Por Francis Pisani
.- Si bien las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación) y las redes sociales obviamente contribuyeron a la primavera árabe, no queda demostrado que sirvan para tomar el poder. Permiten difundir un movimiento a mayor velocidad que antes, suman energías y voluntades dentro y fuera, y crean un espacio particularmente democrático donde puede florecer el espíritu de una revolución.

Pero Ben Ali, el tunecino, era débil, y tanto los militares egipcios como la gente reunida en la plaza Tahrir pugnaban por la salida de Mubarak. Gadafi en Libia, Saleh en Yemen y Assad en Siria dispersaron con fuego a las congregaciones de manifestantes, y hasta el momento de escribir estas líneas siguen en el poder.

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Dicho de otra manera: la internet, la telefonía móvil y las redes sociales son fabulosas herramientas de comunicación. Comunicación es poder, sí, pero toda confrontación política plantea la cuestión de la toma del mismo. Trátese de votos en las urnas, de balas o de bombas descargadas por aviones, hace falta otra cosa.

Tweets y SMS se envían desde la calle, la playa o el comedor. Pero el día de elecciones hace falta ser capaz de movilizar a la gente para que acuda a votar. El día de la toma de un palacio presidencial el problema se vuelve todavía más complejo. Se ha comprobado que la gente se pone de acuerdo para reunirse en algún lugar sin que medie una instrucción cupular. No que pueda ponerse de acuerdo para "hacer" algo. Para romper las rejas del palacio.

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Reunirse para protestar es un acto donde se manifiesta un desacuerdo. "Tomar" requiere de una fuerza propositiva.

Interrogado sobre esta cuestión durante su conferencia en París el 31 de enero pasado, Clay Shirky, gran analista del impacto de las TIC sobre los movimientos sociales, me contestó que "los grupos sincronizados pueden sacar provecho de las plataformas para la acción cívica", léase Twitter, Facebook, SMS y demás.

Pero citando Contra democracia, libro del sociólogo francés Pierre Rosanvallon, reconoció que la gente concuerda más fácilmente sobre lo que no quiere que sobre proposiciones positivas alternas.

"Empujar un carro militar al Nilo (como los manifestantes en el Cairo) es a lo más que pueden aspirar. Es ir en contra", explicó Shirky. Tomar un palacio presidencial, sede símbolo del poder, es muy distinto. Implica un mínimo acuerdo sobre cómo ejercerlo, pasar del grito "¡Ya basta!" a una necesidad propositiva, generalmente más racional.

De cierta manera la ciencia de las redes apunta en la misma dirección. Sus dos propiedades más significativas residen en la capacidad de operar sin jefes y la de enjambrar (reunir mucha gente y/o dispersarla en muy poco tiempo). Exactamente lo que observamos alrededor de la Plaza Tahrir.

Hemos constatado que las redes pueden ser más eficientes que las organizaciones jerárquicas gracias a su capacidad de comunicación horizontal y a la reducción de los costos, entre otras. Resulta importante reconocer ahora que la emergencia de una nueva forma de organización, más democrática, podría ejercer un impacto sobre la naturaleza de las confrontaciones políticas.

No solo cuenta la agenda (medio ambiente, respeto a las minorías, transparencia, etc.), también influye la forma en la que la gente se organiza para promoverla. Las organizaciones revolucionarias autoritarias (estalinistas en muchos casos) dieron lugar a regímenes autoritarios. Es esencial preguntarse qué tipo de régimen podría surgir de una lucha llevada a cabo por organizaciones en redes sin jefes ni jerarquías.

De tal manera que el uso de las TIC, de la telefonía móvil y los sitios de redes sociales podrían tener un doble impacto extremadamente importante sobre los cambios políticos.

El primero sería un cambio en la política. Antoní Gutiérrez-Rubí, el analista español lo explica muy bien en una frase citada anteriormente aquí: "La popularidad, el potencial y el magnetismo digital del microblogging ofrecen un caudal de vías para la comunicación. También para la política. Pero para otra política: la que encadena personas con personas. Y desde esa base construye redes, alianzas, compromisos y acciones".

Lo que podría emerger de la primavera árabe es "otra política" influenciada por la agenda de los manifestantes y por su forma de movilización. Algo susceptible de infundir miedo a los poderes establecidos, no solamente en Medio Oriente.

El segundo impacto, vinculado al primero, es la cuestión de la toma del poder. Cuando se plantea en blanco y negro, como desde hace siglos, la respuesta sigue siendo la misma: hay que tomarlo para implementar cambios. Pero si la gente puede unirse sin que nadie se lo ordene, si puede desplegar su poder de manera instantánea sobre temas limitados por un lapso limitado, entonces la cuestión de la toma del poder tal vez se traslade a otras esferas..

Puede ser que si un número suficiente de gente logra movilizarse para conseguir la transformación que realmente ansía y necesita, no resulte tan imprescindible ni ganar elecciones, ni ocupar el palacio presidencial, ni tomar el poder y ejercerlo para conquistar dichos cambios.

Giro que equivaldría a una verdadera revolución. no solamente en el mundo árabe. Continuará.

LINKS
Antoní Gutiérrez-Rubí
www.gutierrez-rubi.es

Nota sobre la conferencia de Shirky (en francés)
pisani.blog.lemonde.fr

Otra conferencia de Clay Shirky sobre el mismo tema (en inglés)
storify.com