Si Patricia Highsmith viviera, confirmaría que pese a los cambios tecnológicos y a los avances de la ciencia, el ser humano no ha cambiado su forma de ser. Para esta norteamericana nacida en Fort Worth el 19 de enero de 1921 y fallecida en Locarno, Suiza, en 1995, la naturaleza humana no estaba sujeta a transformaciones. En sus novelas y relatos trató de dejarlo claro.