Para Samira Kawash, una escritora que vive en Brooklyn, el incidente de los jelly beans (dulces en forma de fréjol) proporcionó la chispa. Hace cinco años invitaron a su hija, a la sazón con tres años, a jugar a la casa de una amiga nueva. A la hora de la colación, tras notar la presencia de azúcar (en la forma de jugos y galletas) en la cocina, Kawash, entonces catedrática en Rutgers, sacó unos cuantos jelly beans.