Gabriel Fernández, de 46 años, más conocido en el mundo artístico como Vicentico, promociona su cuarto álbum de género pop/rock, Solo un momento, producido por Cachorro López y bajo la dirección artística de Rafa Vila. Su primer sencillo, que lleva el nombre de su disco, ya se ha apoderado del primer lugar de las radios en Argentina. Conocido como un Matador de las líricas, Vicentico formó parte de la banda Los Fabulosos Cadillacs, con quienes se reunió nuevamente en el 2008 para realizar lo que fue la exitosa gira El Satánico Pop Tour. El cantautor argentino, padre de dos hijos y casado con la actriz Valeria Bertuccelli, dio una entrevista telefónica a este Diario. Su hablar es pausado, profundo, preciso.
Solo un momento es su cuarto álbum como solista, ¿qué experiencias relata en las canciones que lo integran?
Momentos de ruptura tal vez, momentos finales. En realidad, lo que me interesaba, personalmente, era destacar en algún sentido el momento posterior a una ruptura, ese vacío. Alrededor de eso da vueltas el disco. Un disco no es solamente las palabras, sino también la música, las formas. Por otra parte, también es difícil para mí, después de haberlo escrito y grabado, explicarlo con palabras, pues por alguna razón se me hace más fácil hacer canciones que explicarlas. Se me hace un poco de lío. Pero por ese lado ando.
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¿En qué instante encontró la “magia” para escribir estas canciones?
No creo demasiado que sea magia. Por supuesto que al hacer canciones hay momentos en donde uno no tiene idea de por qué es que está escribiendo las canciones o por qué cuando no te salen. Pero básicamente me parece que cuando adquieres alguna clase de oficio para hacerlo, tiene que ver más con el trabajo y con el sentarte a trabajar frente a un piano, a una guitarra o lo que sea que uses. Básicamente se trata de eso. Hacer que las cosas aparezcan y que cada vez te gusten más. Estas canciones las empecé a trabajar en febrero de este año y las terminé en agosto.
Usted denomina a Luca (en mención al músico Luca Prodan) como una canción infantil, ¿qué característica podría describir al resto de temas de su disco?
Cuando digo infantil es que está puesta desde la mirada de un niño, tal vez, o es lo que intenté, porque no soy un niño, obviamente. Intenté ponerme dentro de esa mirada porque era a lo que yo quería aludir: a mi propia infancia, y tal vez incluso a la infancia de mis hijos, porque veo cómo les gusta esa música. Pero es una cosa pequeña, no es un gran homenaje ni nada por el estilo. Realmente la mezcla entre esa mirada y una mirada más adulta sobre lo mismo da ese resultado.
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Aparte de esa canción, ¿hay otra que se la dedique a alguien en particular?
No especialmente. No hago canciones para alguien en especial, sino para todo el que quiera escucharlas, para mí mismo también. Uno hace las cosas, primero por uno y luego para tratar de alegrar o de conmover a las personas que lo escuchan, cambiarles algo, pero eso es un desafío muy grande que uno siempre no lo logra.
¿Por qué eligió el nombre de Solo un momento para su disco?
Porque me pareció que concentraba bastante la atención sobre lo que es el disco. Sinceramente, para mí los discos reflejan mucho los momentos cuando son grabados. Aparte tiene una canción que se llama así y me parecía que tenía que ver con lo que hablaba el álbum.
Usted prefiere las contradicciones en sus melodías, ¿cómo llega a encontrar su verdad en el proceso de hacer música?
La verdad no es algo que necesite ser encontrado o buscado. La verdad está rodeada, incluso, de contradicciones y mentiras. A lo mejor en el fondo hay una verdad que es inamovible. No es que yo intento buscarla, al contrario, si se revela de algún modo la verdad y nacen las canciones, bueno se revela, pero no es algo que yo esté buscando. Creo que ya está la verdad ahí. Igual, es demasiado filosófico lo que estoy hablando (risas), pero creo que la verdad ya está, no hay que buscarla.
En la portada de su disco lleva en sus brazos a un canino blanco, ¿qué representa esa imagen?
En principio representa lo que le representa a la persona que la ve. En las imágenes todo es más claro que con la música. El arte visual es como un disparador para la persona que lo mira. Tampoco tiene demasiada explicación. Yo tengo mi propia explicación con respecto a lo que yo veo ahí, pero es solamente subjetiva. Más allá de que sea yo quien hizo la tapa, pero para mí es una persona que salva a alguien de algo y a su vez mientras lo salva, se está salvando a sí mismo. Eso es lo que yo pienso, cada cual puede ver lo que quiera ahí. Para eso está.
¿Al escribir es siempre Vicentico el que escribe o a lo mejor se encarna, de vez en cuando, en la piel de un personaje imaginario?
Cuando uno se encarna en otro personaje, siempre es uno, pero sí, hay mucho de juego, mucho de teatral en todo esto. Por lo menos mi manera de hacer conciertos, mi manera de grabar discos, es muy fuera de mí. Cuanto más lejos esté de mí escribo más, cuanto menos comprometida esté tu persona en lo que hagas, mejor. Es muy contradictorio y muy extraño. Pero es un modo de trabajar.
¿Ha sentido alguna vez el Sabor a nada en su música?
A veces me pasa en vivo, que alguna canción no me termina de convencer. Si es así, intento ver qué está pasando y por qué es así. Tal vez es una cuestión de ensayo o de interpretación o simplemente la canción no sirve. Pero, si la canción ya está en la lista, es porque funciona desde mucho antes, pero puede pasar.
¿Sigue haciéndose la interrogante de saber quién es usted?
Hasta que me muera. No lo sé la verdad. A lo mejor ni siquiera es importante.
La última vez que visitó el país fue en el 2006, ¿qué expectativas tiene de volver a Ecuador?
Bueno, muchas. Es una ocasión ideal para hacer música. Estoy con mucha expectativa. No tengo armada ninguna lista de temas previa a este ni a ningún concierto, las voy armando un ratito antes, pero te aseguro que te va a entretener. Habrá de todos los discos, porque sería muy aburrido de mi parte solamente cantar las canciones nuevas que todavía muy poca gente pueda conocer. Además, me gusta pasarla bien.