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.- Claudia Jiménez se sienta al lado de su suegro, Omar Reygadas, el minero número 17 en salir de la cápsula Fénix, mientras conversan sobre lo ocurrido en los últimos meses: un encierro de 69 días en las entrañas del desierto chileno, una cámara observándolos todo el día a 700 metros de profundidad, un ascenso dentro de una cápsula futurista, un recibimiento de celebridad, una donación de $ 10 mil, decenas de entrevistas, viajes y más. Un ritmo de vida que, hasta entonces, ellos solo conocían en las películas.

La familia de Reygadas permaneció en el campamento Esperanza, cerca del yacimiento San José, mientras el minero estuvo atrapado. Iban y venían, haciendo malabares para asegurarse de que alguno siempre estuviera cerca para recibir cualquier noticia, dicen. La hija de Claudia, Rocío, de 11 años, no puede sino lagrimear cuando recuerda a su abuelo bajo tierra. "Nunca imaginé que podría no volver a verlo", comenta.

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Fue su familia la que lo ayudó a superar el calvario, narra Reygadas. Y su familia está presente también ahora, ayudándolo a mantener los pies sobre la Tierra después de haber sido el foco de atención de los medios de comunicación por dos meses.

Los 33 hombres han estado en España, en Hollywood y viendo un partido del Manchester United en el Reino Unido. En breve tienen planeados viajes a Disney World en Florida, Israel y Grecia.

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Alerta psicológica
Omar Reygadas necesita estar cerca de su familia para que le dé apoyo. Pero a pesar de la demanda internacional, la vida de estos hombres se ha vuelto complicada y, después del prolongado encierro, muchos tienen problemas psicológicos persistentes.

"Nunca puedo dormir antes de las cuatro o cinco de la mañana", dice Reygadas. "Y detesto estar solo, me encuentro con frecuencia llorando", añade.

Él está tomando medicamentos que lo ayudan a mantenerse estable y confía en los médicos, que dicen que mejorará pronto. Pero hasta entonces necesita a su familia cerca siempre que sea posible, resalta.

Por ahora, algunos de ellos están obsesionados con los medios de comunicación, dice Adib Merlez, psicólogo de la Universidad del Mar de Copiapó. "Hay un gran riesgo de depresión", advierte el profesional, quien brindará tratamiento a los mineros durante el próximo año, cuando todo se haya calmado.

Cita el ejemplo de Franklin Lobos, el minero que integró la selección nacional de fútbol de Chile cuando era joven y llegó a la minería después de un tiempo de trabajar como taxista en Copiapó.

"Él cambió, y no para bien. Antes del accidente yo hablaba con él frecuentemente, pero ahora no tiene tiempo para nosotros", dice Merlez.

El psicólogo cree que en algunos meses las cosas cambiarán. Y él y sus colegas estarán ahí para asistirlos: "Podemos ayudarlos a que bajen a la Tierra", comenta.

La dura realidad
A algunos de los 33 hombres ya les tocó enfrentarse al mundo real. A pesar de los sueños de incalculables riquezas, su experiencia no se tradujo necesariamente en ingresos concretos.

Inmediatamente después del rescate, el excéntrico millonario Leonardo Farkas les dio a cada uno un cheque por $ 10 mil. Ese dinero, y la promesa de más por venir, condicionó a los hombres tan pronto salieron de la mina.

Esperanza
Algunos se enteraron de que su familia había aumentado, con parientes a los que no habían visto en años. Y hay historias tristes de peleas familiares como resultado.

Claudio Yáñez, de 34 años, se casó con su prometida, Cristina, los primeros días de diciembre. La propuesta de matrimonio ocurrió cuando él estaba atrapado bajo tierra y, luego del rescate y la estadía breve en el hospital, Yáñez se fue directo a vivir a la casa de Cristina, acto que su madre nunca perdonó y nadie de su familia asistió a la boda.

Carlos Mamani, el único boliviano del grupo, todavía vive con su compañera y su bebé en una casita pobre y destartalada en las afueras de Copiapó, sin siquiera agua corriente.

Y la gran mayoría sobrevive con pagos hechos por el seguro médico, acordados después del rescate.

Los exitosos
Édison Peña, el fan declarado de Elvis Presley que corría todos los días varios kilómetros en la mina mientras duró el encierro, participó recientemente en el maratón de Nueva York, apareció además en el show de David Letterman en Estados Unidos y estuvo en Italia cantando a dúo, por televisión, con el primer ministro, Silvio Berlusconi, a la hora de mayor audiencia.

Mientras, otros ganan su dosis de ingresos de manera más discreta. Reygadas, quien a sus 56 años era uno de los mineros de mayor edad, y Mario Sepúlveda, que obtuvo fama aun bajo tierra al liderar las filmaciones del refugio, han estado de gira por el país dando charlas de motivación a estudiantes. "Les contamos cómo hicimos para pasar por ese suplicio: trabajando juntos, estando unidos y con fe en Dios", dice Reygadas.

Hay una sensación de envidia de algunos compañeros hacia ellos, admiten ambos. "Están un poco enojados con nosotros por ganar dinero. Y no nos sentimos bien por eso, pero no podemos forzar a los organizadores a invitarnos a todos para dar las charlas", dicen.

En los últimos dos meses, los mineros, de clase trabajadora y la mayoría con educación básica, han recibido pocos consejos de cómo manejarse con los medios de comunicación. "Ellos creen que pueden cobrar dinero por una conversación de cinco minutos por teléfono", indica Omar. Como resultado, los medios se han vuelto reticentes a llamarlos.

Al cine
Con todo, el interés por la extraordinaria historia de estos hombres continúa. Hay al menos dos películas en marcha, una de un director chileno y otra de Hollywood liderada por la productora del actor Brad Pitt.

El alcalde de Copiapó organizó un homenaje a los mineros, durante el desfile por el aniversario de la ciudad, a comienzos de diciembre, cuando todavía se veían las cámaras de los medios internacionales. Algunos de "los 33", que asistieron al acto, fueron presentados, uno a uno, con elogios del alcalde, Maglio Cicardini.

"Estamos trabajando con ellos para ayudarlos a volver a la normalidad, y el gobierno les ha ofrecido a todos trabajo", asegura el funcionario.

El gobierno nacional juntó a la mayoría de los mineros de Copiapó, en Santiago, en un encuentro de casi todo un día, para ofrecerles empleo en la minera estatal, Codelco, pero nada se ha concretado. También hizo un convenio con un estudio de abogados para asistir a los mineros en la tarea de percibir regalías por potenciales contratos con Hollywood para la realización de películas.

Abandono
Liliana Ramírez, esposa de Mario Gómez, asegura que su marido está "psicológicamente mal". Ella dice sentir que el gobierno los ha abandonado. La compañera sentimental de Mario Gómez, de 63 años, quien era el mayor del grupo, comenta que su esposo "no puede volver a trabajar porque está mal psicológicamente, tiene constantes dolores de cabeza y está perdiendo el cabello".

La historia de "los 33 de Atacama" está lejos de terminar. Luego de sobrevivir 69 días en las profundidades del desierto en condiciones extremas, todavía necesitarán fortaleza para completar la larga transición de regreso a la vida "normal".

"Por ahora, algunos de ellos están obsesionados con los medios de comunicación".
Adib Merlez
PSICÓLOGO

"Mi esposo no puede volver a trabajar porque está mal psicológicamente".
Liliana Ramírez
ESPOSA DEL MINERO MARIO GÓMEZ