano. El libro recoge poemarios escritos por muchos años. En la primera parte hay cinco trabajos inéditos. Y en la segunda están los poemarios publicados desde 1964 hasta 1990.

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¿Qué temas hay en su poesía?
En mi obra están las debilidades y los méritos de los seres humanos. Debilidades como las guerras, las torturas, la manipulación y las actividades siniestras de los politiqueros, no solo en nuestro país, sino en todo el mundo. También se habla del amor a los padres, a los hijos, a los amigos, a la amistad misma y a la solidaridad. En un capítulo muy especial, el amor a la mujer amada en distintas etapas y situaciones, en toda esa riqueza de emociones y vínculos que se establecen con la pareja.

¿Cuando escribe lo hace pensando en los lectores o es un proceso más bien interior?
Es lo segundo. No puedo generalizar, cada poeta o escritor tiene su modo particular de ver las cosas y concebir el papel de la literatura. Pero para mí no solo la poesía, sino la literatura en general, es un proceso de expresión que empieza siendo muy íntimo pero que pretende alcanzar a un lector y por eso tiene que ser bien lograda, para alcanzar una empatía.

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¿Siente predilección especial por algunos de sus poemas?
El final de verdad, ese poema resume mi visión de la vida de manera acabada.

¿Cómo le nace la pasión literaria?
Desde muy temprano. Un tío mío fue un gran escritor, pienso que uno de los grandes escritores ecuatorianos. Se llamó Raúl Andrade y ejerció mucha influencia sobre mí, porque viví con él grandes temporadas, pero también mi padre fue un lector infatigable y un hombre muy sensible.

¿Qué tipo de viraje produjo su obra en la literatura nacional?
En 1930 los autores hacían literatura militante, social y muy propia de nuestro país, entre ellos José de la Cuadra, Demetrio Aguilera y Alfredo Pareja Diezcanseco. En mi libro El lagarto en la mano, y los que siguieron, no es que eludo lo social, pero lo trato con otro enfoque, con un sentido no localista, ni provinciano. Rompo fronteras. A diferencia de la etapa anterior, mi obra no es lineal. Es una literatura fragmentaria que tiene sentido en sus mil piezas y en conjunto. Yo respeto libros como Los poderes omnímodos, de Pareja Diezcanseco que está basado en la figura de Velasco Ibarra. A propósito, quedaría bien leerlo nuevamente en esta época por el auge actual del populismo en nuestro país.

¿Con qué género se siente más a gusto?
He escrito obras para teatro, narrativa y poesía. Con todos me siento a gusto, pero me gusta la poesía porque es el más difícil, requiere mayor atención y concentración. El trabajo del poeta es parecido al del relojero, requiere cuidar el más ínfimo detalle de principio a fin.

¿Cuál es el proceso previo para empezar a escribir?
Es una acumulación, a veces lenta y a veces rápida, de ideas, sentimientos, presentimientos, emociones, impactos, dolor y alegría. Todo esto se va acumulando y llega el momento en que uno necesita expresar eso como una forma de no explotar.

¿Y usted decide de antemano si lo expresará como poema o narración?
No lo decido previamente, sino que a medida que uno se enfrenta a esa necesidad de expresión aparece el género que será usado. En algunos casos puede terminar con una veta de humor y en otros será necesaria una posición más directa para hacer frente a los canallas que hacen de la vida un infierno, a los individuos que se atreven a calificar a una mujer diciéndole que no la quieren comparar con una ladilla, porque sería un insulto a la ladilla. Gente como esa merece total repudio.