En la comunidad San Pablo de la parroquia Santa Rosa, al suroccidente de Ambato, las corridas de toros de pueblo durante sus fiestas patronales son como un rito. Son el acontecimiento mayor de los festejos que duran casi un mes, desde el 29 de junio al 20 de julio. En ese lapso hay diez corridas. La última jornada, que se cumplió el pasado martes, está dedicada exclusivamente a las mujeres, que con valentía se lanzan al ruedo a enfrentar a los animales y competir por un premio de cien dólares, un trofeo o una colcha, una especie de tapiz adornado con el dibujo de un toro y otras inscripciones.
Para la lidia de las mujeres, en el ruedo estuvo el ganado de Alberto Ortiz y Joffre Caza. Los tablados de la plaza, que se levantan cuatro días antes de la primera corrida, lucen poblados de aficionados de las comunidades cercanas a San Pablo, tanto de Santa Rosa como de las parroquias Juan Benigno Vela y Pilahuín, aunque también llegan de otras partes de Tungurahua y de Chimborazo.
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Las damas que se van a enfrentar al toro primero se inscriben con los organizadores. En la corrida de este año suman 16 las registradas y dispuestas a demostrar que la fiesta brava en los pueblos dejó de ser exclusiva de los varones.
Pasadas las 15:00 del martes 20, la banda Niño Invasión Satélite, de Quero, deja escuchar la música taurina y se anuncia la salida del primer toro. Las mujeres se lanzan al ruedo polvoriento para hacer gala de una que otra verónica o lances que causan emoción en el público que copa el coso improvisado con troncos y graderíos de tablas. La emoción aumenta cuando una de las toreras cae al piso por una cornada, pero se levanta enseguida, como desafiando al toro que la embiste.
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La mayoría se enfrenta al astado sin temor, incluso piden el cambio cuando el animal se muestra manso y no “ataca” al momento de mostrarle la capa. Ellas, a diferencia de los hombres que participan en este tipo de actos, ingresan al ruedo sin haber ingerido licor. Los hombres dicen que lo hacen “para poner fuerzas y coraje”.
En el transcurso de la corrida también hay huidas a velocidad de las toreras hacia los burladeros para evitar los pitones del toro cuando en medio de su faena se les cae el capote.
De principio a fin de la lidia, Alexandra Castañeda, del cantón Cevallos, demuestra ser la mejor en el ruedo para enfrentarse a los toros, pese a sufrir una cornada del primer toro de la tarde. Asegura que desde hace seis años le afloró la sangre torera y, a pesar de los golpes, le gusta que el público que asiste al tablado disfrute.
Daysi Guerrero, oriunda de San Pablo, dice que siente emoción y cierto temor por ser la primera ocasión que participa en la corrida para mujeres. “Cada vez les decimos a los machistas que nosotras les vamos a igualar hasta en el toreo y por la fe que le tenemos a San Pablo, porque nos protege de todo”, afirma la mujer.
Teresa Panqueño llegó desde Alausí, provincia de Chimborazo. Comenta que desde hace 24 años recorre diferentes ciudades del país para participar en las corridas de toros. Lo considera su deporte preferido. Y cuando sufre una cornada ella pone más empeño para continuar en el ruedo, a pesar del dolor que siente en ese momento por alguna lesión.
Por su parte, Ricardo Araujo, organizador de las corridas en San Pablo, explica que desde el año pasado se decidió programar la lidia para mujeres, con el propósito de demostrar que no solo los varones son capaces de enfrentarse a la res. Indica que en ese lapso el toreo femenino se ha convertido en uno de los eventos más concurridos.
El secretario del Cabildo comunitario, Darío Asas, señala que la fiesta mayor se celebra con las corridas de toros porque es una manera de homenajear al patrono San Pablo. “La gente tiene fe, no solo porque une a las personas que residen en el sector sino a quienes desde hace algunos años viven en el exterior”, según el dirigente.
Mientras en la plaza se realiza la corrida de toros, al interior de la iglesia los devotos oran por salud, trabajo, buena producción y otros favores. Silvana Zamora cogió el sombrero del santo para pasarlo por los cuerpos de sus hijos. Dice que la fe obra, porque la enfermedad que tiene la persona desaparece y por esa razón todos los años va a rogar por salud.