El miércoles pasado, cientos de personas se asomaban desde las barandas del segundo y tercer piso de San Marino, en espera del espectáculo; otras trataban de estar cerca del escenario “setentero” en el Bloque Central de la planta baja, mientras escuchaban una música suave que se escapaba sigilosamente por las puertas. Otras aprovechaban para fotografiarse con un joven que imitaba al Rey del pop y con otros chicos que lucían pantalones acampanados o cabellos con estilo afro.