AFP
MUELLE DE SAN CARLOS, COSTA RICA.- La cochinilla, un insecto que causa dolores de cabeza a los productores de piña de Costa Rica, ha agudizado el ingenio de científicos locales, que están explorando métodos naturales amigables con el ambiente para combatir a esta y otras plagas.

El control de plagas representa el 60% de los costos de producción de piñas, un negocio que vive un "boom" en este país, donde la superficie cultivada se cuadruplicó en tres años, aunque se le culpa de ser una de las actividades agrícolas más contaminantes, lo que le ha granjeado muchos enemigos.

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Consciente de la importancia económica de esta fruta, tres universidades públicas están incentivando a los productores costarricenses a emplear "agentes biocontroladores" que no dañan el ambiente, y dejar de usar agroquímicos contra las plagas (enfermedades de las plantas e insectos que las devoran).

"El problema de insectos es importante porque algunos de ellos quedan en la fruta y si en algún contenedor es encontrado ese insecto allá en Europa o Estados Unidos (en inspecciones fitosanitarias), hasta ahí llegó el contenedor", dijo a la AFP el investigador Oscar Acuña.

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En 2009 Costa Rica exportó 586 millones de dólares en piña, fruta que pronto podría superar al banano como principal exportación agrícola. En tercer lugar está el café, origen de grandes fortunas y poder político en el siglo XIX.

El área plantada con piñas pasó de 10.000 a 45.000 hectáreas en el país en los últimos tres años, dijo Acuña, quien explicó que las principales amenazas a este cultivo son los caracoles e insectos como cochinillas (Dactylopius coccus) y teclas (Strymon megarus), así como diversos "hongos patógenos".

"Algunas veces hemos encontrado que el uso de un químico para atacar un insecto hace que prolifere otro insecto", dijo este investigador de la Universidad de Costa Rica, quien explicó que un biocontrolador a veces actúa además como fertilizante, incrementando la producción.

Los científicos están haciendo ensayos con diversos hongos, entre ellos la Trichoderma, pero el desarrollo de microorganismos eficaces para eliminar plagas toma años de trabajo en laboratorio, dijo la ingeniera agrónoma Xiomara Mata, del Instituto Tecnológico de Costa Rica.

"Se necesitan periodos de muchos años para sacar uno de estos productos" para uso agrícola, dijo Mata, quien integra con Durán un equipo de científicos que comenzó a capacitar en el uso de biocontroladores a dueños de fincas piñeras de la zona norteña de San Carlos, cerca de la frontera con Nicaragua.

El potencial de los agentes biocontroladores no es nuevo, pues científicos europeos hicieron las primeras investigaciones sobre ellos hacia 1880, pero se trata de una herramienta poco usada en América Central, indicó Mata.

En Costa Rica, el 85% de los cultivos de piña emplea plaguicidas para eliminar insectos y enfermedades, lo que consume "el 60% de los costos de producción", dijo Acuña.

Entre 10 y 15% de las fincas usan métodos combinados antiplagas (químicos y biocontroladores), y solo un puñado de productores usa métodos de control orgánicos amigables con el ambiente, indicó el científico.

Entidades ecologistas y los gremios de ganaderos son muy críticos con las piñas, pues consideran que son un cultivo muy dañino, que contamina tierras y ríos con residuos químicos. Además, los desechos de la fruta favorecen la cría de una mosca que afecta al ganado, según alegan.

No obstante, Acuña afirmó que no hay evidencia científica que avale tales cargos contra la piña.

"Se considera que es un cultivo contaminante, sin embargo recién estamos haciendo estudios para tener pruebas contundentes que así lo indiquen", dijo.