Las salas de velación 5 y 6 del Parque de la Paz estaban llenas la tarde de ayer durante el último adiós que recibió el requintista Rosalino Quintero.
En una pantalla, anécdotas de Quintero cobraron vida a través de un video, en medio del dolor de aprendices y ex alumnos del músico que integraron el grupo La Rondalla de la Espol, que este dirigía.
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La cinta tenía como fondo Ojitos traidores, uno de los temas favoritos de Quintero, mientras se observaban fotografías y ensayos de la agrupación. “Siempre nos retaba por ser amante de la perfección”. En el video sus alumnos describían la constancia que siempre caracterizó al músico.
Un momento conmovedor se vivió cuando Hilda Murillo, Marcia Casanova y Fresia Saavedra, entre lágrimas y al pie del féretro, cantaron Cuando un amigo se va. El velatorio vibró entonces por el sollozo de los asistentes.
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A las 17:00, una marea de dolientes caminó junto al ataúd con los restos de Quintero. Guitarras entonaron canciones durante los 200 metros que separaban las salas de velación del sector 36 del Parque de la Paz, donde fue sepultado.
En ese trayecto se cantaron temas como Cenizas, Acuérdate de mí y Adiós te dije un día.
Pero no fueron las únicas melodías dedicadas a Quintero. El pasado domingo, los fundadores de La Rondalla homenajearon al artista con un concierto en el que los músicos que un día forjó el requintista demostraron sus conocimientos artísticos y demostraron el afecto hacia él entonando sus canciones favoritas: Así se goza, Lágrimas negras y Fatalidad.
Mónica Barco, secretaria de la carrera de licenciatura en Turismo y allegada al músico, dijo que “este homenaje es importante porque Rosalino quería que todos sus estudiantes de La Rondalla se reunieran cuando él muriera y le cantaran Así se goza. Su deseo se cumplió”.
Como una familia
Sofía Pacherres, ex integrante de la agrupación y alumna de Rosalino, recordó con cariño que él era más que un amigo. “En La Rondalla éramos como una familia y él era nuestro papá. Esta familia ha perdido a un miembro muy especial”, declaró mientras sus compañeros asentían para confirmar sus palabras.
En el lugar se sentía la pasión que tenía Rosalino Quintero por la música, la que estuvo en cada conversación que sostuvieron grupos de amigos y familiares. Lo recordaron como un hombre alegre, vigoroso y muy activo.
Marlene de Guerrero, cercana a la familia del artista y ex compañera de estudios de Myriam Quintero, hija del músico, señaló que Rosalino fue un hombre que conoció el mundo por medio de las notas. “Espero que esté tocando la guitarra en el otro lado, con los ángeles”, sostuvo en el acto.
Ya en el sepulcro, un sacerdote roció agua bendita antes de que el féretro descendiera, y el padrenuestro fue un murmullo penetrante que se escuchó como un adiós.
El olor de las rosas y el llanto de los deudos acompañaron los pasillos que un grupo de artistas apostado cerca de la tumba interpretó para Rosalino.
La voz de la cantante Marcia Casanova, entrecortada por el dolor, declaró: “Él ya está con su Julio Jaramillo”. Fue entonces cuando le dedicó el tema Amigo. El ataúd descendió y el recuerdo de Rosalino cubrió el aire. Un grupo de artistas cantaba: “Rosalino, por algo siempre te han de recordar”.